domingo, 1 de agosto de 2010

Viviendas en La Guajira: de la convivencia con la muerte a la armonía con la vida

Crónica de los peligros con los que cohabitan miles de personas en los principales municipios de La Guajira


Por: Alejandro Rutto Martínez

Modesto González es un humilde trabajador que durante treinta años ha levantado a su familia en Maicao a través del trabajo que aprendió cuando era un adolescente lleno de ilusiones en su natal Cartagena: la instalación de redes eléctricas domiciliarias. Al llegar a La Guajira conoció a José Reales, un empresario de la construcción quien le daba la responsabilidad de instalar las redes eléctricas en las viviendas recién construidas.

Cuando a Modesto se le pregunta sobre el mejor sitio para ubicar la caja central eléctrica de una casa, no recomienda el patio, ni la habitación principal, ni el baño, ni el rincón oscuro y pequeño situado debajo de las escaleras.

“La cocina es el mejor sitio porque siempre está abierta, queda cerca de todas partes y en ella hay gente casi a toda hora del día”

Detalles como la elección del lugar de los tacos van formando el concepto de vivienda segura. Modesto es un hombre que, fiel a su nombre, no se ufana de sus conocimientos. Pero los aplica con sabiduría: “Si tenemos una emergencia y los tacos están en un cuarto y ese cuarto se encuentra con llave, de seguro va a haber problemas. Lo mismo si los instalamos en un sitio lejano de donde se encuentran las personas. Es raro que en la cocina no haya alguien en el día y es muy raro encontrar una casa donde la cocina se cierre con llave”

Con frecuencia los clientes de este obrero de la electricidad le han agradecido su recomendación: en los casos de emergencia, los botones de control siempre estuvieron al alcance de su mano y fue fácil resolver una amenaza de corto circuito o de incendio con la sola operación de “bajar los tacos” a tiempo.

Los riesgos de las viviendas de La Guajira

La desesperación por la escasez de vivienda, la falta de un acueducto que suministre agua durante las 24 horas del día y la necesidad de ahorrar todo el dinero que se pueda ha llevado a las familias de La Guajira a convivir con el riesgo, el peligro y la amenaza. Y reiteradamente han debido pagar una costosa factura por esta causa.

El capitán Hugo Murillo en declaraciones recientes a este medio manifestó que entre los principales riesgos de las viviendas locales se encuentran las instalaciones eléctricas defectuosas; las instalaciones de gas con fugas; el mal uso de la plancha y escapes de gases.

Los riesgos y problemas son de todo tipo: casas excesivamente calurosas debido a los materiales con que fueron edificadas, casas expuestas a frecuentes inundaciones, salas y alcobas surcadas por telarañas de peligrosos cables, albercas asesinas, pisos resbalosos, paredes a punto de caer y el almacenamiento irregular de combustibles, conforman el panorama de riesgos en las casas de numerosos barrios de La Guajira. En algunos casos los errores de construcción se deben a que el propio jefe de familia (hombre o madre soltera) se dedica a la labor de constructores sin que se tengan en cuenta las recomendaciones de seguridad. En adelante haremos un recorrido por este proceso de convivencia con el peligro y, en algunos casos, con la muerte.


Láminas de zinc: techo que protege paredes que asfixian

Las láminas de zinc se utilizan para dotar de techo algunas viviendas. Es un excelente material para proveer sombra y para evitar que el agua lluvia entre a las habitaciones. Cuando llueve se produce un particular sonido y, si las láminas han sido bien colocadas, hay una total garantía de que no se mojarán los enseres domésticos. Sin embargo en las épocas de altas temperaturas el calor se incrementa de manera notable.

Imaginemos hasta qué punto puede entonces sentirse el calor en aquellas pequeñas moradas, principalmente de los barrios de invasión, en las que el zinc se utiliza además para levantar las “paredes” de las humildes casas con lo que se gana una noche de clima agradable e incluso fría pero una mañana calurosa y un mediodía verdaderamente infernal. En las casas de zinc no hay derecho a hacer la siesta ni a descansar prácticamente a ninguna hora del día. La vida social debe hacerse en el patio, si lo hay y nadie podrá enfermarse, pues una alteración en la salud lo obligará a quedarse en casa y eso significará someterse a un calor que bien puede llegar a los 43ºC.

Tener una casa de zinc puede significar un avance frente a la triste realidad de no tener ninguna, pero conlleva un riesgo inminente para la salud de sus moradores, quienes sufren de resfriados crónicos, insolaciones y aumentos repentinos en la presión arterial, todo esto por los insoportables calores originados por el fuerte sol de la zona tórrida.


Sismo resistencia: la gran ausente en la construcción criolla

Hace algún tiempo, cuando la dirección del Hospital San José de Maicao decidió remodelar su planta física para ajustarla a su proceso de modernización se hicieron algunos estudios de suelo a través de los cuales se supo que la zona en que se encontraba estaba expuesta a un riesgo sísmico intermedio.

En razón de lo anterior era razonable construir un nuevo edificio, con todos los requerimientos de la sismo resistencia. Así se hizo y hoy, luego de los pavorosos terremotos de Haití y Chile, se piensa que fue una sabia decisión.

Lamentablemente las familias no cuentan con la misma protección: un buen número de edificaciones tienen más de cuarenta años de antigüedad y fueron levantadas con bloques huecos y muy poco cemento, todo con el fin de ahorrar dinero, tan escaso en los estratos bajos de la población.

La naturaleza ha sido benigna y, salvo ligeros y esporádicos temblores, la tierra se ha mantenido firme, tan firme como la esperanza de los guajiros de que nunca pase nada parecido a lo que ya ha ocurrido en otros países.


Las albercas: almacenan agua y encierran muerte

Maicao es la principal ciudad de frontera de la Costa Caribe colombiana y su comercio es una de las columnas de la economía del departamento de La Guajira, pero tiene grandes carencias, entre ellas la falta de un acueducto para proveer de agua potable a sus más de ciento 150 mil habitantes. La falta de fuentes de agua en la Guajira ha sido mal de años y años y ha causado serias protestas en las cuales incluso ha habido personas lesionadas y muertas como ocurrió en agosto de 1.991.

Las empresas encargadas de surtir de agua a los hogares tienen un estricto plan de racionamiento mediante el cual abren sus llaves una vez a la semana a cada barrio en tiempos de “abundancia” y una vez cada dos o tres semanas en las frecuentes épocas de sequía.

En Maicao, Riohacha y otros municipios cada hogar debe tener grandes recipientes para almacenar el agua durante el poco tiempo en que la empresa dispone el servicio para el respectivo sector.

Pero un tanque o dos no son suficientes para mitigar la falta de agua durante quince o veinte días. Por eso cada casa debe disponer de una alberca mediana o grande, casi siempre subterránea, en la cual se guarda el líquido que habrá de consumirse durante una buena temporada.


Algunas personas son previsivas y dotan su depósito de agua de una tapa fuerte y segura, pero otros omiten esta precaución y exponen a los niños y niñas a una amenaza inminente. Cada cierto tiempo los medios de comunicación registran la muerte por inmersión de algún menor tal como lo relata el periodista Francisco De la Hoz en la crónica "En una alberca se ahogó menor en el Dividivi

La realidad de La Guajira una vez más se vuelve extraña, paradójica, sarcástica: las albercas son construidas como una forma de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos pero se convierten en un riesgo mortal con el que deben convivir cada uno de los días de su vida.


Las inundaciones: el precio de desafiar a la naturaleza

El año 2.010 ha sido particularmente difícil por los guajiros quienes están acostumbrados a sobrevivir a los más prolongados veranos y a las intensas sequías propias de la región. Este año, en cambio, han debido enfrentarse a las inundaciones producidas por los intensos aguaceros del mes de julio, cuyas consecuencias han sido lamentables: más de cuatro mil damnificados en 15 barrios, en donde unas doscientas viviendas resultaron prácticamente destruidas.

El invierno ha sido el más fuerte de los últimos años y por eso los resultados que se anotan. Sin embargo, además de la lluvia, un factor adicional contribuye a hacer más grande este problema con cara de tragedia: en años pasados se construyeron viviendas e instituciones educativas muy cerca o sobre el lecho de una la laguna de Majupay, la Poza Mona y el arroyo de Parrantial.

La laguna de Majupay se secó a mediados de los años setenta en medio de uno de esos interminables veranos de La Guajira. A algún dirigente comunal se le ocurrió que en los predios ya secos se podía construir un barrio para darle un techo a cientos de personas que no lo tenían.


Al principio todo parecía ir bien. Los aguaceros causaban charcos y hasta pequeñas inundaciones pero nadie se preocupaba por el asunto.

En octubre de 1.995 la desaparecida laguna manifestó por primera vez su intención de volver a vivir: tras toda una noche de lluvia el nivel de las aguas creció un metro dentro de las casas que debieron ser evacuadas para evitar la pérdida de vidas humanas.

En el 2.010 la Laguna expresó nuevamente sus deseos de vivir pues acumuló una gran cantidad de agua y obligó a la evacuación de casi todas las casas.

El arroyo de Parrantial nace en el centro de la Guajira y atraviesa a Maicao en forma diagonal desde el sur oeste hasta el nor oeste. Se secó hace tanto tiempo que nadie recordaba cuál era la última vez que lo había visto con aguas en movimiento.

Este año, alimentado por las continuas lluvias y alentado por el fenómeno de la Niña ha crecido y revivido. Sus aguas no son aguas estancadas sino que corren como seguramente lo hicieron en los viejos tiempos.

Laguna, arroyo y poza revivieron como era de esperarse que ocurriera algún día y cientos de familias humildes están pagando las severas consecuencias de algo que posiblemente no fue idea de ellos: desafiar a la naturaleza.

Construir cerca a una fuente de agua por muy seca que esté entraña un peligro latente. Hace unos años se vivió en la población de Monte Lara: el río se secó y en su antiguo lecho se levantaron algunas casas, las que, por supuesto, fueron arrasadas junto con las que estaban emplazadas en su ribera.

No se sabe hasta cuándo durará la emergencia del fuerte invierno, pero una cosa es segura: jamás podrá cometerse el error de construir en una zona que represente daño para el ambiente y peligro para las personas, como ha ocurrido frecuentemente en La Guajira y en otros lugares de Colombia.



Instalaciones eléctricas: se revela la identidad de un pirómano

Varios incendios han sido causados en los últimos quince años por un personaje tristemente célebre cuya principal afición en causar una chispa que en breve se convertirá en fuego y posteriormente en candela, para terminar casi siempre en incendio.

Como una ayuda para las autoridades que tanto se quejan de la escasa colaboración ciudadana vamos a revelar su nombre: tenemos pruebas irrefutables de que el criminal se llama Cortocircuito y opera en cualquier lugar, pero principalmente en aquellas residencias en donde las instalaciones se han hecho sin tener en cuenta ciertas normas de seguridad.

Cuando un barrio carece del servicio de energía eléctrica lo que hacen sus pobladores es contratar los servicios de alguien que haga las instalaciones aéreas desde el poste más cercano hasta las viviendas.

Para tal efecto se utilizan materiales de alta peligrosidad como cables ya usados y sin recubrimiento plástico o de caucho y, algunas circunstancias se llega al absurdo de emplear alambre de púa u otro material impensable para los verdaderos expertos.


Ya en las casas o en los establecimientos comerciales se ignoran factores como el deterioro de un aislador, que se vuelve incapaz de soportar la tensión o la ruptura de conductores o de aisladores (ejemplo: Caída de ramas de árbol sobre líneas aéreas o golpe de pico sobre cables subterráneos) o eventos atmosféricos (ejemplo: Un rayo que cae sobre una línea de alta tensión, vientos extremos que acercan los conductores, humedad elevada).

Cualquiera que sea la causa, la mala disposición de las instalaciones eléctricas ha causado varios incendios con las consecuentes pérdidas en vidas humanas y recursos económicos. En el año 2.007 hubo un incendio de grandes proporciones en el mercado público de Maicao y en junio del 2.010 u nuevo incendio afectó otro establecimiento comercial, pero cada día hay pequeñas conflagraciones en zonas residenciales, las cuales por fortuna no han pasado a mayores.

Al momento de efectuar una instalación es necesario entender que se requiere algo más que tener un cable para encender un bombillo y un abanico y deben seguirse al pie de la letra las recomendaciones que las empresas y los profesionales del área dan al respecto: Un buen diseño, empleo de mano de obra calificada y uso de materiales adecuados. Así lo afirma el ingeniero en electricidad Juan Arregocés en entrevista concedida a Maicao al Día.



Las recomendaciones para encontrar la armonía con la vida



Para el ingeniero civil Carlos Gutciérrez, quien cuenta con cuarenta y cuatro años de experiencia en la industria de la construcción , una vivienda comienza a ser segura desde el momento en que se elige el lugar en que se levantará: debe ser un suelo firme y alejado de zonas de riesgos.

Posteriormente es necesario diseñar los planos de manera que se aprovechen las corrientes de agua y la luz solar.

Además de lo anterior una vivienda segura debe tener unas instalaciones eléctricas hechas por profesionales certificados de manera que se eviten errores como circuitos recargados, cables inadeacuados y redes en cercanías de lugares húmedos.


Algo que debe supervisarse de manera constante tiene que ver con las fugas de gases, lo cual puede ser catastrófico para la seguridad de la vivienda y del vecindario por que puede conducir no solo a un incendio sino a la denominada "muerte dulce".

Los baños deben tener un piso antideslizante, al igual que el resto de la casa. Alrededor de la vivienda no debería haber fuentes de agua estancadas que produzcan mosquitos transmisores de enfermedades como el dengue, la malaria y el dengue hemorrágico, entre otras.

Todas estas recomendaciones marcan una diferencia: una diferencia sólida entre la posibilidad de la tragedia y la muerte y el estado de plena armonía con la vida.




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