sábado, 11 de abril de 2009

Prevención

Por Nuria Barbosa León, periodista de Radio Progreso y Radio Habana Cuba

Una noticia publicada en el mes de febrero pasó inadvertida como tantas otras que denuncian la codicia de los grandes monopolios a los cuales no le importa la vida humana para obtener su cuota de ganancia, garantizada en los bolsillos de sus magnates.

El día 13 de febrero del 2009 se publicó que la empresa Barewa Pharmaceuticals Limited distribuyó un jarabe en Nigeria –en fase de prueba--que causó la muerte a 84 niños con edades comprendidas entre dos y siete años.

Pero buscando en archivos anteriores nos encontramos que la multinacional farmacéutica Glaxo SmithKline experimentó en pequeños argentinos en las provincias de Estero, San Juan y Mendoza con un fármaco contra la bacteria que causa enfermedades como la meningitis o la neumonía. Se reclutaban bebés sin consentimiento de los padres y para cada trabajador de sanidad que entregaba un niño recibía la suma de 400 dólares.

La alarma surge cuando en el cable publicado por la agencia estadounidense AP, el 14 de agosto del 2008, se dice como un dato que 14 niños argentinos murieron en el intento pero que se tenían reclutado 17 mil para la prueba y fueron vacunados 14 mil sin tener certeza en los daños futuros para los infantes.

Pero lo terrible de la noticia es que en fechas anteriores se publicó, además, que en el año 1996 se probó un medicamento en Nigeria por parte de la multinacional farmacéutica Pfizer que causó malformaciones en decenas de niños y al menos, la muerte de 11 de ellos.

Lo sarcástico en todo ello es que los experimentos médicos se realizan en poblaciones infantiles del tercer mundo con gran incidencia de analfabetismo, deseosos de obtener medicina para sus dolencias cotidianas y una vez que se prueba la eficacia del medicamento se le impone un precio monopólico y se vende a los que no tiene recursos para adquirirlo.

Sin embargo en una pequeña Isla del Caribe, -bloqueada y agredida-, se investiga seriamente acerca de la inmunización de enfermedades crónicas con resultados destacados, que son silenciados por los grandes medios de la información.

Es válido mencionar que en 1960 se inició el Programa Nacional de Vacunación para una cobertura total de la población con mayor énfasis en la niñez. La primera gran acción se produjo en 1962 con la campaña antipoliomielítica para niños de 0 a 14 años. Su resultado fue que hasta esa fecha se habían notificado 46 casos con 7 fallecidos y a partir de ese momento no se reportaron más enfermos.

Otras patologías de la infancia que desde siempre afectaban a la población cubana eran el sarampión, la rubéola y la parotiditis (conocida como papera). Al disponerse de una vacuna antiviral que protegía contra las tres enfermedades, se introdujo ésta en el esquema de vacunación y ya están erradicados el sarampión desde 1993 y la rubéola y la parotiditis desde 1995.

Además, como las cohortes de mujeres en edades reproductivas ya están vacunadas, se logró erradicar desde 1989 el síndrome de rubéola congénito, y la meningoencefalitis post parotiditis, gracias a la cobertura lograda entre la población susceptible. Como parte de la atención integral a la mujer embarazada, ésta recibe la vacunación antitetánica, con lo que se ha logrado eliminar desde 1972 una de las formas clínicas severas de una enfermedad tan terrible y mortal como el tétanos neonatal.

Los niños cubanos reciben en el primer año de vida 12 vacunas pero luego esa cifra se incrementa cuando cursan el 1er, 5to, 8vo, 9no y 11no grado, que se reactivan algunas dosis y se inoculan de otras enfermedades. Lo novedoso, es que ese esquema se garantizan con producciones netamente cubanas elaboradas en instituciones científicas del país.

Esos centros concentran su quehacer en alcanzar un producto contra las enfermedades infecciosas, el cáncer, las cardiovasculares y los padecimientos neurosiquiátricos. Desde 1992 se trabaja en conseguir una vacuna preventiva del VIH-SIDA y desde el año 2000 se investiga en un medicamento terapeútico para pacientes seropositivos mediante la estrategia de células T, citotóxicas al virus.

A su vez se mantiene la producción de vacunas para despojar enfermedades como: Meningitis meningocóccica de los grupos B y C, Hepatitis B, Haemofilus influenzae, difteria-tétanos, leptospirosis. Los ensayos clínicos se realizan en los propios hospitales cubanos y son los científicos los primeros en brindar voluntariamente su cuerpo para tales prácticas.

Cuba no sólo erradica las enfermedades dentro de su frontera sino que envía toneladas de vacunas a países del tercer mundo que no siempre pueden pagar esos productos, pero así mismo en el año 2006 la Organización Mundial de la Salud emitió una carta al Instituto de Investigaciones Científicas Carlos J. Finlay donde se pedía apoyo para producir millones de dosis de vacunas contra la meningitis lo cual motivó la inauguración de una planta con capacidad productiva de cien millones de dosis al año.

Enumerar la cantidad de países que reciben vacunas cubanas sería emborronar cuartillas y dejar fuera un gran listado, lo meritorio de esta labor no es precisamente el alcance mundial, que de hecho es algo valioso, sino la forma anónima y humana en que se asume el encanto de salvar vidas a cualquier costo y sin escatimar recursos.

No es noticia en el mundo, la muerte de niños en países subdesarrollados por responsabilidad de los monopolios. Silencio es también, los esfuerzos de Cuba en su lucha por la vida. Fabriquemos, entonces, la vacuna contra el mutismo.

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