domingo, 15 de agosto de 2010

La fiebre del oro

Por: Amylkar D. Acosta M

"Colombia está sentado en una mina de oro”
Christian Samper, Director Museo de Historia Natural Washington

Colombia, además de su gran biodiversidad y multiculturalidad, cuenta con una gran riqueza en minerales. No sería exagerado afirmar que en el territorio colombiano se cuenta con todos los elementos de la tabla periódica. Además de las enormes reservas de carbón y ferroníquel, en los que el país ha logrado un importante posicionamiento en los mercados internacionales como uno de los grandes exportadores, el oro se ha venido perfilando como otro de los renglones transables más promisorios hacia el futuro.

Muy seguramente las reservas probadas de estos minerales es aún modesta en comparación con el potencial que posee el país, habida consideración del escaso conocimiento geológico que se tiene, el cual a duras penas cubre el 51.17 del territorio nacional.

CONOCIMIENTO GEOLÓGICO

Estamos ad portas de un nuevo boom de los productos básicos en el mundo, después de verse afectados por la Gran crisis global, la cual estuvo antecedida de un auge del mercado de los commodities aparejado con un alza inusitada de sus precios. Tal y como lo presagió el FMI, la China y la India lograron desacoplarse de la economía global y a pesar de la profundidad de la crisis sus economías mantuvieron su propio dinamismo.

Es bien sabido que estos dos países se han convertido en verdaderas aspiradoras de materias primas y si a ello se suma la reactivación de la economía global, la demanda por los productos básicos se viene reanimando y los precios de los mismos están en niveles históricos. Los precios del oro particularmente se han elevado significativamente, al pasar súbitamente de los US $400 la onza a US $1.216 al cual se transa actualmente, insuflados además por la gran apuesta de los fondos de inversión por los commodities, que han encontrado en el oro el mejor refugio ante la incertidumbre por el temor de una recaída en lo que han dado en llamar recesión de doble caida.

EL AUGE DE LA MINERÍA
Según Ingeominas, desde 2004 hasta la fecha el gobierno nacional ha entregado directamente o a través de la delegación a los departamentos 1.536 títulos para explorar y explotar yacimientos de oro y hay otros 7.770 en trámite. En concepto de Mario Ballesteros, Director de Ingeominas, “se puede estar hablando de una exploración de sus cuencas entre 5 y 10%, lo que abre gigantescas perspectivas para explorar el territorio y que Colombia se convierta en un productor importante del sector” .

50 nuevas empresas mineras de todo el mundo han llegado al país en los últimos 8 años, atraidas por el potencial que ofrece Colombia y con ellas se viene dando una importante afluencia de Inversión Extranjera Directa (IED) hacia el sector. Según el Banco de la República, en los primeros cuatro meses de 2010 el 86,2% de la IED que llegó al país estuvo dirigida a los sectores de minería e hidrocarburos, con un aumento del 21,7% con respecto al mismo periodo del año anterior, al sumar US$2.645 millones. A la proliferación de explotaciones artesanales, muchas de ellas en la ilegalidad, se vino a sumar el arribo al país de varias empresas multinacionales que ya están incursionando en dicha actividad.

Entre estas últimas se destacan la AngloGold Ashanti que opera La Colosa en Cajamarca, Tolima, la Greystar la mina de Angostura en Santander, la Muriel Mining Corporation con el proyecto Mandé Norte en el Atrato Medio chocó - antioqueño y la Medoro que compró la Frontino Gold Mines que opera en Antioquia por US $200 millones. Se estima que esta febril actividad exploratoria se puede traducir en reservas del orden de las 25 millones de onzas.

Definitivamente, el oro se ha convertido en uno de los principales rubros de exportación y uno de los mayores captadores de IED. La producción y la exportación de oro viene creciendo de manera sostenida, ganando participación en la producción de metales y en los últimos tres años ha mostrado una tendencia aún más marcada de crecimiento. El año pasado hubo un incremento en la producción de alrededor de 39%, según los registros se extrajeron 1.57 millones de onzas de este metal, más de tres veces lo que se registró en el 2006 y las proyecciones apuntan a que se llegue a una producción de 3 millones de onzas en el 2012.


Lo propio podemos decir de las exportaciones. Según el Dane, Sólo en exportaciones de oro, en los primeros cuatro meses de este año, se alcanzaron cifras record de US $600 millones, superando las de café en US $62 millones. Según la DIAN las exportaciones de oro representaron en 2009 el 4.4% del total de las ventas externas y entre enero y abril de este año registraron un aumento de 42.4%.

LA VENTANILLA SINIESTRA

Pero, como no hay dicha completa, el país enfrenta dos fenómenos que se han convertido en un verdadero quebradero de cabeza para las autoridades. Nos referimos al impacto ambiental de esta actividad por la incontrolable depredación de la minería ilegal, agravada por la falta de control y la laxitud de las normas vigentes y también a las operaciones ilegales de las cuales viene siendo objeto este metal precioso. “Se estima que anualmente entre 50 y 100 toneladas de mercurio (utilizado en la minería del oro) entran a las corrientes acuíferas, produciendo niveles de contaminación que superan 500 veces los niveles aceptados por la OMS, de acuerdo con un estudio realizado por M Veiga, consultor de la ONUDI. Un estudio realizado por la Universidad Jorge Tadeo Lozano encontró que el bagre rayado tiene un contenido de mercurio que se acerca al límite tolerable de 0.41 microgramos por kilo, muy superior al hallado en la tilapia, en el bocachico, en el pargo rojo y el camarón” .

Como si lo anterior fuera poco, resulta que el tráfico con el oro se convirtió hace rato en un medio expedito para lavar dineros de orígen ilícito y no propiamente con el oro extraido de minas o aluviones en el territorio nacional. La maniobra empieza en Brasil o Panamá, entre otros países, hasta donde llega la red de traficantes a comprar oro, para luego introducirlo al país de contrabando y posteriormente vendérselo al Banco de la República, haciéndolo pasar por producción nacional.

De este modo reciben en rama el pago por el oro que venden al Emisor y de contera este les da un 12% del valor transado de ñapa a título de “devolución” de un IVA que no se ha causado. Remembranzas de las trampas de las exportaciones ficticias de enantes, las cuales eran premiadas con el Certificado de Abono Tributario (CAT), que después devendría en el Certificado de Reintegro Tributario (CERT), que servían de estímulo a las exportaciones. Ahora mismo se trata de establecer qué porcentaje de los 1.57 millones de onzas que Colombia supuestamente produce anualmente provienen de esa minería ficticia.

Es bien sabido que dineros provenientes del narcotráfico se cuela por las rendijas de supuestos negocios legales y títulos mineros, utilizando para ello empresas de fachada para lograr sus vitandos propósitos. Tanto los daños irreversibles que se causan al medio ambiente como el efecto deletéreo en el tejido social y en la frágil institucionalidad de este tráfico fraudulento con el oro a través de una especie de ventanilla siniestra del Banco de la República, conspiran contra las posibilidades de un desarrollo racional, sostenible y transparente de la actividad minera en Colombia.

El fraude que se realiza con el oro ha venido convirtiéndolo imperceptiblemente en combustible del conflicto social y armado que aflige al país, sometido como ha estado a un preocupante proceso de “captura y reconfiguración cooptada”, como lo denomina el pensador Luis Jorge Garay en su ensayo que lleva el mismo nombre.
Bogotá, agosto 13 de 2010
www.amylkaracosta.net

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