lunes, 11 de febrero de 2008

LA TRISTE HISTORIA DEL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

HASTA LUEGO Y GRACIAS DE JUANCHO LARA
Por: JUAN B. LARA DELUQUEZ

Primero que todo, quiero expresar mis mas sinceros agradecimientos a todas las personas que me han apoyado en la promoción de mi poemario recientemente publicado, titulado POR LOS SENDEROS DEL ALMA; especialmente a mis familiares, a quienes no puedo relacionar en este artículo por ser demasiados corazones y la lista sería muy extensa, pero sin animo de herir susceptibilidades me atrevo a mencionar a: JAIME MENDOZA PITRE, ADALBERTO GARCÌA DELUQUEZ y ALEJANDRO RUTTO MARTINEZ, a los señores periodistas; JOSÈ LUIS DE LA HOZ, ROBERTO ENRIQUE PINEDA, ERNESTO ACOSTA SOLANO, WILFRIDO ENRIQUE SOLANO, CHARLES DOWNS y a la hermosa princesa de la pantalla chica MARINELVIS LOPEZ BAQUERO, quienes de manera muy atenta tuvieron la gentileza de escucharme y regalarme algunos minutos de su precioso tiempo.
En verdad; para todos mis amigos, entre ellos; mi inolvidable maestro RAMIRO CHOLES, para mis amigos RAUL BRUGES Y WILDER MURGAS un abrazo de hermano. Para ellos y para todos los lectores de Maicao y La Guajira, muchas gracias por sus reconfortantes sonrisas y palabras de aliento y reciban de Dios muchas bendiciones.
Por ese apoyo y por la nostalgia que me embarga cada vez que debo alejarme de esta maravillosa tierra en la cual nací y crecí con el orgullo y la fuerza de voluntad que nos caracteriza a nosotros los guajiros, me siento en la obligación de comunicarles que en los próximos días estaré regresando a la hermana república del Ecuador, donde he encontrado también mucho apoyo moral y logístico para continuar con mis proyectos literarios, pero que posiblemente en la segunda quincena de marzo estaré regresando con una nueva publicación que consiste en una colección de relatos costumbristas, la cual estoy seguro que será de su mas satisfactorio y completo agrado.

Pero antes de partir nuevamente, quiero ofrecer a ustedes; un trozo folclórico de la segunda parte, de mi novela política aun inédita; “LA TRISTE HISTORIA DE UN PAÌS DE MARAVILLAS”, la cual saldrá a la luz pública latinoamericana en este año, con la bendición de Dios.

“La Triste Historia de un País de Maravillas” II parte
BOSQUE DE CONCRETO
Era en verdad toda una aventura, compartir o disfrutar de un día de asueto o de trabajo en el centro de la capital de los charcos, o sea bajo el concurrido y bullicioso bosquecillo de concreto, enclavado en pleno corazón del mundillo árabe inmigrante. A la sombra del gigantesco secuoya de hormigón, máxima expresión hotelera de la época en la capital de los charcos, el mas frondoso de esta selva humana donde se mezclaban confusos, avecillas inocentes, hermosas palomas blancas y sanguinarios lobos vestidos con piel de oveja. La falta de actividad o el alto para tomar aliento, obliga al inquieto observador y al silencioso caminante, a ser espectador de las peripecias de un sinfín de personas que deambulan como sonámbulos en una danza delirante.
El caminante recrea la mente y sonriendo malicioso da vida a una curiosa narración.
Aparentemente distraída, la muchedumbre se desplaza; hombres, mujeres y niños van y vienen precipitadamente mirando aparadores y juguetes mil.
Unos venden, otros compran, otros observan a los que compran y a los que venden, y quien sabe cuantos desesperados y desplazados vagarán por las calles sin rumbo ni dirección, buscando sin saber qué, esperanzados en que Dios les de una oportunidad por cualquier medio.
Los vendedores ambulantes siguen y persiguen a los transeúntes, que son sus posibles compradores, pero todos son transeúntes, incluso ellos.
Los vendedores estacionarios pregonan a grandes voces sus mercaderías, utilizando peroratas tales como: -¡Venga amigo.., señora! Acerques que aquí le tenemos lo que usted necesita, pregunte por lo que no vea…, a los mejores precios de la plaza, compre antes de que se agoten…, quedan los últimos.-
Los policías caminan apacibles pero algo aburridos, como haciéndose los locos (con aparente indiferencia), a la espera de cualquier raponero vagabundo.
Para los uniformados, cualquier transeúnte mal vestido.., puede ser el ladrón…, no desconfían de los elegantes e ignoran a los de cuello blanco.
Los raponeros a su vez; perfectamente camuflados como cualquier vendedor o comprador incógnito, esperan el más oportuno descuido del turista despistado.
Las damas elegantes aprovechan el barullo y la ocasión de compras, para coquetear con atrevidos pantaloncitos “calientes” que les queman hasta la dignidad, o con infartantes minifaldas que deleitan la morbosa mirada de los desocupados.

El modesto vendedor de rifles de aire comprimido, muestra su mercancía a los potenciales compradores, describiendo sus cualidades y ventajas.
El joven comprador emocionado, admira, acaricia y se deleita con la hermosura y brillo del reluciente artefacto, ambos deciden probar el alcance de los proyectiles, disparando sus perdigones al aviso luminoso de un almacén cercano que se encuentra en la línea de tiro. Los curiosos se arremolinan y observan el espectáculo gratuitamente.
El vendedor de loterías; con sus dos muletas y una sola pierna, vestido con pantalones cortos, sombrero de paja, gafas oscuras para protegerse del Sol y la camisa abierta mostrando sus raquíticas costillas, anuncia a gritos que el es el portador de la buena suerte y que solo le quedan cuatro boletas.
Una joven con un niño de la mano, pregunta afanosamente: -¡Por favor señor! ¿Donde queda el almacén El Mosquito?.
El vendedor de zapatos del frente, le grita desesperado: -¡Venga señora! El Mosquito está cerrado, pero yo soy el zancudo y le puedo picar con mucho gusto.-
Acto seguido se muerde los labios y se estremece de emoción al contemplar la hembra.
Una señora de voluminoso trasero y pantalones ajustados, pasa diligente con dos coloridos rollos de tela sobre el hombro. Detrás de ella; un vendedor de café tinto y cigarrillos, la sigue…, observando curiosamente el
movimiento sincronizado de sus gigantescas y bien formadas posaderas. Alguien se desplaza por el hervidero de gentes, poniendo su mano derecha en forma de megáfono a la vez que grita: -¿Quién me cambia este billete de veinte mil ?- al tiempo que muestra al público un billete por encima de su cabeza. Algún vago desocupado grita entonces a espaldas del individuo ahuecando la voz: ¡Su madree! Un sujeto gordo cuyas carnes brincan deseosas de salirse de la apretada ropa, pregunta desesperado a un vendedor ambulante: -¡Mirá chico!…, ¿donde consigo un baño?- El interpelado responde interesado: -Si me das mil bolívares…, le digo- El gordo lo mira sorprendido y le responde: -¡Coño chico…, pero vos si sois aprovechao! Acto seguido el vendedor se desinteresa del “negocio” y lo despide resentido; -¡Entonces cáguese…, gordo miserable!- .
El alcalde de la conflictiva ciudad, entra en el hotel de moda seguido por dos comerciantes árabes. Todos se disponen a realizar una reunión de mucha envergadura, con representantes de diferentes estamentos del gobierno nacional (cada uno es clave en su respectiva rosca), y representantes de la “sociedad política y comercial”, que pregonan amor eterno por la ciudad pero que defienden a capa y espada el contrabando, porque desafortunadamente el Estado ha sido tan desobligado e irresponsable, que nunca le ha ofrecido a la región un plan de desarrollo alternativo que le permita desligarse de la introducción ilegal de mercancías, solo le ha exigido impuestos, le ha enviado comisiones preelectorales a ofrecer soluciones a cambio de votos y luego de los comicios, le ha enviado Corbetas y Fragatas para impedir la entrada de las motonaves cargueras.
Mientras que por el resto del territorio nacional, los adinerados de la patria introducen toda clase de elementos nocivos a la salud, la democracia y la paz.
El vendedor de casetes de contrabando, pasa por la calle tranquilamente empujando sin enfado su carrito bullanguero, en el cual se puede apreciar todo tipo de carátulas, que exhiben los mas variados géneros musicales y en el cual se puede escuchar a todo volumen, el último éxito vallenato. Los ocasionales melómanos, lo detienen para aprovisionarse de “buena música” para navidad.
Un caminante desconocido contempla el discurrir, mientras devora una jugosa pera con el apetito de un naufrago.
Los comerciantes árabes se lamentan y requiebran con “carita de yo no fui”, porque ya sus ganancias no son tan voluminosas y enriquecedoras como antaño.
Un teniente del ejercito en compañía de un cabo y dos soldados que lo escoltan, vestidos con su “impresionante” uniforme camuflado, caminan con donaire observándolo todo como si buscaran algo que comprar, pero nunca compran nada.
Un grupo de policías llega hasta las puertas del hotel en una destartalada camioneta de la institución que ellos mismos han maltratado y deteriorado, y se aprestan a coordinar un dispositivo de seguridad, tal vez para proteger la integridad física de los convidados a la reunión con el consejero presidencial para la costa atlántica. Un turista comprador, se acerca curioso y comenta sobre las nuevas disposiciones del presidente, de acabar con el contrabando, y alguien le contesta en el corrillo: -¡
Vea compadre!..., ese presidente lo que esta es loco…, porque el contrabandista numero uno de esta vaina es él. Lo que sucede es…, que este; es el País de las Maravillas.-
Al paso de los caminantes, se escuchan expresiones tales como:
-¡Se fregó este país!-,
-¡El gobierno lo que quiere es acabar con el pueblo!-,
-¡La gente tendrá que volverse mas mala de lo que ya es!-,
-¡Eso aumentará la inseguridad!-,
-¡Tendremos que unirnos a los “paracos” o a la guerrilla!-
Eran las expresiones del sentir del pueblo, de la gente que sale a la calle diariamente a ver si de repente “se le aparece la virgen” como dicen ellos y pueden llevar el sustento a su familia, los que sufren el abandono estatal y el olvido de la suerte, estos son los hechos y los individuos que no importan a ningún gobernante, porque los que “gobiernan” mantienen llenas sus alacenas, sus bolsillos están repletos de tarjetas de crédito, sus salarios son los únicos que no se pueden congelar y sus gastos de “representación” son tan altos que no necesitan el sueldo.
De repente hace su aparición en el escenario natural, el ex-alcalde y ex-jefe de aduanas de nuestro centro de narración, quien ahora es el vocero de los comerciantes, quien defiende y reclama lo que antes combatía.

Posiblemente su presencia obedece a la visita de los personajes del alto gobierno.
Irrumpe en la oleada de transeúntes carcomidos por la curiosidad, el señor gobernador de la comarca con su elegante y estirada comitiva y su parapetosa escolta policial.
Muchos turistas pasan de un lado a otro empuñando o abrazando enormes bolsas llenas con regalos de navidad para hijos o sobrinos, otros simplemente compran mercancías para vender en sus pueblos de origen.
Los vendedores de helados hacen sonar ruidosamente sus campanillas a la vez que anuncian los sabores de sus delicias.
Los vendedores de bolsos para damas y maletines para viajeros pululan como moscas, correteando a los turistas y a cualquiera que pase, especialmente a las señoras que se asustan y huyen de los ensordecedores gritos callejeros.
Los vendedores de agua de coco, café tinto, cigarrillos, loterías y baratijas, pregonan desesperados los precios de sus mercaderías.
Una señora gorda con la piel de ébano pulido, reluciente, con una enorme ponchera repleta de frutas sobre la cabeza se acerca con mirada lánguida y dice: -¡Cómpreme la frutita por favor patroncito…, que no he bajado bandera!-(no ha vendido nada).
Todo mundo se mueve de aquí para allá y de allá para acá, y los vivales observan disimuladamente la multitud buscando un “marrano”, para “coronar” su aguinaldo.

Un aparente vendedor de pájaros, con su piel oscura y su cabello rizado, vestido con pantalones cortos y chanclas plásticas, con una mano dentro de sus pantalones, se rasca las verijas en plena calle, mientras que con una jaulita en la otra mano y un vistoso pájaro rojo dentro de ella, grita así: -¡Compre su autentico Rey guajiro…, se lo doy barato!-
Comienza a disminuir el flujo humano, posiblemente por ser ya la hora del almuerzo. Poco a poco se despeja el área comercial, los vendedores se estiran y bostezan.
-¡Ya lo que fue…, fué!.- comentan algunos, mientras se sientan a pensar en sus deudas y en su futuro incierto.
A partir de este momento solo se puede observar pocos vendedores y compradores, pero si muchos hombres armados vestidos de civil, con teléfonos celulares y radios de comunicación en las manos. Estos conversan disimuladamente con los uniformados que prestan guardia en el sector.
El poco a poco recobra la calma y comienza un proceso de desolación paulatina, la tarde hace su aparición con la modorra del mediodía, muchos mercaderes informales recogen ya sus cachivaches, los agentes de seguridad privada y de la policía, dan muestras de aburrimiento y fastidio, ya se recuestan a los vehículos y a las paredes. Los comerciantes “pudientes”, entran y salen del hotel, sonrientes y diligentes, con el ajetreo de la reunión que no termina.
Una elegante señora cargada con bolsas plásticas llenas de mercancías, mira entretenida las vitrinas a su paso y no se percata de un desnivel en el piso con lo que tropieza y está a punto de caer de bruces.
Lejos de ayudarla, muchos de los mirones se reían a carcajadas de ver las piruetas y gestos de la dama en desgracia,(tal vez para vengar en la desprevenida mujer, la frustración de no haber vendido nada), esta avergonzada levanta la mirada y con aire de desprecio, continúa muy oronda su búsqueda, mientras uno que otro vago le grita: -¡Epa.., agarrenla, ella es!- Otros le gritan en desorden: -¡Sooobate!.
Y algunos, menos patanes, le susurraban a su paso: -¡Aquí estoy yo mi amor…, para sobarte!. Es la distracción momentánea para el aburrimiento, que rompe la monotonía de los gritos callejeros.
Los recogedores de cartón, caminan desalentados, con algunos pocos rollos de este material debajo del brazo y murmuran con la cara arrugada y el semblante entristecido: -¡Erda…!, que día tan malo, tanto cartón que tiraba la gente en la calle, pero ya ni los compradores vienen como antes.-
El comercio adormece y se sume en el letargo que lo atormenta desde la aparatosa caída de la moneda del vecino país y el nacimiento de la “famosa” apertura económica, que golpeó la economía nacional más fuerte que el mismo contrabando.
Los miembros del cuerpo de seguridad, protestan por que ya llegó la tarde y ellos no han almorzado, a propósito de lo cual comentan que deben turnarse para hacerlo, mientras que hacen bromas entre ellos y bostezan fastidiados.
Un vendedor de juguetes, a falta de actividad comercial se dedica a maniobrar un carrito a control remoto, ahora es esta la distracción del momento y los curiosos se arremolinan alrededor para observar. Una señora, árabe por su vestimenta; que pasa con dos niños tomados de las manos, no ve el juguete que se atraviesa y tropieza con el estando a punto de “besar la madre tierra”, motivo por el cual se escuchan frases tales como:
-¡Cuidado con los veinticinco mil!- -¡Casi se lo gana la paisana!- Uno de los aburridos escoltas expresa con aires de gran descubridor:
-¡Uy…, juepucha, casi se revienta la jeta.., la pobre cucha!-
La secretaria de la oficina de los comerciantes, entra y sale a cada momento contoneándose muy coqueta, como si estuviese desfilando ante los espectadores, que no tenían otra cosa que hacer, que no fuera mirar desesperanzados el entorno y criticar.
Otro vendedor de juguetes ante la ausencia de clientes, se dedica a disparar una pistola de fulminantes y sobresalta a los escoltan que reaccionan malhumorados.
Culmina la reunión de marras y salen de los recintos, muy tiesos y muy majos, los eufóricos personajes de la sonada “junta”. En orden de importancia van saliendo; el consejero presidencial, el gobernador, el alcalde, el ex-alcalde, los comerciantes árabes, los criollos, los escoltas, los seguidores de los líderes, los aduladores, los confianzudos que andan colados si haber sido invitados, y los curiosos que pretenden escuchar algo de las conversaciones del grupo.
Un comerciante libanés, toma del brazo al consejero presidencial y con toda la amabilidad y la confianza de que es capaz, lo invita a conocer su almacén a un lado del hotel. El vozarrón del ex-alcalde, que además es un gigantón, se alza por encima de todas las personas y ruidos circundantes y con cierto aire de jactancia para hacer notar sus “altas relaciones” con el gobierno de turno, invita al consejero del presidente: -¡
Oye…, Eduardo!, ven conmigo en mi burbuja.., que vamos a almorzar.- Este lo mira como pidiéndole que lo libere del comerciante, que prácticamente lo arrastra fuera del grupo y le responde: -¡Por favor espérame un segundo!.- Mientras el “turco”, tira de su brazo sin dejarle chance de arrepentirse, ya que el pantallazo del momento no tiene repetición posible.
Otro de los comerciantes buscando protagonismo, levanta también la voz con actitud de triunfador y dice:
-¡Bueno.., bor favor, abrisa, acombañenme que voy a brindar un asado bara todos, no se breocupen que yo bago todo.-
Comienzan a desfilar los vehículos que estaban estacionados, los policías corren enérgicos a sus respectivos transportes, mientras uno de ellos comenta al vuelo:
-¡Uf..,! al fin dejaron de hablar paja.- y otro murmura entre dientes: -¡No joda.., da rabia ver tanto que hablan los políticos y nunca se ponente acuerdo!.-
Finalmente la calle queda solitaria, los pocos vendedores que aún persisten se deciden por recoger sus puntos de venta y esperar que Dios les de un mejor mañana. En cuanto a los resultados de la terapéutica reunión (servía para bajar la tensión de los comerciantes y evitar paros cívicos), “amanecerá y veremos”; dijo un ciego, pero amaneció y no vio un carajo.
De pronto; a lo lejos sonaron muchos disparos, los pocos que quedaban comentaron algo preocupados: -
¡Ya jodieron a alguien!
Era la cotidianeidad de la tierra del maíz.
A imagen y semejanza de la vieja y misteriosa Calcuta, en la bulliciosa y atiborrada plaza de mercado, repleta de pregoneros que llenaban el ambiente y el espacio con sus gritos de mil matices, similares a un desentonado coro de párvulos a la hora del recreo, hermosas vacas de piel reluciente por la gordura, deambulan muy orondas metiendo sus lamidas trompas en toda caja o montón de desechos y “pastando” suculentas verduras, jugosas cáscaras de piña y de plátano, que no cambiaban por el mejor establo ganadero del mundo.
El negrito vendedor de “bollo limpio” con su balde plástico repleto de los deliciosos envueltos de maíz, para poder superar el bullicio que aún resquebraja la paz mental de los ciudadanos, ofrece su mercancía gritando como enfurecido para intimidar a que le compren:- ¡Bóllooooo!

Por: Juan B. Lara Deluquez

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