sábado, 24 de diciembre de 2011

Historia de Riohacha, capital de La Guajira

Por: Alejandro Rutto Martínez

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La historia es peregrina y viajera: anuda en los puertos del sentimiento transita sin afanes por los muelles de la tranquilidad desde el alba hasta la noche sin que nadie se atreva a poner en duda su reputación de dama seria y serena.

Sólo cuando el estudioso la sigue con paciencia y se embriaga observando su andar, cadencioso y coqueto, puede conocerla a fondo y descubrir sus deslices con el error, sus aventuras con el naufragio de la verdad y su tierno idilio con la incertidumbre.

Esa es la historia de la ciudad de los amores; la del supuesto fundador, perteneciente al ejército de los invasores que desde 1.492 tuvo la insolencia de atribuirse el descubrimiento de un territorio con vida y ciencia propia desde mucho años antes de que ellos llegaran. De los negros aferrados al milagro de la libertad y de los indios que luchan contra el naufragio en los tiempos borrascosos de una globalización afectuosa con las cosas y despectiva los humanos.

La historia, cuando se la estudia con pasión ofrece su néctar embriagante a quien quiera degustar sus racimos de hechos amargos, almibarados o ácidos con los cuales se ha ido el la sustancia del tiempo.

Y la historia de Riohacha es tranquila y bella como sus atardeceres rojizos pero un día el campanario del presente anuncia la hora de revisar los hechos y entonces, el relámpago de la lucidez, ilumina sobre los hechos inexplorados y parecen nuevas verdades y nuevas versiones que apuntan siempre a un encuentro de la ciudad con sus raíces amerindias, africanas y europeas.


Riohacha es, a no dudarlo, una de las ciudades más hermosas de Colombia. Su posición privilegiada frente al mar Caribe, sus apetecidas playas, su hermosa catedral su mestizaje, sus calles angostas, sus balcones de madera y, sobre todo, su historia, hacen de ella un espacio situado en cierto lugar del lado izquierdo del pecho de todos los guajiros.

Han pasado ya más de 460 años desde la fundación de la “gentil Riohacha”, como la llama Luis Alejandro López en el himno de la Guajira. La tierra de Padilla se volvió adulta y es una de las ciudades más “veteranas” del continente al lado de capitales como Asunción(Paraguay) fundada en 1541, Santiago(Chile) en 1.541, la Paz (Bolivia) en 1.548 y es aún más antigua que otras como Caracas(1.567), Buenos Aires (1.580), , Montevideo ( 1.726), San José de (Costa Rica, 1736) Washington (1.783) y Brasilia (1.960). Los libros de historia sitúan la llegada de Colón al continente de los aztecas, mayas, incas y caribes en 1.492.

Si la historia está bien contada y las cuentas bien hechas eso quiere decir que Riohacha comenzó a vivir como ciudad cincuenta y tres años después de la primera visita del almirante genovés, es decir, cuando el continente apenas comenzaba a adquirir las costumbres del invasor.

La frase “si la historia está bien contada” deja un cierto manto de dudas sobre la veracidad y la exactitud de las fechas relacionadas con la aventura de Colón. Pero no hay necesidad de rectificarla ni de corregirla, pues en Riohacha se ha comprobado que la historia no siempre es como la cuentan. Varias generaciones de riohacheros crecieron convencidas de que su patria chica había sido fundada por Nicolás de Federmann, pero un día cualquiera Benjamín Ezpeleta comenzó a sospechar de ciertos datos no concordantes y se dio a la tarea de hacer la más rigurosa y apasionada investigación de los últimos años.

Finalmente propuso una tesis revolucionaria acerca de la identidad de los primeros pobladores. En primer lugar, justo es decirlo, el aspecto más importante del nuevo planteamiento es demostrar que el alemán al servicio de la compañía Wesler, no era el fundador.

El asunto no era sencillo: la tradición había metido a Federmann bien adentro de la identidad riohachera. Los niños aprendían sobre él desde temprana edad, los profesores de historia repetían la historia oficial, los programas académicos aprobados por las autoridades educativas acogían su veracidad, uno de los parques más importantes y el club mejor posicionado llevaban su nombre. La historia es la historia y se hizo para contarla, no para cambiarla constantemente. Por lo menos de esa manera piensan quienes confían en el carácter estático de ésta disciplina social.

Diego Armando Maradona en vísperas de un juego entre Argentina y Colombia por las eliminatorias al mundial de USA 94 dijo: “La historia está bien. Argentina arriba y Colombia abajo, eso no debe cambiar” Pero cambió, porque los colombianos ganaron inesperadamente 5-0 y reescribieron la historia en donde un chico vence a un grande en su propio estadio. Esa es la historia: dinámica, cambiante, renovadora. Y Benjamín Ezpeleta lo sabía. Por eso califica la versión oficial como “un mito entre las brumas” (Ezpeleta, 2000).

En su revolucionario libro “La verdadera Historia de Riohacha” manifiesta: “Lo de Nicolás de Federmann como fundador de Riohacha ha sido un mito entre las brumas. No se sabe cómo ni cuándo se engendró la versión de que el expedicionario alemán haya establecido a esta hidalga ciudad en el lugar que actualmente ocupa, en las orillas del Río Ranchería”

El historiador guajiro encuentra una gran debilidad en la tesis federmanista de la fundación y es la falta de documentos para respaldarla. En ese sentido cita apartes de la obra “Vida de Nicolás de Federmann, cofundador de Bogotá” de Juan Friede, a la que le atribuye”carencia de objetividad y podo peso específico: “En la costa de mar, probablemente cerca de la desembocadura del Río de el hacha, fundó una población con el nombre de Nuestra Señora de las Nieves, evocando, quizá la Sierra Nevada de Santa Marta que se eleva majestuosamente al Suroeste de la Guajira”.

Las negrillas fueron resaltadas a propósito para aludir a las dudas de Friede acerca de la actuación del teutón en la fundación de la ciudad. Los planteamientos de Ezpeleta para controvertir la historia oficial se pueden resumir en los siguientes puntos:

El derrotero del alemán desde el Cabo de la Vela no pasa por Riohacha.
El libro de Juan Friede se titula “Vida de Nicolás de Federmann, cofundador de Bogotá” sin darle ningún mérito en la titulación de la obra a la fundación de la ciudad caribeña.
Federmann no podía pasar del Cabo “porque allí llegaban los límites del territorio Wesler, la empresa alemana que lo había contratado” (Ezpeleta, 2000).

Sin embargo a prueba reina para desvanecer el “mito entre las brumas es bien poderosa: Riohacha fue fundada en 1.545 y Federmann murió tres años antes. El asunto, de esta manera no deja lugar a dudas. Un vistazo a la enciclopedia Encarta ayuda construir conclusiones favorables a la tesis del historiador guajiro.

En el apartado referente a la biografía de Federmann consigna: “Después de participar en la fundación de Santa fe de Bogotá (agosto de 1538), volvió a Europa y pleiteó también con los Wesler, que lo hicieron encarcelar en 1540. Murió en prisión, en la ciudad española de Valladolid, dos años después. (1993-2003 Microsoft Corporation). Como se observa, el expedicionario de Ulm (en esa ciudad alemana nació el supuesto fundador) fue encarcelado en 1.540 por sus líos con la Wesler y murió “dos años después”, es decir, en 1.542.

Veamos ahora la información aportada por la misma fuente respecto a la fundación de Riohacha: “La población fue fundada en 1545, perteneciendo al departamento de Magdalena hasta 1954, cuando se decretó la intendencia de La Guajira…”(1993-2003 Microsoft Corporation.) Además Ezpeleta otros ilustres historiadores cuestionan seriamente la historia oficialmente estudiada durante tanto tiempo. Es el caso de Marco Tulio Annicchiarico Robles quien se refiere al tema en la página 235 de su libro “Fundación de Riohacha “Perla Preciosa”: “Un dato consagrado en la historiografía colombiana y riohachera da cuenta que Riohacha fue fundada por Nicolás de Federmann, dato que carece de toda veracidad histórica (subrayado fuera de texto), este es un dato transferido por la tradición popular, que se conserva tenazmente, argumento que se desarma al más leve roce con la realidad al estudiarlas fuentes de consulta, tanto antiguas como contemporáneas, se puede comprobar que en ninguna parte se señala a Federmann como fundador de Riohacha”( Annicchiarico, 2000).

Los dos autores, Ezpeleta y Annicchiarico coinciden en desmentir la versión según la cual el hombre de la Wesler fundó a Riohacha. Otros de sus puntos de encuentro tiene que ver con los verdaderos fundadores de Nuestra Señora de los Remedios del Río de la Hacha, nombre cargado de hermosura y tradición católica y española con que se conoció a la ciudad en sus orígenes.

Los dos plantean que los fundadores fueron personas provenientes de la isla de Cubagua (isla situada en el mar Caribe frente a las costas del actual estado de Sucre en Venezuela), quienes emigraron primero al Cabo de la Vela obligados por la disminución de las perlas a cuya pesca se dedicaban y luego a las orillas del Río Ranchería buscando un sitio más resguardado contra los permanentes ataques de los barcos piratas.

La nueva ciudad nació para crecer. Dentro de ella ha palpitado siempre la multiculturalidad, y el mestizaje y se han alternado de manera casi sincrónica los tiempos de la abundancia y de la escasez, del auge y de la depresión.

La primera de todas las bonanzas fue indudablemente la de las perlas. Según Fredy González Zubiría en su obra “Cultura y Sociedad criolla de la Guajira” las perlas fueron el motivo principal del poblamiento español de la península. Durante esta época aparece la figura del propietario o “Señor de la canoa” a quien González Zubiría describe magistralmente: “Su desembarco en Riohacha era más importante que la visita de un alto funcionario de la corona.

Mientras que los delegados oficiales representaban el poder de un rey lejano y de un reino extenso con muchos problemas, el ’perlero’ representaba el poder regional, propietario de la riqueza, generador de empleo y el poder oculto tras bambalinas de los cargos públicos locales” (González Zubiría 2.005) De esta bonanza Riohacha quedó “con el pecado y sin el género”. Dicho en otras palabras, disfrutó muy poco de lo bueno y debió sufrir mucho, pero mucho de lo malo.

En primer lugar los capitalistas exportaron sus utilidades a otros lugares, Sevilla (España), por ejemplo. A la ciudad no le quedaron grandes obras de arquitecturas ni inversiones para garantizar su desarrollo en el tiempo. En cambio debe soportar los ataques de filibusteros y piratas atraídos por las noticias de la bonanza y el esplendor económico. Entre los indeseables visitantes se asoman los más terribles piratas ingleses y franceses: Francis Drake, Henry Morgan, John Hawkins, y James Cook quienes llegarían a “saquear, en el mejor de los casos, e incendiarla como sucedió en múltiples ocasiones” (González Zubiría, 2005)

Más adelante vendría otra época de oxigenación económica representada en una nueva bonanza sustentada no en el producido del mar sino de los suelos de toda la Guajira y regiones vecinas. Se trata del auge de las exportaciones de maderas en los siglos XVII y XVIII. Afortunadamente se ofrece esta oportunidad como una forma de hacer frente a la crisis surgida por el decaimiento de la actividad de obtención y ventas de las perlas. Para ese entonces se producen embarques de palo de brasil hacia importantes centros industriales de los Estados Unidos y Europa. Un suceso del momento propició esta temporada de vacas gordas para la economía local: la revolución industrial. Fue una época en la que los artesanos del mundo fueron desplazados por máquinas descomunales capaces de fabricar más unidades en menos tiempo.

De esta manera las empresas industriales demandan mayores cantidades de materia prima y compran en todo el mundo todo lo que le pueda ser vendido.

Es así como la ola de prosperidad llega al continente americano, especialmente a Riohacha desde donde se envían grandes cantidades de palo de brasil y dividivi, con lo cual se benefician los indígenas y campesinos encargados de su recolección, pero, principalmente los comerciantes, algunos de ellos de origen judío, algunos de los cuales dirigen su negocio desde Curazao y otros, después de la independencia, se radican cerca de de su nueva “mina de oro”, es decir, en Riohacha. Algunas consecuencias de esta época es el aumento de intercambio de bienes raíces y de naves dedicadas al transporte de la madera. Fredy González Zubiría da cuenta de hechos significativos ocurridos en este tiempo: “Durante la bonanza comercial se amplió el muelle, se construyó la actual catedral y se edificaron hermosas casas republicanas que aún se conservan en la ciudad.

La bonanza trajo de nuevo esplendor a la economía regional y dejó fundamentos para fundar en 1.885 el Banco de Riohacha con un capital de 15.000 pesos” (González Zubiría 2.005) Lo más impresionante de todo es el espíritu empresarial de quienes en esa época poseían el capital. Lejos de mantener su dinero debajo del colchón decidieron invertirlo en actividades rentables, exportarlas al exterior y, en una demostración de audacia, fundar un banco.

Quienes visitan el Palacio de la Moneda en Bogotá se llevan la sorpresa de ver billetes con el rótulo de “banco de Riohacha”y con todo el derecho del mundo pueden suponer que es un billete artístico o didáctico, de los usados por los profesores de contabilidad cálculo mercantil para introducir a sus alumnos en los intrincados caminos del mundo financiero. Pues bien, los billetes son de verdad-verdad, pues el Banco de Riohacha no es producto de la ficción sino de la realidad. La entidad financiera, de la cual llegó a decirse sin ningún fundamento que había sido el primer banco del Caribe colombiano, fue creada el 1�. De abril de 1.882 con un capital autorizado de 50 mil pesos y licencia para funcionar con algo más de 15 mil pesos.

Regresando al tema de los buenos tiempos del comercio de la madera es de anotar que como sucede con toda bonanza, esta también tuvo su lado amargo y un precio costoso, difícil de cuantificar y más aún de pagar: la tala indiscriminada de árboles destruyó los bosques naturales de la región y contribuyó a que en el largo plazo diminuyera el caudal de los ríos hasta el punto de que algunos prácticamente languidecieron y desaparecieron. Desde aquel entonces la comunidad estaba corriendo los riesgos ambientales y hoy en día la naturaleza sigue pasando factura de cobro en términos de capas de ozono apolilladas, huracanes despiadados, ríos moribundos, playas enturbiadas, oxígeno envenenado y otras demostraciones de que el planeta no está complacido con tantos destructores actuando juntos.

LA GRANDEZA DE DOS TALENTOSOS HOMBRES

José Prudencio Padilla y Luis A. Robles fueron los riohacheros más conocidos del siglo XIX pero sus hazaña, el uno en el mundo de las armas y el otro en la política, los hacen trascender a su pueblo y a su época para inscribirse como dos de las figuras más prominentes del país en todas las épocas.

Padilla era negro, descendiente de abuelo probablemente africano si nos atenemos a al relato de Jesús Torres de Almeyda en su libro “El almirante Padilla”: “En la isla de Santo Domingo había formado su hogar el negro Prudencio Padilla, al parecer oriundo de África. Su hijo Andrés Padilla radicóse en Riohacha, en donde organizó su taller en construcción de embarcaciones menores, de que era perito en la materia. Por eso le llamaban familiarmente ‘Maestro Andrés’ ”El artesano del mar contrajo matrimonio con Lucía López.

El 19 de marzo de 1.784, día de San José nació el primogénito de la familia a quien le dieron el nombre de José Prudencio en homenaje al abuelo y probablemente al carpintero de Nazaret A los 14 años tuvo un incidente con su padre y se fue de casa, embarcándose en algún buque como “muchacho de cámara” cargo en el que recibía una rigurosa formación castrense pero estaba destinado a desempeñar oficios tales como el aseo del barco y en los combates el abastecimiento de pólvora y municiones para los artilleros.

En 1.803 regresó temporalmente a su tierra pero ese mismo año regresa a los siete mares a bordo del buque de guerra “San Juan Nepomuceno” en el cual inicia su fulgurante carrera de oficial de marina al servicio del rey de España, contra cuyas tropas combatiría unos años más tarde. Se le asignó la función de contramaestre de navío una disputada plaza que no se le asignaba a los servidores americanos ni a los europeos a menos que demostraran sobradas condiciones en el servicio. En este barco, encabezado por el capitán de navío Cosme Damián Churruca y al servicio de los ibéricos permaneció José Prudencio hasta la celebérrima batalla de Trafalgar en donde hizo parte de las fuerzas de la alianza franco-españolas contra las inglesas al mando éstas últimas del insigne sir Horacio Nelson. El feroz combate ocurrió el 21 de octubre de 1.805 y su resultado fue desastroso para los aliados quienes sufrieron 7.000 bajas entre muertos y heridos, unos 7.000 prisioneros y 20 naves capturadas o hundidas. Los ingleses perdieron 1.690 hombres. El “San Juan Nepomuceno” sufrió la baja de su capitán y la de otros 157 hombres, además de 250 heridos.

Padilla figuraba entre los prisioneros y como tal fue conducido a Inglaterra y recluido en un pontón (Buque viejo que, amarrado de firme en los puertos, sirve de almacén, de hospital o de depósito de prisioneros) en donde permanecería tres años. Quiso el azar que su compañero de reclusión e infortunio fuera alguien que más adelante sería uno de los peores enemigos de los pueblos americanos en su lucha por la independencia: el “pacificador” Pablo Morillo. En 1.808 se firmó la paz entre ingleses y españoles. Los prisioneros recuperaron la libertad y Padilla se le asignó como contramaestre del Apostadero de Cartagena de Indias. Aproximadamente en 1.810 Padilla y otros funcionarios del Imperio Español se afilian a la causa patriota. En 1815 el riohachero asesta un duro golpe a las fuerzas realistas cuando captura la fragata “Neptuno” que se dirigía a Panamá y Lima, procedente de Cádiz, conduciendo al nuevo gobernador de Panamá Alejandro Hore junto con 280 hombres de tropa 18 oficiales y 2.000 fusiles para la guarnición de Lima. Padilla al mando del “ejecutivo” y escoltado por “El Centinela” se apoderó de la nave enemiga y la trajo a Cartagena junto con sus ocupantes.

La proeza le valió al guajiro su ascenso a teniente de fragata. Sin embargo la acción más importante de Padilla ocurrió el 24 de julio de 1.823 cuando venció a los realistas en la Batalla Naval del Lago de Maracaibo. Maracaibo era un lugar estratégico para los españoles pero también para los patriotas. Para los realistas representaba la posibilidad de reconquistar las Provincias del magdalena y el occidente de Venezuela. La ciudad se había perdido antes por la infame vía de la traición: el mayor de Artillería Natividad Villamil negoció la entrega con el brigadier Francisco Tomás Morales, segundo al mando del ejército español, aduciendo que no tenía los recursos bélicos para la defensa. La terrible pérdida causó un grave daño moral en los ejércitos venezolanos y alarmó a Bolívar y Sucre, quienes se encontraban concentrados en la Campaña del Sur. Y le correspondió a padilla la gloria de recuperar tan estratégica posición. El combate se inició a las dos de la tarde del 24 de julio de 1.823 cuando la armada patriota puso proa en dirección al enemigo. Al terminar el combate la victoria era total.

En su libro “El Almirante Padilla”, José Torres Almeida hace un balance de la batalla: Los realistas tuvieron 800 bajas entre muertos y heridos y 438 prisioneros hechos por los patriotas, incluyendo 69 oficiales”. El almirante venezolano Eljuri-Núñez escribe, a propósito de la contienda: “El triunfo de Maracaibo consolidó la libertad de Venezuela y permitió la libertad de medio continente”. El historiador y diplomático venezolano Arturo Uslar Pietri por su parte, es categórico cuando afirma: Si se pierde el combate de Maracaibo la suerte de la guerra de independencia hubiera sido otra. Seguramente se hubiera prolongado por varios años más, tal vez, Bolívar hubiera tenido que regresar del Sur. Todo lo ganado en trece años de larga y desesperada guerra hubiera estado otra vez en juego”. La victoria de Maracaibo fue un episodio definitivo para las aspiraciones independentistas del continente, fue tal vez la batalla naval más importante librada nunca en el continente. Y le correspondió a Padilla la gloria de liderar la hazaña.

El 24de julio, recuérdese bien era la fecha del natalicio de Simón Bolívar, de manera que Padilla le había obsequiado el mejor regalo de su cumpleaños número 40. Sin embargo con el tiempo las relaciones entre el libertador y el almirante se deteriorarían gravemente, en primer término porque al héroe de Maracaibo se le asociaba como amigo de Santander, por aquel entonces enemistado con Bolívar. Y en segundo lugar por las patrañas de dos figuras cercanas al Libertador quienes se encargaban de mal informarlo sobre el comportamiento del prócer costeño: Daniel Florencio O’Leari, mercenario irlandés, edecán de Bolívar, en quien el hijo del “Maestro Andrés” confiaba creyéndolo equivocadamente su amigo y Mariano Montilla, personaje siniestro y malévolo quien apresó una vez a Padilla por ser amigo de Bolívar y otra vez por liderar supuestamente una rebelión en su contra.

Las componendas de los dos dieron resultado pues el prócer fue apresado en abril de 1.823 en su residencia de Cartagena y trasladado a Bogotá en donde sería sentenciado a muerte bajo cualquier pretexto. Y lo encontraron el 25 de septiembre cuando se produjo la famosa “conspiración septembrina” contra el Libertador. Los insurrectos visitaron a Padilla en su prisión y le ofrecieron encabezar el levantamiento. Padilla no aceptó y, en cambio, decidió permanecer en su lugar de reclusión por su propia voluntad. No se sabe a ciencia cierta si fue un gesto de lealtad suicida o el deseo de evitar que su delicada situación jurídica se complicara aún más. No faltan quienes afirman que el Almirante debió tener mayor sentido común rechazando el ofrecimiento de dirigir la revuelta con lo que habría seguido siendo fiel a sus principios pero no el de fugarse y salvar su vida con lo que habría evitado los nefastos sucesos que estaban por venir. Se ha llegado a decir incluso que Padilla estaba medio aturdido por el sueño y no entendió muy bien aquel inesperado suceso en su “tranquila” prisión.

A pesar de su lealtad a Padilla se le acusó de ser uno de los conspiradores y como tal se le hizo un juicio sumario que terminó con su sentencia a muerte, la cual se cumplió el 2 de octubre de 1.828 a las 11 de la mañana en la Plaza Mayor de Bogotá, hoy Plaza de Bolívar (¡ironías de la vida!). La historia absolvería al valiente hombre de mar y la patria le hizo varios gestos reivindicatorios los cuales, por supuesto, no serán nunca suficientes para corregir una de las mayores injusticias de la historia y para olvidar uno de los mayores errores de Simón Bolívar. En la década de los ochenta con motivo de la puesta en marcha del Complejo Carbonífero del Cerrejón se escuchó decir en cualquier esquina a cierto ciudadano de los de a pie: “No es justo que le pongan el nombre del verdugo a un puerto situado en la tierra de la víctima”. Se refería al nombre con el que fue bautizado el puerto (Puerto “Bolívar”) desde donde se exporta el carbón de la Guajira a los mercados internacionales.

LUIS ANTONIO ROBLES

Otro hijo epónimo ofrecido por Riohacha a la Guajira y Colombia fue Luis Antonio Robles Suárez. . En realidad el vástago de Luis Antonio Robles Parra y Manuela Suárez brotó para la vida en Camarones pero es de aquellos hombres insignes quienes tienen más de una patria chica. El “Negro” Robles nació el 24 de octubre de 1.849 y murió el 22 de septiembre de 1.899, un mes y dos días antes de cumplir cincuenta años.

Sin embargo su corta existencia le fue suficiente para incrustarse por siempre en la posteridad. Si Padilla fue el hombre de las armas Robles fue el de las ideas; si el Almirante alcanzó la cúspide de la gloria en las batallas navales, Robles la obtuvo en las duras batallas jurídicas y políticas libradas en el congreso en donde alguna vez fue el único representante del partido liberal y el único parlamentario de la noble raza negra negra. Si el nieto del negro Prudencio hubiera contado con las habilidades políticas de Robles tal vez hubiera llegado a ser presidente de la república. Pero ésta es sólo una comparación destinada a valorar la grandeza de dos de los más ilustres hijos de la península. El hijo de Camarones se graduó como abogado en el Colegio Mayor del Rosario en 1.872 y cuatro años más tarde, es decir, en 1876, a la edad de 27 años fue elegido representante a la cámara.

Fue un destacado estratega político un orador que hacía temblar hasta los cimientos de los auditorios en donde se presentaba y un académico consagrado. Desempeñó cargos importantes como Director de Instrucción Pública del Estado Soberano del Magdalena; Secretario del tesoro (equivalente a ministro de hacienda) durante la presidencia de Aquiles Parra; presidente del Magdalena en 1.878; comisario de la Guajira en 1.884; representante a la cámara por Antioquia en 1.892, durante la presidencia de Rafael Núñez y la vicepresidencia de Miguel Antonio Caro, período especialmente duro en el que debe afrontar la adversidad de ser el único negro y el único liberal durante ese período constitucional ( cierto, era una adversidad, peor aún un estigma, multiplicado por dos).

De su faceta como académico debe destacarse que fue el rector fundador de la Universidad Republicana (hoy Universidad Libre), y director de la Universidad Central de Managua en Nicaragua (1.895), durante el tiempo en que estuvo exiliado en Centroamérica. En un ensayo inédito, próximo a publicarse, el licenciado Jaime Mendoza Pitre narra algunos hechos anecdóticos en la vida de Robles. El siguiente relato es obtenido del mencionado documento: “En 1876 al ‘Negro’ Robles le gritaron en el congreso ‘Negro hijo de esclava’ y Robles responde: ‘Esta sangre, la misma de mi raza sirvió en la guerra magna para fecundar el árbol de la libertad, en la obra de la independencia ni la sangre de los negros escaseó ni los blancos la hubieran repudiado como innecesaria. Sí, pertenezco a la raza redimida por la república y mi deber es servirle a la que volvió pedazos el yugo secular’ ”. (Mendoza Pitre, 2.005)

En el mismo ensayo narra Mendoza Pitre un nuevo incidente en el que representantes de piel clara quisieron darle un trato peyorativo al jurisconsulto camaronero por el hecho de ser negro: “Cuando uno de los parlamentarios le pronunciara a su llegada al recinto ‘¡Seha oscurecido el recinto! ‘, él le respondió: ‘Yo no tengo la culpa de ser negro: la noche imprimió su manto sobre mi epidermis. Pero aún blanquean los huesos de mis antepasados en las bóvedas de Cartagena, por darle la libertad a muchos blancos de conciencia negra, como usted.’ “(Mendoza Pitre, 2.005). A lo anterior es a lo que se le llama “ir por lana y salir trasquilado”. La respuesta del genio liberal es contundente y su contestación, llena de valor y coraje puede ser insertada en la mejor antología del sarcasmo, la sátira y la réplica. Robles ofrece con su vida y obra varias lecciones de gran utilidad para los riohacheros de todos los tiempos:

No existen obstáculos insuperables para los hombres destinados a la gloria. El fundador de la Universidad Libre debió afrontar la triple desventaja de ser negro, opositor único e hijo de la más remota de las provincias. Aún así consolidó su espíritu de líder irreverente, sincero y leal con los intereses de la patria.
El hombre está destinado al lugar más alto del podio del éxito, en su tierra o fuera de ella. El “Negro Robles” fue comisario de la Guajira, Presidente del Magdalena, Representante por Antioquia y director de la Universidad Central de Managua en Nicaragua.
Es posible encontrar personas cuestionadotas, críticas, dañinas, pero aún ellas se pueden constituir en una oportunidad para demostrar la valía que se tiene. En el caso del buen hijo de la Guajira los intentos de burla de sus colegas parlamentarios le dieron la oportunidad de demostrar su providencial dominio del arte de la oratoria y la retórica.
VUELVEN LAS BONANZAS El último tercio del siglo XX le permite a Riohacha disfrutar de tres momentos muy importantes para su economía: Se trata de la muy conocida “Bonanza Marimbera”, (1.970-1.980, aproximadamente) la bonanza de las regalías (1.970 en adelante) y ciertos beneficios derivados de la explotación del carbón del Cerrejón (1.980 en adelante). La primera de las tres bonanzas aludidas se sustentó en el cultivo de la marihuana y su posterior venta a los mercados internacionales, especialmente de los Estados Unidos. Durante esta época cientos de familias campesinas de Riohacha y sus corregimientos pasaron, en un tiempo récord, de la pobreza absoluta a la abundancia exuberante de recursos económicos. Varios factores contribuyeron a esta época de prosperidad sustentada en el negocio de la Cannabis sativa (nombre científico de la yerba) o “marimba” (eufemismo con que era conocida en la región). Entre éstos podemos mencionar los siguientes:
El aumento del consumo de alucinógenos en el mundo, producto de la búsqueda formas artificiales para reducir la ansiedad y conseguir la felicidad.
Los controles existentes en los países industrializados para evitar el cultivo de plantaciones que pudieran ser materia prima para la fabricación de drogas prohibidas.
La tolerancia de las autoridades de los países cuyo territorio era utilizado para el cultivo, tráfico y consumo.
La relativa cercanía entre la Guajira y las Costas de los Estados Unidos y la facilidad para el transporte aéreo o marítimo.
Algunas de las características de la Riohacha de la bonanza Marimbera son las siguientes:
Surge la cultura del dinero fácil y con el menor esfuerzo. Las actividades asociadas directamente con la bonanza y también las indirectas producen tantas utilidades que es impensable para muchas familias enviar sus hijos a estudiar en la universidad. Las ganancias de un marimbero son colosales, mientras que la de los profesionales son moderadas e, incluso, austeras (lo mismo ocurre hoy en día).
Los ingresos de los cultivadores y comerciantes están por encima de cualquier cálculo. Un relato popular, perdido en la brumosa frontera de la leyenda y la realidad, alude al hecho de que la cantidad de dinero que se maneja es tan grande y la urgencia de hacer los embarques es tanta que no hay tiempo para contar los billetes. Entonces es necesario acudir a una ingeniosa salida: pesar el dinero, en lugar de contarlo.
Una jerga casi con las características de un dialecto. De estos tiempos proceden algunos guajirismos incrustados con fuerza en el español de uso diario y otros que cayeron en desuso. Palabras como “embarque” (envío de la droga hacia el exterior por vía aérea o marítima); “caleta” (lugar donde se almacena la droga con destino al embarque; “caletero” (cuidandero de la caleta); “corone” (resultado positivo del embarque); “marimba” (eufemismo con que se llamaba a la marihuana “); “marimbero” ( “empresario” dedicado al cultivo o tráfico); “marimba” ( construcción irregular de “marimbear” , verbo para designar las principales actividades asociadas a la bonanza). “culopuyú” (campesino recién salido de la pobreza gracias a sus ganancias como marimbero generalmente caracterizado por su arrogancia y predisposición al pleito).
Unas costumbres particulares entre ellas las de comprar camionetas “ranger”, armas de corto y largo alcance y prendas ostentosas; las parrandas interminables con whisky del más costoso, comida abundante, música a todo volumen y normalmente con la presencia física de los conjuntos vallenatos de moda y derroche sin medida; el machismo extremo tanto para coleccionar mujeres ( novias y concubinas) como para buscar pleitos y resolverlos a las malas; la cultura de la ilegalidad: además del negocio son ilegales las armas y los carros que adquieren; la petulancia: en su mayoría los “nuevos ricos” son vanidosos, pedantes y excéntricos; las relaciones: amistad con los funcionarios públicos a quienes hacen costosos regalos a cambio de favores, de los políticos a quienes ayudan a financiar sus campañas y de los artistas a quienes pagan generosamente en dinero, mujeres y ron) sus presentaciones y saludos en las grabaciones de los discos; la política: actividad en la que incursionan mediante la financiación de campañas y el “respaldo” (apoyo consistente en la protección física y el apadrinamiento) a amigos cercanos o parientes y en algunos casos postulándose personalmente para cargos de elección popular.
Unas características especiales de la época. Entre ellas están las siguientes:
o Ausencia de un proyecto de vida con visión futurista. Los marimberos y, por extensión, la sociedad en general viven intensamente los placeres del presente sin pensar en el porvenir. El asunto se limita exclusivamente a la adquisición de los elementos en los cuales se encarna un mayor estatus social: casas enormes, carros imponentes, prendas lujosas, ropa de marca, fiestas descomunales, etc. No se invierte en el ahorro, en el desarrollo intelectual, ni en libros, a menos que éstos sirvan para decorar alguna estancia en cuyo caso el color de las carátulas debe “hacer juego” con el de las paredes, alfombras y cuadros. o Creencia firme en que la bonanza permanecerá todo el tiempo. No se toman las precauciones pertinentes para invertir el capital obtenido y garantizar un ingreso posterior, con independencia de de las ganancias ilícitas. Por esta razón la mayor parte de los “sobrevivientes de la bonanza” (un buen número de los marimberos pereció víctima de los conflictos, de las disputas por territorio o por mujeres e, incluso por sobredosis de droga) quedan en la pobreza y aún en la miseria una vez se termina el período de la abundancia. o La inflación: varios factores generaron un incremento sostenido y generalizado en el nivel general de los precios.

En lo atinente a los productos de consumo básico, éstos se encarecieron porque nadie los cultivaba, debido a que las tierras y los brazos estaban ocupados en el cultivo de la marimba; por otro lado el exceso de masa monetaria en circulación produjo un exceso de demanda frente a una oferta en decadencia. Así las cosas se dispararon los costos de la vivienda, la canasta familiar y en general todos los bienes y servicios. o El desprecio por la academia: estudiar no era atractivo por razones prácticas. El tiempo invertido en cualquier actividad relacionada directa o indirectamente con el negocio rentaba más que el ejercicio de cualquier profesión u oficio lícito. o El relativismo moral: la sociedad aceptó el narcotráfico y a quienes lo practicaban como un evento normal e incluso le confería cierto reconocimiento social. Nadie fue rechazado en ninguna parte por dedicarse a esta actividad legalmente prohibida pero social y moralmente permitida. La bonanza Marimbera se fue como llegó: un día cualquiera y sin aspavientos. No hubo aviso previo ni fiesta de despedida pero sí viudas dolidas y viudos desconsolados. Viudas reales condenadas a vivir en la pobreza y a criar ellas solas a sus hijos y viudos de una amante generosa proveedora de placeres, fantasías hechas realidad y mucho poder pero que un día los dejó solos, pobres y, peor aún, sin esperanzas.

LA RIOHACHA CONTEMPOR�NEA La Riohacha contemporánea es una ciudad seductora y moderna. Seductora por su historia, sus raíces, su arquitectura, su mar, sus mitos y por sus mágicos atardeceres en donde el azul del mar y del cielo se concentran en el horizonte para brindar el más sobrecogedor e inefable espectáculo. Y también es seductora por su africanidad presente en cada esquina de sus prolongados veranos y en todas las aceras de la memoria.

Y por su condición amerindia incrustada en el balcón de sus recuerdos, en la orilla de sus manantiales de agua fresca o en las arrugas sabias de sus ancianos. Y por su multiculturalidad infinita en donde las razas se funden y confunden en una convención de dialectos, costumbres y esperanzas coloreadas por las acuarelas de la ilusión. Pero También es una ciudad moderna apuntándole a los años venideros con la confianza envasada en la sonrisa de los niños y en la fortaleza de sus jóvenes; es una ciudad moderna con la fe iluminada por sus faros de alegría y afecto. Es moderna porque en ella se combinan los ámbitos del olvido y las alarmas de la memoria y sigue siendo local mientras hace el esfuerzo por insertarse en lo global. La tierra de Padilla quien destrozaba bergantines enemigos en nombre de la libertad; la tierra de Robles, quien afinaba su espíritu democrático mientras destrozaba argumentos del racismo en nombre de la tolerancia; la tierra de Arnoldo Iguarán, quien llenaba de goles las porterías adversarias y de satisfacción los corazones de sus compatriotas.

Esa tierra inmensa de juyá y pulowi; de maleiwa y los yolujas; de Francisco El Hombre y Benjamín Ezpeleta, es, definitivamente, la tierra de todos. De los españoles buenos y de los otros; de los fundadores fantasmas; de los pescadores de perlas, de los venezolanos ansiosos de mejores tiempos, de los judíos errantes y los sedentarios; de los franceses peregrinos; de los italianos esforzados, de los guajiros de todas partes y de los colombianos provenientes del llano, la selva o la montaña. Esa es la Riohacha a la cual debe elevarse un canto y por la cual deben decirse todas las plegarias. Si en ella se abraza el trupillo en un gesto fraternal con el cardón y la iguaraya autóctona se alterna con la manzana austral en el hogar del humilde vendedor o del próspero empresario, entonces es justo esperar que la mano del campesino se una a la del intelectual y la del joven con la del anciano para crear un territorio de armonía en donde “indiferencia” sea un vocablo grosero excluido del léxico de todos los pobladores, incluidos los de aquí y los de allá.

La Riohacha de la contemporaneidad es moderna también por sus corrientes migratorias: ése es el escenario de la modernidad. No somos de ninguna parte, ya ha sido dicho antes, hasta que no enterramos un muerto. Y en la ciudad han crecido las raíces de quienes llegaron en busca de trabajo y encontraron la fuente de sustento para sus familias. Y han hallado un rincón los aventureros en plan de hacerse ricos o descubrir al menos la sombra de un árbol donde refugiarse o un afluente en donde saciar su sed de seguir viviendo felices; y han fijado su lugar los desplazados por la pobreza, quienes huían de la miseria, los desplazados por la violencia quienes hilvanan el sueño de encontrar un albergue para ocultarse del ciclón de la desesperanza; y también llegaron un día, algunos para quedarse, otros para hacer una escala prolongada, los buscadores del conocimiento, los investigadores, los descubridores de misterios encriptados en las cavernas del destino y los estudiantes deseosos de aprender y conocer mundos nuevos cobijados por el cielo protector en donde las estrellas parecen rosas dibujadas con el pincel de de la inocencia.

La Riohacha del presente es moderna por la sangre burbujeante de pasión que se desplaza rauda por las venas de sus comunidades indígenas; por la indeclinable y altiva raza wayüu resistente a los embates testarudos de los malos tiempos, a los lúgubres presagios de la ausencia y a las obstinadas amenazas de la muerte; por la inquebrantable raza de los hijos de los tayronas, remitidos a las entrañas de la Sierra en donde se enfrentan heroicamente y sin cansancio al péndulo de la desidia que se mueve insegura entre la paz de los sepulcros y la mortal profecía de los fusiles, escribiendo día a día la hazaña de la serenidad y la paciencia entre los surcos del insomnio y el rocío de la eternidad; y también por el aporte de de los zenúes, grupo pequeño pero visible, dolorido por la pérdida de su lengua pero acicateados por el milagro de su nuevo despertar en una tierra en donde encontraron seres como ellos, enfrentados por siglos a la nada cotidiana y al sol calcinante y acostumbrados como ellos a descubrir los secretos de la madre tierra.

La Riohacha moderna a sido receptora de más y más gente formadora de nuevas colonias, entre ellas la de Bolívar, Córdoba, Antioquia, guajiros no riohacheros y pobladores de los corregimientos vecinos. No llegan hoy los nuevos pobladores en masa y atraídos por un objetivo único como sucedió con los cubagüenses en el siglo XVI. Ahora los colonizadores vienen paulatinamente a buscar la bendición del trabajo escaso en sus lugares de origen o la posibilidad de adelantar estudios universitarios. La Universidad de la Guajira puede tomarse como una buena muestra de la nueva colonización de la capital Guajira. Sus docentes son oriundos en su mayoría de la Guajira pero también están vinculados profesionales de otros departamentos. En las distintas aulas es posible encontrar estudiantes de diferente procedencia, incluidos los nativos del interior del país, indígenas wayüu, Ika, cancuamos y zenúes. Y a propósito del l primer centro universitario de la Guajira es perentorio mencionar un caso especial relacionado con los estudiantes de Maicao.

El profesor Eider Fajardo, docente de la facultad de Ciencias de la Educación calcula en setecientos (700) el número de estudiantes del municipio fronterizo, quienes se transportan diariamente en el bus de la Asociación de Estudiantes de la Universidad de la Guajira Residentes en Maicao (EUGREM) o en otros vehículos; además otro grupo permanece en Riohacha desde el lunes hasta el viernes cuando retornan nuevamente a su terruño. Ese alto número de universitarios, unido a estudiantes de otras instituciones y los funcionarios maicaeros de la administración departamental y otras entidades vendría a conformar una curiosa “colonia móvil” o “pendular” que, sin embargo, no sería la única puesto que diariamente Riohacha tiene una significativa población flotante constituida por todas las personas provenientes de los municipios y corregimientos que se desplazan a adelantar diligencias en distintas oficinas públicas y de los campesinos que llegan a vender sus productos y a aprovisionarse de los artículos de primera necesidad.

En lo relativo a otro tema de palpitante actualidad en la Riohacha de todos los tiempos, pero sobre todo en la ciudad contemporánea, es ineluctable aludir a su diversidad cultural conformada por la mezcla de culturas distintas, razas diferentes, etnias y una tradición y unas costumbres mediante las cuales se conforma un escenario singular e irrepetible en el país. La mejor muestra de la interculturalidad en la región, pero especialmente en Riohacha, cuna de Francisco el Hombre, es la música vallenata en la cual se mezclan los sonidos vibrante y vigoroso de la caja africana; la respiración enérgica y rítmica del acordeón europeo y el sonido uniforme particular e inconfundible de la guacharaca americana. Son tres instrumentos representativos de tres continentes y de tres razas mezcladas en uno de los aires musicales más insignes de la cultura nacional.

La academia ha cometido en Colombia el error histórico de desconocer la participación del negro en el desarrollo de la vida nacional. No se puede cometer el mismo error al escribir líneas sobre la historia de los pueblos de la península, pues los pobladores africanos traídos a la fuerza, conforman una parte vital del pegamento cultural. Abel Medina Sierra, en su libro “El vallenato: constante espiritual de un pueblo” narra la forma en que se produjo la llegada por constreñimiento de los negros al Caribe colombiano: “Durante siglos este infame negocio llamado ‘trata de negros’ estableció puentes de desgracia, sudor, sangre y desarraigo que generaron un sincretismo que hoy alcanza altos niveles de afianzamiento en la población americana en general y en el Caribe en particular”

El mismo autor, citando a Escalante (1.981, p. 199) se refiere a los principales palenques del país durante la colonia, en el cual incluye el de La Ramada, en Dibulla. Los negros de hoy, no son unos visitantes forzados y resentidos por la forma como se les trajo, sino, por el contrario, constituyen una fuerza constitutiva de la esencia de la identidad riohachera y sería difícil imaginar no solo a la ciudad si no al país sin el aporte de los hijos de �frica y hermanos da raza de Padilla y Robles. En su libro “Cultura y sociedad criolla” Fredy González Subiría menciona el mestizaje musical de finales del siglo XIX y principios del siglo XX y se refiere a tres tendencias: La música criolla-granadina (mezcla de contradanzas y polkas), preferidas por la élites intelectuales; la música criolla-costeña (fusión de varios aires costeños como la rumba y costeños como el porro) y la música criolla-provinciana (canto de origen local que evoluciona hacia la puya, el merengue y el paseo rápido (González Zubiría, 2.005) La multiculturalidad es un asunto de vida en una ciudad de brazos, puertos y puertas abiertas a las gentes del mundo. Al invasor y al desplazado; al intelectual y al campesino; al joven y al viejo; a todo aquel cuyos pasos lo han conducido a las orillas del Río de la Hacha. En conclusión la historia de Riohacha es la de las perlas que anidan en la plegaria de los negros cicatrizando apenas las heridas de la ignominia. Es la historia que reside en el cementerio de los indígenas repitiendo una y otra vez que pertenecen a la tierra en donde yacen sus muertos. Y es también la historia de los blancos llegados como invasores pero adaptados al sol calcinante de su morada de ultramar en donde su existencia gira en el círculo magnético de la felicidad adquirida en una tierra lejana de la de sus ancestros pero próxima a la fragancia de sus ilusiones. &n bsp; &n bsp;

BIBL IOGR�F�ABravo Mendoza, Víctor. La Guajira en su literatura. Beca Fondos Mixtos Colcultura. Riohacha, 1.997 González Zubiría, Fredy. Cultura y Sociedad Criolla de la Guajira. Gobernación de la Guajira. Riohacha, 2005. Mendoza Pitre Jaime. Perfil del doctor Luis Antonio Robles Suárez. Inédito. Pitre, 2.005. Medina Sierra, Abel. Seis cantores vallenatos y una identidad. Fondo mixto para la Promoción de la Cultura y las artes de la Guajira. Riohacha, 2004 Medina Sierra Abel. El vallenato, constante espiritual de un pueblo. Convocatoria programa de estímulos a la investigación artística. Riohacha, 2002. Torres Almeyda, Jesús. El almirante Padilla. Ediciones EL TIEMPO. Bogotá, 1.981 Ezpeleta Ariza, Benjamín, La verdadera historia de Riohacha. El autor. Riohacha, 2001 Rutto Martínez, Alejandro. La Riohacha que queremos. Diario el Informador, septiembre 21. Santa Marta 2.005. Annicchiarico Robles, Marco Tulio. Fundación de Riohacha “Perla Preciosa”. Fondo Mixto para la promoción de la cultura y las artes de la Guajira. Riohacha, 2.005 Entrevistas: � Cuadrado Martínez Isabel� Gámez Pimienta, María de los Remedios� &nbs p; Guerrero Martínez, Juana Paulina� ; Martínez Murgas, Rafael� Melo Guerrero Elímenes� &nb sp; ; Pimienta, Máxima� ; Olarte Ortiz, Misael� Melo Guerrero, Audomenia



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1 comentario:

humberto.bustos@gmail.com dijo...

Había dicho en un comentario, que atendiendo a la fecha y paso de los conquistadores por tierras del Caribe colombiano, debió ser Alonso de Ojeda el primero,viaje de 1499, iba con Bastidas,De la Cosa y Américo vespucci.El segundo fué Bastidas, quien en 1503 recibió cédula real del Golfo de Urabá y el gran Cenú(zenúes).Pero resulta que encontré en Noticias historiales, que el primero que visitó las costas de la alta guajira, fué JUAN DE OJEDA, quienes desde la Española y Santodomingo en las barracas que dejó colón despues del 2 viaje,hicieron varios viajes a la costa Guajira, a buscar perlas, en un sitio llamado "el Anconcito"

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