martes, 28 de abril de 2009

Cultura de la Legalidad

Por: Fare Suárez Sarmiento

Santa Marta-. El Programa Cultura de la Legalidad, iniciado por la Secretaria de Educación Distrital, se equivocó de destinatario. De hecho, no son los docentes del sector oficial quienes fomentan la corrupción administrativa, ni los niños de la escuela pública los que crecen en ambientes familiares de ostentación, opulencia y facilismo.

Sería absurdo pensar que la práctica del pillaje del tesoro público o privado se adquiere en una escuela invadida por la miseria y la desesperanza; una escuela cuyos niños y niñas a lo que único que pueden acceder es al mar, porque es gratis.

O creer que los gobernantes y servidores públicos de rango privilegiado son fruto de la escuela pública. Se me antoja que no. Estamos buscando el cadáver río arriba, señor Secretario.
Los presidentes, ministros, congresistas, gobernadores, alcaldes y altos funcionarios del Estado cultivan su voracidad por asimilación de la cultura del poder y la dominación como legado familiar y herencia de una clase que se mantiene y consolida a través del saqueo de las arcas oficiales, fundamentalmente.

Indague Señor Secretario si los Vives, Los Gneccos, los Diazgranados, los Zúñiga, Los Lunas, y paro para que no parezca un directorio, estudiaron en escuelas públicas. Situación muy diferente, cuando los funcionarios, sin pertenecer a la élite económica y social, sirven de Lazarillo y hacen las tareas encomendadas por los jefes políticos, como los Serranos, los Velásquez, los Marín y muchos otros, como condición para sostenerlos en los cargos.

La Cultura de la Legalidad debió empezar por la alcaldía, seguir por el Concejo y terminar en la Rama Judicial. Pretender hallar quien le preste los oídos más allá de estas dependencias es exponerse a la burla. Los grandes y finos corruptos adquieren su formación en Los Andes, La Gran Colombia La Javeriana, La Sergio Arboleda, quienes afinan sus uñas en Harvard o Cambridge.

La honestidad no es patrimonio de ninguna clase social, sin embargo la ocasión hace al ladrón; y ¿cuál es la oportunidad que tienen los niños y niñas de los barrios marginados, como lo son todos en Santa Marta, de de alcanzar el podio administrativo o financiero de la ciudad?Usted sabe la respuesta, señor Secretario.