martes, 12 de octubre de 2010

Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate sobre el proyecto de acto legislativa que redistribuye las regalías, plenaria del Senado

Octubre 5 del 2010

¿Por qué una reforma constitucional y no el cambio de la ley de regalías? Se trata de romperle la columna vertebral a un tipo de normas establecidas en 1991. El gobierno no puede certificar la bonanza porque no existe. La producción petrolera, igual a la de hace una década.
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Astucias estadísticas para montar cifras amañadas. Solo parte de la plata va hoy a las entidades productoras. Se manipula en forma infame el debate al presentarlo como un pleito entre los honrados del gobierno nacional y los pillos de los departamentos y los municipios.

No habrá revolución científico-técnica. Por el recorte a las transferencias, el gobierno nacional les quita a municipios y departamentos 76 billones de pesos. Hacia una dictadura fiscal. Lo regional, el comodín perfecto. El déficit fiscal: 24 billones. ¿Por qué no aumentar las regalías y los impuestos de las trasnacionales? Se persigue la plata buena de las regalías, no la plata mala de la especulación y el narcotráfico.

El Polo Democrático Alternativo es el único partido que por decisión de bancada ha decidido votar en contra de este proyecto. Espero tener el tiempo para hacer una explicación que precise algunos puntos que darán cuenta de por qué nos estamos oponiendo.

¿Por qué una reforma constitucional?

Comienzo señalando que el tema es bastante más complejo de como lo han querido presentar. Quien haya oído la presentación de los ponentes verá que en buena medida están convirtiendo el asunto en un tema de mover unos pesos para un lado y unos pesos para otro, como si eso fuera todo. Y planteada así la cosa, uno podría decir, bueno, un peso aquí, un peso allá, es algo que se podría resolver con relativa facilidad.

Lo que pasa, senadores y colombianos, es que el debate es mucho más complejo. Quienes algo entendemos de estos asuntos, como sucede con todos los presentes hoy aquí, nos hemos estado haciendo desde el principio una pregunta: ¿por qué si el proyecto se limita a mover unos pesos de aquí para allá, y de pronto a crear un fondo de estabilización, se intenta tramitar como reforma constitucional? ¿Cuál es la necesidad de convertir el tema de regalías en artículo de la Constitución? Si la cosa fuera tan simple como lo anuncian los ponentes, habría bastado con modificar la ley de regalías, una ley muy amplia que permite incluso crear fondos de estabilización y ese tipo de entidades. Este es el almendrón del debate, que el gobierno nacional, y pienso que también los ponentes, han querido soslayar. ¿De qué se trata entonces el asunto, qué es lo que se esconde por debajo de la superficie y de una discusión supuestamente sobre la equidad? ¿No hay un cambio de fondo en la Constitución? ¿No se trata de romperle las vértebras a normas establecidas en 1991? ¿No se oculta detrás de la retórica la desmedida voracidad centralista del gobierno nacional? ¿No se oculta detrás también toda la concepción neoliberal de la sociedad?

Les llamo entonces la atención a los colombianos para que se entienda que se trata de un debate bastante más complejo. ¿Qué es lo que se pretende hacer con el proyecto?

¿Cuál bonanza petrolera?

Antes de explicar cuál es el fondo del problema, quiero señalar algunas afirmaciones a mi juicio falsas, que aquí se han sostenido alegremente y que están en la base de la sustentación del proyecto. Lo primero, insistir en que no hay bonanza petrolera. Y espero que el ministro de Minas, cuando ahora se le dé la oportunidad de intervenir, nos diga aquí si él nos puede certificar las cifras suministradas por Planeación Nacional con respecto a lo que va a ocurrir en los próximos años y si nos puede certificar también los precios del petróleo. Pero no digamos los precios del petróleo, porque eso no lo puede certificar nadie. Aclárenos, señor ministro, si nos puede certificar los aumentos en la producción que el gobierno está presuponiendo en el proyecto. Porque esta reforma constitucional está montada suponiendo que va a haber un aumento importante en la producción, del orden del 30 y de hasta el 40 y 50%.

Es bueno que los colombianos sepan dos o tres verdades importantes con respecto a la producción. La producción petrolera en Colombia es básicamente igual a la de hace una década. No deja entonces de ser una necedad hablar de bonanza petrolera o de un gran crecimiento de la producción cuando tenemos casi la misma producción de hace diez años.

Y cuando se desglosa en detalle de dónde ha salido el incremento de la producción queda más claro todavía como es de endeble el supuesto con el que está montada la reforma. El crecimiento que hoy tenemos en la producción solo se explica por el incremento en los precios internacionales del petróleo, que ha permitido, primero, la entrada en producción de campos como Rubiales, yacimientos de crudos pesados, que con precios distintos no habrían entrado en producción. Y segundo, hemos podido subir la producción porque ha habido una producción incremental en ciertos campos viejos, como el de Infantas, en Barrancabermeja, que también han entrado en operación porque tenemos precios del orden de 80 dólares el barril. Luego si llega a suceder, cosa bien probable, que se dé una crisis de la economía mundial y caigan los precios internacionales del petróleo, no solo sufriremos una merma importante por la vía de los menores precios, sino que podrían salir de la producción campos de producciones incrementales como los de Barrancabermeja y muy seguramente se cerraría Rubiales, por no ser competitivo con precios del orden de 30, 40 ó 50 dólares el barril. Luego aquí no hay ninguna certeza con respecto a las cuentas alegres y a los pajaritos de oro que nos andan haciendo.

No solo están presuponiendo que lo de Rubiales y lo de los campos incrementales va a seguir funcionando bien, sino también que va a haber hallazgos importantes en nuevos campos, distintos de los viejos y de los crudos pesados. Y resulta que en los últimos años las reservas petroleras solo se han incrementado en 2% por los nuevos hallazgos. No ha habido un campo de importancia descubierto en Colombia en los últimos veinte años. Y podría suceder, cosa que yo lamento, que no aparezca de aquí al 2014 ese dichoso campo. Luego de nuevo, las cuentas resultan ser, me excusan la palabra, pajarilla. No hay cómo sustentarlas, no hay cómo demostrarlas, se están haciendo unas cuentas por completo alegres, por lo menos al día de hoy, aun cuando el día de mañana podría suceder otra cosa. Pero en las cuentas de hoy no hay cómo sustentar los tales aumentos en la producción. Y le pediría al señor ministro que ahora me contradiga, si es del caso, y me reafirme si el Ministerio certifica que los nuevos hallazgos van a ser de las proporciones que aparecen en los supuestos hechos por Planeación Nacional para justificar el proyecto de regalías.

Astucias estadísticas

En el tema de las regalías las cifras del gobierno resultan ser manipuladas, no solo por lo que acabo de explicar, sino por otra consideración. Si ustedes analizan los cuadros repartidos por Planeación, verán que aparece el nombre de un departamento y al final la plata nueva que supuestamente le va a llegar. Y aparentemente es así y las cuentas alegres las van a estar haciendo ahora los gobernadores y los alcaldes. Pero cuando yo los desagrego cuidadosamente, me encuentro con que en ellos hay una astucia. ¿Por qué? Porque en las cuentas está incluido el ciento por ciento de los recursos de las regalías como si les fueran a llegar directamente a los departamentos. Y no es así, porque hay que descontar el 10% de ahorro pensional, hay que descontar la plata que va para ciencia y tecnología, 10%, según se dice, y habría que descontar por lo menos un 30% del Fondo de Ahorro y Estabilización que tiene que ver con la revaluación. Luego la plata que le va a llegar a Antioquia o a cualquier otro departamento miren cómo puede terminar siendo: por cuenta del volumen de producción de crudo y de los precios, podría ser la mitad de lo que se está presuponiendo y, por cuenta de lo que van a dejar guardado o gastado en otras cosas, la mitad de esa mitad. Llamaría entonces al gobierno nacional a que seamos serios con las cifras y a no presentarlas de manera habilidosa para pintarles pajaritos de oro a las entidades territoriales de Colombia y poner a los departamentos a que se movilicen en contra de sus vecinos con el cuento de que ahora sí les van a llegar unas sumas inmensas de dinero. Lamento que sea así, pero es la realidad con la que hay que hacer verdaderamente las cuentas, porque o si no, se está manipulando a la opinión pública presentándoselas como no son.

Alguien me dirá ahora: no, senador, es que algún día la plata del fondo de estabilización les va a terminar llegando a los departamentos y a los municipios. Supongamos que sí, pero es algún día, cuando hayan caído los ingresos por regalías, porque para eso es que se construye ese fondo. Luego resulta falsa la matemática empleada en estas cuentas para sustentar el proyecto.

Solo parte de la plata va hoy a las entidades productoras

También es falso insinuar, porque aquí hay cosas que se dicen y otras que solo se insinúan en forma habilidosa, que hoy por hoy toda la plata es de regalías directas y les llega tan solo a los departamentos productores de hidrocarburos o de minería. No es cierto. El Fondo Nacional de Regalías, es decir, las regalías indirectas, un concepto todavía más amplio que incluye lo relacionado con puertos y con zonas especiales, concentra el 40% del total. Y el 60% restante serían las regalías directas de los departamentos y municipios productores. Luego, en el mejor de los casos, suponiendo que absolutamente toda la plata que hoy les llega a los departamentos productores se les expropiara y se le repartiera al resto de la nación, como en el famoso cuento de la mermelada en la tostada, lo que les toca equivaldría a un aumento del 60% del total de las regalías y no del ciento por ciento, como lo están dando a entender. Las regalías directas, repito, son las de los municipios y departamentos productores, y las indirectas, el 40%, es la plata del Fondo Nacional de Regalías que hoy maneja el gobierno nacional y no los municipios ni los departamentos productores.

Constituye también una manipulación, a mi juicio infame y quiero rechazarla de manera enfática expresando la indignación de estos compatriotas que, esta tarde, protestaron en las barras y que en mala hora fueron desalojados del Senado de la República. Y de paso pregunto: ¿de dónde salió el cuento de que un ciudadano no puede dar un grito ni aplaudir, de dónde tanto aspaviento cuando aquí vemos a los ministros y a los viceministros haciendo y deshaciendo y, digamos, atentando de tantas manera contra la dignidad del establecimiento? Lo que esos compatriotas en buena parte expresan es su indignación por la manera como se ha simplificado este debate, con el cuento de que es un pleito entre los honrados y los eficientes: quienes están de acuerdo con el proyecto, todos ellos de cuello blanco, pulquérrimos e impecables, contra un poco de pillos de los departamentos y los municipios y que en el mejor de los casos, si no son pillos, son ineficientes. Es una idea que rechazo, primero, porque no es cierta, segundo, porque evade el debate y tercero, porque en Colombia donde más plata roban es donde más plata hay, o sea, en torno al Presupuesto Nacional. Digámonos la verdad. El zar anticorrupción encontró que en Colombia se pierden 4 billones de pesos al año en la contratación pública nacional, casi la misma plata que el total de las regalías. Y en la ineficiencia demos un solo ejemplo, aunque podría dar muchos: del Fondo Nacional de Regalías: a 31 de diciembre del año pasado, se quedaron guardados 4 billones de pesos, que Planeación Nacional, es decir, el gobierno nacional, los supuestos campeones de la eficiencia, no fueron capaces de gastarse por una u otra razón, mientras inculpaban por ineficientes a la gente de los municipios y los departamentos.

Mientras haya libre comercio, no habrá revolución científico-técnica

Se ha sugerido también que va a haber una revolución científico-técnica en Colombia porque van a pasar unos pesos de las regalías a ciencia y tecnología. Hasta donde estoy viendo, van a terminar dilapidándose en cuanta ocurrencia aparezca en nombre de la ciencia y la tecnología, porque con un poquito de olfato se siente cómo se están moviendo las cosas. Yo, por razones obvias de mi vida académica soy amigo de la ciencia y la tecnología, pero debo hacer dos advertencias. La primera, ya hoy en día hay aprobada una plata grande del Fondo Nacional de Regalías para ciencia y tecnología, plata que si no se ha gastado como se debería es porque ni Colciencias ni las demás entidades son capaces de ejecutar esos gastos. Luego tampoco se arguya aquí que el gasto en ciencia y tecnología con la plata de las regalías acaba de aparecer y es una genialidad del gobierno de Juan Manuel Santos. Y repito, la partida podría aumentarse sin necesidad de una reforma constitucional. Pero supongamos que la transfieren toda y que a Colciencias nunca le ha llegado un centavo. Aun así, no es serio, y les hago un llamado cordial a nuestros contradictores, sostener que en Colombia va a haber una revolución científico-técnica cuando lleguen esos dineros. Una revolución científico-técnica es una empresa bastante más compleja que la de disponer de unos pesos. Y no me opongo a que se aprueben, lo dejo muy en claro. Me la pasé casi 30 años de profesor Universidad Nacional de Colombia y he sufrido el problema, pero les digo con franqueza: el desarrollo científico y tecnológico de Colombia estará muerto, enterrado, sepultado, mientras esté de por medio el modelo económico neoliberal, el del libre comercio. No importa cuánta plata le tiren, no va a ser posible resolver el problema, para que vayamos poniendo las cosas con claridad.

Y lo otro que no puedo dejar pasar es que si le untan por todas partes la mermelada al pan, se va a acabar la pobreza en Colombia. Lo insinúan también. ¡La revolución de las maravillas! Ahora sí en el Chocó no va a quedar un pobre ni para una foto, ni en el sur de Bolívar ni en ninguna parte. Cuentos, colombianos, paja, no es verdad. No importa cómo el gobierno reparta esos centavos, no va a resolver los problemas de la economía nacional, mucho más complejos que repartir cuatro pesos en un lado y cuatro pesos en el otro y que hacer uno u otro macroproyecto. Lo digo así con énfasis, porque siento un ambiente triunfalista que no puedo dejar pasar. Si algo tenemos que mostrar en los debates es objetividad. Es lícito afirmar que si se pasa una plata de un lado para otro algún efecto producirá, pero no me vengan a decir que la pobreza se va a acabar. Y tomé nota del reclamo formulado por un vocero de la Costa Atlántica cuando recuerda que el Fondo de Compensación, según el proyecto, va a durar apenas veinte años. Y me van a mí a meter el cuento de que los municipios más pobres de Colombia, esos del Chocó profundo, esos del Patía, van a salir de la miseria y van a equipararse al resto del país en los próximos veinte años. Muy sospechosas me parecen dos décadas, señor ministro de Hacienda, y quisiera que me explicara de qué manga saca usted esa cifra. Porque está cantado que ustedes van a liquidar ese fondo en el corto plazo y no encuentro una sustentación clara para dicha medida, si es que de verdad quieren tanto a los pobres.

Hacia una dictadura fiscal

Abordemos el fondo del asunto. ¿Por qué una reforma constitucional y no un cambio en el régimen de regalías por la vía de cambiar la ley, que habría sido facilísimo? Por algo que resulta obvio y cualquiera puede hacer la comparación. Hasta hoy la Constitución establece que los municipios y los departamentos, que no es lo mismo que regiones –y ojo, separemos regiones de municipios y departamentos o no se entiende lo que va a pasar–, tienen derechos constitucionales sobre las regalías, como también derecho a decidir sobre el gasto y otra serie de prerrogativas. ¿Qué es lo que en primer término les va a hacer el proyecto a los municipios y a los departamentos? Confiscarles esos derechos y trasferirlos al Estado, es decir, al gobierno nacional. Y se va a expropiar a todos los municipios y a todos los departamentos, a los que hoy reciben regalías directas y a los que las van a recibir el día de mañana. A mí me decía alguien en Ipiales el sábado pasado, senador Robledo, aquí estamos muy contentos porque parece que hubiera un yacimiento petrolero de importancia y nos van a llegar ahora sí buenas regalías. Pues bueno, a esos municipios a los que todavía nos les han llegado regalías directas se las van a expropiar por anticipado, porque una vez aprobada la reforma, quedan bajo el control del gobierno nacional.

No es la primera vez que sucede. Según la Federación Colombiana de Departamentos, los recortes a las transferencias les quitan a municipios y departamentos entre el 2002 y el 2016 la suma de 76 billones de pesos, ¡76 billones de pesos!, que el gobierno nacional se embolsilla. Y es lo mismo que se les viene encima, como lo voy a demostrar enseguida. El gobierno nacional los expropia para definir sobre su gasto y para convertir los gastos municipales, llamados “chichigüeros” por el ministro de Hacienda, en gastos nacionales o de macroproyectos.

Detallémoslo un poco. ¿Cómo va a quedarse con todo el gobierno nacional? Ya he señalado que para poder hacerlo está recurriendo a una reforma constitucional. En segundo término, el proyecto de acto legislativo establece que “el Congreso, por iniciativa del gobierno, reglamentará…” Significa que nosotros aquí no podremos introducirle ninguna modificación a la ley reglamentaria sin el aval del gobierno nacional. Luego la ley terminará ajustándose a los deseos del presidente de la República. Voy a dejarlo todavía más claro. Cuando se adelantó el debate en la Comisión Primera, los congresistas que lo votaron a favor le agregaron un parágrafo al proyecto, precisando que si el Congreso no lo reglamentaba, lo haría el gobierno nacional. Queda claro entonces que el gobierno impondrá lo que se le antoje. Es lo que dice textualmente el proyecto, no lo que se está inventando el senador Robledo.

Agrega el texto aprobado en primer debate que las regalías no harán parte del presupuesto nacional. La propuesta significa que ni siquiera podrá haber control mínimo por parte del Senado y de la Cámara, que de alguna manera expresan aspiraciones regionales. En resumen, ante lo que estamos es ante una especie de dictadura fiscal en beneficio del Ejecutivo. Es el Ejecutivo el que va a controlar las regalías en la Constitución, el que las va a controlar en la ley reglamentaria y el que no las va a dejar pasar por el presupuesto nacional, y todavía me alegan que el proyecto entraña un cambio hacia una concepción democrática. No, es un golpe de muerte a la descentralización. ¿En qué quedan tantos cuentos descentralizadores que les oye uno a diario a los dirigentes políticos? ¿O es que la descentralización se limita a mantener a los dirigentes de departamentos y municipios con el brazo encalambrado a la espera de que el presidente de la República les tire unos centavos? Si hay algo que en Colombia se ha vuelto una farsa es la idea de la descentralización.

Y como si fuera poco, y es un detalle menor pero les desnuda el alma, van a eliminar el Fondo Nacional de Regalías, donde hay 4 billones de pesos de los municipios y los departamentos, especialmente de los primeros. ¿Alguien aquí quiere apostar conmigo quién se va quedar con esa plata? Se lo digo de una vez, el gobierno nacional. Obvio que se va a quedar con esa plata y se va a embolsillar otros 4 billones, un golpe de muerte no solo a la descentralización sino también a la separación de los poderes, senadores, un fuero que nosotros debiéramos defender, porque se supone que fue para eso para lo que nos eligieron. ¿Aceptaríamos un Congreso de la República, con un Senado y una Cámara, renunciando a decidir con seriedad sobre gastos tan importantes como los de las regalías? Yo les pregunto: ¿de qué separación de los poderes estamos hablando? Lo que camina es una dictadura fiscal en cabeza del presidente de la República.

Lo regional, el comodín perfecto

Como ya estas denuncias venían planteándose, los ponentes decidieron hacerle unas reformillas al proyecto y por todas las páginas aparece ahora la palabra regional. Todo se volvió regional. Fondos regionales, proyectos regionales y que viva la región. Senadores, veteranos todos aquí, ¿qué es la región en Colombia? ¿Dónde está consagrada constitucionalmente? Hoy en Colombia las regiones son más una entelequia que una realidad. Y podemos lamentarlo, si ustedes quieren, pero ese es el hecho. ¿Qué es lo que entonces se pretende esconder? En la Constitución lo que hay establecido es lo municipal y lo departamental, entidades conocidas, delimitadas con precisión, con jefes, los alcaldes y los gobernadores, con asambleas y concejos, con presupuestos propios. Pues todo ahora lo vuelve regional el proyecto de acto legislativo.

¿Qué son las platas regionales? No pasan de ser lo nacional disfrazado de regional. Será el gobierno nacional el que se arrogue el derecho de definir qué será en adelante lo regional y así sustituir gastos municipales y departamentales por gastos nacionales, presentándolos como regionales. Alguno de ustedes tal vez replique que el senador Robledo hila muy fino y que no es cierto que el gobierno nacional esté en el plan de despojar a departamentos y municipios y tampoco que se vaya a disfrazar de regional lo nacional.

Pues le cuento que en el presupuesto del 2009, el gobierno nacional despojó a los municipios y a los departamentos de 240 mil millones de pesos del Fondo Nacional de Regalías convirtiendo en gastos nacionales lo que eran gastos municipales y departamentales. Le cuento también que en el presupuesto nacional del año 2010 apareció una partida de la misma estirpe por 100 mil millones de pesos. Y en presupuesto del año entrante, en el artículo 57, se establece que de la plata del Fondo Nacional de Regalías, hoy de los municipios, se podrán hacer transferencias a gastos del gobierno nacional. Y hay un artículo nuevo que tiene la desvergüenza de presentar el asunto todavía peor, porque establece que las platas del Fondo Nacional de Regalías se podrán utilizar en gastos de salud, pero no de la salud de municipios y departamentos sino de la salud en general. Si no fuera así, para ello no se habría necesitado un artículo nuevo. ¿Quién quiere apostar aquí conmigo a que el texto hace alusión a grandes transferencias al sistema financiero de la salud, anticipando en el presupuesto del 2011 lo que va suceder más adelante cuando se apruebe este proyecto de acto legislativo?

(Se ve interrumpido por el senador Luis Fernando Velasco, quien cuestiona la cita del artículo 57).

Robledo: Si me da tiempo, le traigo el artículo. Repito que estoy hablando del presupuesto nacional y que ya el gobierno nacional le ha venido sacando platas al Fondo Nacional de Regalías para gastar en sus compromisos.

(El senador Velasco presenta excusas).

Continúa Robledo: Como si fuera poco, el ministro de Hacienda ha sido enfático en señalar en más de una ocasión, y está por escrito, que aquí no se puede seguir con los gastos chichigüeros. ¿Qué es un gasto chichigüero? Diría que es como llama un magnate el gasto muy importante de un pobre, por ejemplo, una vía de penetración en un municipio perdido de Colombia, un puente que desatasca una vereda, una escuela en una zona apartada. Y nos ha repetido el ministro Echeverri que no más gastos chichigüeros. Y nos ha puesto como ejemplo de lo que debe hacerse con la plata de las regalías, colombianos, el túnel de La Línea. Y el ministro Rodado nos puso como ejemplo un ferrocarril que une a Riohacha con Cartagena. Y acabo de oír a un senador afirmando que otro ejemplo es el Ferrocarril del Carare. No tengo nada en contra de los grandes proyectos. Me encantan los grandes proyectos. Pero aquí la pregunta del millón es por qué, siendo deber de la nación, se van a hacer con la plata de los municipios. Por qué se va a hacer el túnel de La Línea con la plata del municipio de Piedras, en el Tolima. Por qué se va a hacer la gran obra que quieren hacer del ferrocarril a Cartagena, en caso de que fuera medianamente sensato, con la plata de un municipio del Cesar. Este es el debate cardinal de la descentralización.

Sí. Muy chichigüeros los gastos y también chichigüeros los contratistas, porque también sé que detrás de los contratos chichigüeros hay contratistas chichigüeros. Pero también que detrás de los macroproyectos hay macrocontratistas. Sería bueno que de una vez nos lo dejaran en claro.

Esa figura de los gastos regionales, repito, no significa otra cosa que ejecutar obligaciones nacionales con la plata de los municipios y de los departamentos.

El déficit fiscal y las gabelas a las trasnacionales

Paso a examinar otro aspecto que nadie ha mencionado, lo que no deja de ser muy curioso, y es que tenemos un Estado central, un gobierno nacional más que quebrado. El déficit fiscal de este año asciende a 24 billones de pesos y equivale al 4,6% del Producto Interno Bruto. ¿Y todavía alguien me va a aducir aquí que la reforma constitucional no tiene que ver nada con el déficit? Esta semana, no recuerdo si en El Espectador o en El Tiempo, sostenía el ministro que el proyecto debe también contribuir al equilibrio fiscal, afirmación que ratifica lo que vengo diciendo: una parte de la plata va a ir a macroproyectos y otra a sustituir gastos nacionales para mejorar las finanzas públicas y seguir alimentando la voracidad infinita del gobierno nacional.

¿Cómo absolver el déficit? Aquí ahora, y también en la Comisión Quinta, varios senadores han insistido en un tema que debería ser parte de la discusión: ¿por qué no se tocan las regalías y los impuestos de las trasnacionales? Este debate en últimas parece un poco medio absurdo, por cuanto todo el mundo está jalando de la misma sábana pequeña y si se tapan unos, se destapan los otros y así jamás se van a resolver los problemas comunes. Pero curiosamente, el gobierno nacional, que ve tantas cosas, no parece advertir, porque no mueve un dedo en tal sentido, que las regalías son ridículamente bajas. Las regalías del oro son del 4%, y aun peores si se aplica una frasecilla que aparece en las leyes. En resumen, las trasnacionales no pagan ni el nada por ciento por el desastre ambiental que causan. Tenemos en el petróleo una de las peores regalías del mundo, del orden en promedio del 8%. Las del carbón son malísimas.

También nos avergüenzan las exenciones tributarias. Cuando uno cruza, por ejemplo, dos exenciones tributarias, no todas, solo dos, y de las más pequeñas, otorgadas a Drummond en La Loma, la suma equivale al 76% de las regalías que por ese contrato le paga esa empresa a Colombia. Luego le estamos regalando el mineral en medio de un desastre ambiental de proporciones, desastre que además, recordémoslo, porque suele pasarse de soslayo, termina siendo pagado por las gentes de las regiones productoras. El desastre ambiental del Cesar no lo pagan los departamentos y municipios no productores, como tampoco el desastre ambiental de Arauca y Meta, hecho que no se puede soslayar en el debate. Y es a ellos a quienes les quedan la gran migración, la prostitución, la drogadicción, todos los problemas sociales que suelen acompañar estos proyectos mineros. ¿Y saben ustedes qué es lo peor de todo? Que según la Contraloría General de la República, el Estado colombiano les cree a las trasnacionales de la minería y del petróleo por buena fe. Como el gobierno nacional no tiene cómo constatar las cifras, les cree a estos tiburones del capital trasnacional las cifras que le dan por buena fe, cifras en las que por supuesto perdemos hasta la camisa.

Se persigue la plata buena, no la plata leprosa

Terminemos hablando del Fondo de Estabilización. Lo han explicado aquí varios senadores. Una plata importante se va a guardar en un fondo el exterior, como plata leprosa que no debe entrar a Colombia, y con tasas ridículas de interés. El argumento es que si entra, se genera revaluación y si se genera revaluación, se acaban de quebrar la industria y el agro, cosa que es cierta. Uno en principio podría incluso estar de acuerdo con que una plata importante se ahorrara de acuerdo con esta lógica de impedir la revaluación. Y digamos que en un análisis académico –y en el plano teórico lo puede uno entender y hasta aceptar. Pero es que el diablo está en los detalles. Se está tratando esa plata como si fuera una plata leprosa. Y esta mañana, en la Comisión Quinta, le preguntaba yo al ministro Echeverri por qué no se persiguen los 4 mil millones de dólares que entran al año del narcotráfico. Ya ni se habla de la ventanilla siniestra. Dónde está el Estado persiguiendo la plata del narcotráfico, 4 mil millones de dólares al año, más de la mitad de lo que valen las regalías, y no se mueve un dedo en contra de una acción criminal y que genera revaluación de la moneda.

Y por qué no se persigue el carry trade, le decía también, especuladores internacionales que todos los días entran por avión a Colombia con maletas inmensas de dólares y de euros, plata de especuladores que le hacen al país un daño descomunal al entrar y se lo harán al salir, porque se van como capitales golondrinas. Cuando yo veo entonces que no se persigue la plata mala, esta del narcotráfico y de los especuladores, y sí la plata buena de las regalías, porque es plata del Estado colombiano, vuelve a parecerme muy sospechosa la sustentación del proyecto. Porque se presenta además como un ahorro y uno en principio también dice, ahorremos. Pero el ahorro presupone ingresos suficientes, capacidad de gasto. Decirle al hijo que no le vamos a dar estudio porque se lo vamos a dar al nieto o decirle a la familia que no hay almuerzo el lunes porque se va a almorzar el viernes no deja de ser por lo menos curioso y sospechoso. Luego este debería ser tema de más análisis y no basta despacharlo con una simple fórmula.

Y además de esas platas malas, también uno se pregunta por qué no se persiguen otras, menos malas o menos buenas, si ustedes quieren, que se deberían estar controlando y haciendo esfuerzos para poder gastar nuestros recursos. Es que resulta que en Colombia hace falta plata. Aquí no va a ser tan fácil explicarles a los pobres de Colombia que mañana haya en ese fondo dos mil o tres mil o cuatro mil millones de dólares, no sé a cuánto pueda llegar porque están hablando de platas grandes, mientras que en el Chocó se está muriendo de hambre la población, igual que en los Llanos Orientales y en el sur de Bolívar y en todas partes.

El papel del Banco de la República

Llama la atención otra norma que debería ser motivo del debate: por qué la plata del Fondo va a ser administrada por el Banco de la República y no por el gobierno nacional, el propio Ministerio de Hacienda o el Ministerio de Minas. Aquí nos van a responder que el sistema ofrece ciertas garantías. Yo con franqueza les digo que sí, que ofrece garantías, pero al capital extranjero. El Banco de la República es capaz de dejar morir de hambre a este país con esa plata guardada para no ir a perturbar los intereses del capital extranjero. Es una institución que le obedece primero que nada al Fondo Monetario Internacional, antes que al propio gobierno de Colombia. Debería ser otro tema de debate, pero tampoco nadie lo menciona.

Lo último que voy a decir en dos minutos ameritaría un debate entero. El proyecto hace parte de ese cuento de la Regla Fiscal y guarda estrecha relación con la ley de sostenibilidad fiscal. Aquí lo que el nuevo gobierno está volviendo norma constitucional, y esto es muy grave, es una ideología económica y política precisa. Está constitucionalizando más que nunca el neoliberalismo, el libre comercio, las orientaciones del Fondo Monetario Internacional, la determinada manera de pensar de Juan Manuel Santos, que se aprovecha de una mayoría transitoria para introducir en la Carta modificaciones de altísimo peligro para la economía nacional, como la sostenibilidad y la regla fiscal y esto de entregarle al Banco de la República la administración del Fondo de Estabilización y el propósito de no perseguir la plata mala sino la buena.

Como ustedes ven, el tema es bastante más complejo de como se ha querido presentar aquí cuando se intenta hacer creer que basta coger estos 4 pesos de aquí y pasarlos para acá y que no importa, porque les quitamos a unos pobres para darles a otros, y todo en un galimatías que no resiste análisis. Entiendo que para efectos de conseguirse unos votos, irse a un departamento con 4 pesos más, así hayan sido obtenidos de una manera tan discutible, seguro que dará sus réditos políticos. Pero por supuesto que no es así como el Polo Democrático Alternativo hace sus análisis.

Dejo constancia de que en los departamentos que van a ser afectados probablemente sean los sitios donde más votos sacó Juan Manuel Santos, no el Polo Democrático Alternativo. No estamos haciendo un debate oportunista, sino fijando una posición de principios que vamos a llevar por todas las universidades para poner la discusión donde es: por qué el gobierno nacional va a expropiar a las regiones de sus derechos constitucionales, por qué se va a centralizar el gasto, por qué se pasó de gasto municipal y gasto departamental a gasto regional. Que alguien me diga qué diablos es una región en Colombia, pero de manera expresa, legal y definitiva y no esta especie de mescolanza que andan haciendo, tanto que esta mañana un ministro decía que si no nos gustaba este amontonamiento, pues que nos inventáramos otro. Porque al final lo único que le importa al gobierno es que prime una lógica que por supuesto nosotros en el Polo Democrático Alternativo no podemos compartir de ninguna manera.

Estas son algunas de las razones, no agotamos el tema, por las cuales el Polo Democrático Alternativo no vota positivamente el proyecto.

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