lunes, 6 de abril de 2009

La vida de un hombre Jesucristo

“UN VERDADERO LIDER”


Por: DANNY DANIEL LÓPEZ JUVINAO


La vida de los hombres esta adaptándose constantemente a los cambios que se producen en el mundo, la transformación es la condición que acompaña la historia evolutiva; pero de todos los seres humanos que hemos nacido solo uno logró dividir los tiempos en dos partes: el antes y el después de JESUCRISTO.

Nacido en Belén, una de las ciudades más humildes de la antigua Judea, hijo de José y de María; Las persecuciones del Rey Herodes produjeron que su familia se refugiara por un tiempo en Egipto.
La infancia de Jesucristo sucedió en Nazaret, donde su padre trabajaba como carpintero; a los doce años, según la Biblia (Lc. 2,42) este personaje hace su aparición en el templo, en donde su madre María se sorprende al encontrarlo sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndolos y preguntándoles; y todos los que lo oían se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas.
No se tiene documentación del intervalo de su vida desde los doce hasta sus treinta años, edad en la cual Jesucristo inició su movimiento público, reuniéndose con su primo, Juan el Bautista; después de oír sus sermones, Jesucristo se fue bautizado en el río Jordán, donde Juan le había rotulado como la encarnación del Mesías prometido por Dios a Abraham.
Ahora bien, cuando él oyó que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. Desde entonces Jesucristo comenzó a predicar y a decir: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado”.
Jesucristo inició una ideología social, promovía un replanteamiento de la religión judía basado en el amor al prójimo, el perdón, el desprendimiento de los bienes físicos y la esperanza de vida eterna para sus partidarios.
Entre las características que identificaban a Jesucristo se tienen: la compasión, la habilidad para influir sobre otras personas y, que fue un ser humano que estimuló el aprendizaje inteligente y la habilidad cognoscitiva. Con estas particularidades Jesucristo expuso tres grandes componentes de la inteligencia emocional: la autoconciencia, la motivación y habilidades sociales, las cuales personifican las competencias intelectuales imperiosas para ser un líder exitoso.
El estilo de liderazgo de Jesucristo estubo marcado por la sumisión al Padre celestial y por un interés indiscutible hacia la integridad fisica y moral de las personas, lo cual lo llevó a entregarse a ellos en servicio y ayuda; Su estilo era informal, experto, democrático e incluso conciliador de conflictos.
Sus enseñanzas eran claras, usaba parábolas para ilustrar a quienes lo escuchaban; Su popularidad aumentó cuando corrieron noticias sobre los milagros que le atribuían sus seguidores, considerados como prueba de sus poderes sobrenaturales.
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Jesucristo tuvo una personalidad con muchas cualidades personales y habilidades, aún con mucha autoridad estaba lleno de amor, tenia alto nivel de confianza en si mismo, buen comunicador, modesto, solidario, justo y obediente hasta la muerte. Su idiosincrasia era firme e integra, con impulso hacia la responsabilidad y hacia la terminación de tareas, esto se reflejó porque siempre defendió la verdad en su vida y lo crucificaron por ello.
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Jesucristo no malgastaba el tiempo tratando de convencer a los demás que lo siguieran; Usó una frase sencilla: “Venid en pos de mí” cuando llamó a Pedro, Andrés, Santiago y a Juan para que fueran sus discípulos; Tales palabras de inmediato significaron separación de los intereses personales y alianza, no era una invitación simple, sino un mandato imperativo.
La relación entre Jesucristo y sus seguidores se caracterizó por el compromiso voluntario; Él no los forzaba a acompañarlo, pero ellos sentían una atracción tan grande hacia su persona e ideales que se sintieron incapaces de abandonarlo.
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Para Jesucristo los recursos humanos lo eran todo: una de las principales peculiaridades de su liderazgo fue la selección de solamente doce discípulos ya que él deseaba tener un contacto estrecho con estos y formarlos para que le ayudarán a integrar a otros y a multiplicarse.

Jesucristo supo motivar a la gente que lo conocía, llenándolos de razones y convicciones e incorporando su liderazgo con una “marca registrada” diferente a lo que se venía dando; de este modo, expresa a otras personas lo que deben hacer dándoles el ejemplo mediante el accionar de su propia vida, así consiguió el compromiso del corazón de sus discípulos. En contraste, los lideres de la época no tenían un liderazgo centrado en principios: fariseos y saduceos, perseguian el reconocimiento de la muchedumbre y sectorizaban sus enseñanzas, favoreciendo a quienes aportaban los diezmos.

Fue así como Jesucristo transformó al mundo, rompiendo paradigmas, al imprimir otra forma de ver las escrituras sagradas mediante “la autoridad del servicio”: El que quiera ser grande deberá ser el menor.

Jesucristo Líder supo guió a su equipo enfocado en desarrollar la madurez del mismo, para que después de su muerte, el legado continuara. “Jesucristo se acercó y les habló, diciendo: ‘Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y sobre la tierra. Vayan, por lo tanto, y hagan discípulos de gente de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del espíritu santo, enseñándoles a observar todas las cosas que yo les he mandado. Y, ¡miren!, estoy con ustedes todos los días hasta la conclusión del sistema de cosas’ ”, Mateo 28:18.

Analizando este personaje, se pueden visualizar modelos de liderazgo que se ajustan a los enfoques planteados por diversos autores.

Si enfocamos el estilo de liderazgo que definió a Jesucristo en los principios propuestos por STEPHEN COVEY, se puede decir claramente que nuestro líder aplicó las técnicas de enseñar, predicar y sanar, las cuales nos reflejan que el no sólo estaba interesado en informar con las verdades del evangelio del reino, sino en formar y forjar caracteres, atañéndose por su crecimiento cualitativo: el carácter moral y espiritual.

Jesucristo era proactivo por hábito, vivía ocupado, viajaba, oraba por los enfermos, visitaba a sus seguidores, enseñaba, predicaba y ministraba tanto a individuos como a multitudes, supervisaba a sus discípulos y atendía a quienes le buscaban; Nunca espero que le dijeran lo que tenía que hacer ya que antes de comenzar con su corriente religiosa tenia planificado cada uno de sus pasos, es decir, sabia cual era su propósito y realizó todas sus acciones siguiendo al pie de la letra lo proyectado.

Marcó una diferencia con el liderazgo que hoy en dia se lleva en las empresas, por que no obstante se preocupo por la superación y el crecimiento tanto moral y espiritual de sus seguidores.

Dentro de sus planes conformo su equipo de trabajo compuesto por los discípulos en donde cada uno cumplían roles específicos e independientes con lo que logró la sinergia de un grupo de personas para cumplir con su meta.

Desde la perspectiva de PETER SENGE, Jesucristo disponía de un equipo muy bien seleccionado, ya que estaban abiertos al aprendizaje continuo que les ofrecía su líder, ello repercutió en el crecimiento personal de cada miembro, los cuales una vez capacitados, trabajaron productivamente hacia objetivos comunes.

Los ideales de Jesucristo impulsaron nuevas formas de pensar y actuar, de acuerdo al cumplimiento de la escrituras y un nuevo elemento: la FE en Dios, que los conduciría a un empoderamiento de sus roles e implicaría aprender a moldear el futuro de la humanidad cristiana.

Acorde al enfoque de JHON KOTLER, Jesucristo era un líder completamente empático, escuchaba a la gente y a través del contacto humano se ganó el aprecio y la fé de las multitudes, para servirles y llevarlos a la promesa de las bendiciones de su reino; todo ello produjo es aquel tiempo proceso de transformación dentro de la comunidades locales lo cual poco a poco se fue extendiendo.

De acuerdo a lo que hemos comentado, es claro que Jesucristo determinó la dirección en la que debía avanzar su equipo, consiguiendo que sus discípulos lo siguieran voluntariamente por estar convencidos de la validez de sus ideas, lo cual le conllevo al éxito.

Se concibió una visión: “el reino de los cielos” y los recursos humanos estuvieron altamente motivados y comprometidos para convertir esa visión en realidad; para ello Jesucristo debió transmitir una gran seguridad en sus propias convicciones y en sus conocimientos, actuando de modo análogo a sus pensamientos.

Al final de su vida, Jesucristo fue conducido al consejo supremo de los judíos donde se declaró "el Mesías, el hijo de Dios" (Mt. 26,63). Por esta afirmación, el consejo le condenó a muerte por blasfemia y fue llevado al Gólgota donde fue crucificado, que era la pena romana para los criminales y los delincuentes políticos. Pero su legado de enseñanzas aun perdura inalterable en el tiempo, brindando Fe y Esperanza a millones de personas.

Como resultado de la eficacia, eficiencia y efectividad de su servicio, hoy día y después de más dos mil años, las enseñanzas y el modelo de vida de Jesucristo siguen vigentes e inspiran a miles de millones de personas en el mundo hacia un verdadero liderazgo visionario, que ha perdurado a través de los tiempos.
Después de repasar la historia de este personaje, no tenemos ninguna duda:
¡JESUCRISTO ES EL LÍDER DE LÍDERES!

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