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viernes, 1 de abril de 2022

Las historias de Beruski (parte 7)

 


Escrito por:
Mirollav Kessien

A unos metros de distancia, como salida de la nada, se encontraba una enorme roca contra la cual se estrellaban rabiosamente las olas, y lo peor de todo era que el barco se dirigía raudo a su encuentro. El capitán corrió hacia el timón y dio un primer viraje de tal brusquedad que algunos pasajeros rodaron por el suelo. Una dama de edad mayor estuvo a punto de ser arrojada por la borda hacia el enfurecido océano y habría caído a lo más profundo de no ser por la oportuna intervención de Beruski, quien se soltó del mástil al que se encontraba aferrado y la tomó por un brazo hasta llevarla a un poste al cual la ató con una cuerda.

Leer la parte seis de Las Historias de Beruski

Cuando Beruski se dirigía de nuevo hacia su momentáneo refugio el barco viró de nuevo con salvaje violencia y pasó tan cerca de la roca que todos temieron el choque fatal. Beruski no alcanzó a sostenerse, tambaleó, intentó agarrarse al pido de la cubierta, a las cuerdas de estribor, a cualquier objeto que pudiera agarrar, pero finalmente fuerzas superiores a él lo lanzaron al mar.

Cerca de él pudo ver por última vez el barco sorteando las olas en un movimiento irregular, que sin embargo le permitió esquivar la mole de piedra que por poco lo destruye.

En medio de las olas el soldado entendió lo complicada que era su situación y sintió que por primera vez en mucho tiempo su vida corría peligro pues sus fuerzas y su razonamiento poco podrían ayudarlo.  No podía esperar ayuda desde el barco porque el buen capitán concentraba su valor y conocimientos en salvar la nave y la vida de todos los pasajeros, además, era muy probable que en medio del ruido y el terror provocados por la inclemente tempestad ni siquiera se habrían dado cuenta de su infortunio y mucho menos de su ausencia.

En medio de la inmensa oscuridad los relámpagos iluminaban los alrededores y así pudo ver un mar aún furioso y erizado de rocas de todos los tamaños además de aguas ondulantes que avanzaban en todas las direcciones a merced del viento

¿Cuánto tiempo podría resistir aún?

Por un momento le vino a la memoria el recuerdo de la frase que su amada madre pronunciaba cuando la situación era más complicada que de costumbre: “Me siento como tres en el anca de un piojo siendo yo la de más atrás”  Después de escucharla la gente sonreía por la exageración. Pero Beruski en ese momento no tenía ninguna razón para sonreír, estaba en el medio de la nada, con un cielo oscuro sobre su cabeza y peñascos filosos alrededor, además de una fuerte brisa que no amainaba con el paso de las horas.

Se detuvo a pensar en el significado de la vida a la que tanto le había dado y de la que mucho había recibido. Y en la muerte, a la que ahora sentía tan cercana y amigable. Había predicado siempre que vivir mejor no es vivir en el océano de la abundancia y en un mar de  lujos sino acudir puntual a los dictados del corazón.   Y lo que su corazón le dictaba era que su hora aún no había llegado aunque la tozuda y húmeda realidad del momento le estuviera enrostrando que el final estaba cerca.

No había pasado mucho tiempo desde cuando fue arrojado del barco pero a él le parecía que eran largas horas y se sentía frustrado por la impotencia, por la imposibilidad de ayudarse a sí mismo cuando había dedicado la mayor parte de su vida a ayudar a otros y a sobreponerse a todas las adversidades que las circunstancias le ofrecieran. Pero su hábitat era el desierto, en tierra firme, arena y piedras y no en medio del mar, amenazado por el agua y el viento, en medio de la profunda oscuridad y sin esperanzas de ser  socorrido  por los ángeles o por los hombres.

De repente las olas lo hundieron y lo volvieron a alzar, había dado un viraje de ciento ochenta grados y ahora alucinaba con una lucecita que veía a cierta distancia. Se quitó parte del agua del rostro y contempló bien aquella tenue luz. ¿Sería producto de la imaginación? ¿Se trataba de un espejismo? ¿Su desesperación lo conducía a ver lo que no existía?  ¿Qué significaba aquella luz titilante y difusa?

Se preguntó si podría descifrar ese nuevo secreto del misterioso mar


domingo, 20 de marzo de 2022

Las historias de Beruski (Cuarta parte)

 Escrito por: Mirollav Kessien

A lo lejos veía dos personas que discutían acaloradamente, lo cual no era normal en esos lugares por los que ahora transitaba, pero lo que realmente le causó preocupación fue el hecho de que se trataba de una mujer y un hombre, pero aquella dama, además, era honrada por los hilos plateados que surcaban sus cabellos.

¿Sería esta su primera oportunidad para hacer el bien? ¿Aquella mujer mayor necesitaría de su protección y de su fuerza para defenderla de aquel señor de edad mediana que se limitaba a escuchar y algunas veces también gesticulaba con rabia?

Muy pronto estuvo junto a los dos y se ubicó a una distancia razonable por si era necesario intervenir en favor de aquella frágil mujer que continuaba con sus airados reclamos al hombre y estaba a punto de agredirlo.

-¡Paz, por favor!, gritó Beruski para llamar la atención de la pareja

Ambos guardaron silencia por un instante y sus ojos se fijaron en la enorme figura del recién llegado a quien no habían visto aproximarse.

-Si puedo ayudar en algo, pueden contar conmigo

-¿Y quién es usted?, preguntó la dama aún acalorada

- No soy nadie mi querida señora, respondió Beruski. No se necesita ser alguien importante cuando se trata de defender a una mujer. No se requiere ser autoridad para decir que la más humilde paz es mejor que la más altiva violencia. No Hace falta un juez cuando los seres humanos son capaces de hablar mirándose a los ojos y decirse palabras llenas de verdad desde el fondo del corazón.

- ¿Y siempre anda por ahí, metido en lo que no le importa?, volvió a preguntar la dama

- Digamos que no siempre, pero en este caso particular me interesa mucho que ustedes no sigan en su pelea. Me agradaría que los dos dieran fin a sus desacuerdos y puedan entrelazarse en un saludo de amigos. La verdad me dio mucho temor al verlos pelear, pensé que se iban a agredir.

- Todo es por culpa de este truhán, granuja y estafador, gritó la señora en referencia a aquel hombre que no había vuelto a decir ni una sola palabra, hasta cuando balbuceó un tímido

-  Señora, no diga eso, por favor, ya le he dado varias veces mis explicaciones.

- ¿Qué está pasando aquí?, preguntó Beruski mientras se interponía disimuladamente entre los dos para evitar que se agredieran

- Caballero, gracias por sus buenas intenciones, en lo que a mí respecta puede usted estar tranquilo, desde que me volví bueno de aparté de las riñas de vecinos y decidí consagrar mi vida a no hacerle mal a nadie.

- Ah, ¿con que te volviste bueno? Lo increpó la dama, si es así entonces págame la plata que me debes ¡Estafador!

- ¿Cómo así que usted le debe dinero a la señora?, interrogó Beruski

-Es lo que ella dice, respondió el hombre y en verdad me dio un dinero el cual le devolveré íntegro cuando lo tenga.

- A ver, a ver…volvió a intervenir Beruski. Usted dice que este caballero le debe y usted reconoce la deuda, le dijo a cada uno. Lo que deben es fijar una fecha de pago y se resuelve este asunto.  ¿Podrían decirme cuál es el origen de la deuda?

- ¡Eso es lo de menos!, gritó la señora casi histérica. Aquí lo único importante es el dinero que me adeuda. ¡Mi dinero! ¡El que gané con tanto esfuerzo!

-Yo creo que el origen de la deuda no es lo de menos, manifestó el hombre. Verá usted mi buen señor, esta dama, ahí donde usted la ve toda rabiosa me contrató para hacer algo abominable…y no fui capaz de hacerlo

-Explíquese por favor

- Sí señor, hace un mes leí un aviso clasificado en el periódico en el que solicitaban los servicios de alguien que necesitara trabajar. Como mi situación económica era deplorable acudí a toda prisa a la dirección indicada en donde encontré esta señora. Abrió la puerta con sigilo, me hizo entrar a su casa, y me habló en voz muy baja, todo ese ambiente comenzó a causarme temor.  Después de que termináramos cada uno su taza de té fue cuando me dijo para qué clase de trabajo me necesitaba. Usted no me va a creer cuando le diga de qué se trataba su odiosa propuesta…

-Beruski, miró a la señora quien tenía las mejillas coloreadas de rojo y el rostro inclinado

- ¿Podría usted ser más explícito?

- La señora, antes de decirme cuál era su necesidad, me entregó un sobre con una voluminosa suma de dinero. Cegado por la ambición y acosado por la necesidad, recibí los billetes y le prometí que por esa suma iría hasta el final del mundo si fuera necesario. Me dijo que esa era apenas la mitad del pago, lo cual me emocionó mucho. Pero la alegría se me acabó cuando me dijo cuál era la tarea que debía cumplir. Todavía me arrepiento de no haberle dicho que no de inmediato…

Continuará

Leer la tercera parte de esta serie

Leer la quinta parte de Las historias de Beruski


viernes, 18 de marzo de 2022

Las historias de Yosep Beruski

Escrito por: Mirollav Kessien

Yosep Beruski era un hombre de guerra muy curtido en las artes militares a las que había dedicado buena parte de sus mejores años. Recorrió pueblos traslúcidos por el terror, veredas solitarias, Caminos inhóspitos y desiertos rigurosos defendiendo los principios de su patria y enarbolando la fe en la pacificación del mundo mediante la disuasión a los violentos por medio del poder silencioso pero presente de las armas.  Era un hombre forjado en las luchas y en las carencias, pero amaba el colorido de la naturaleza y respetaba la lealtad militar. Según sus creencias la mejor guerra era la que no se hacía, y las armas eran mejores cuanta menos necesidad había de utilizarlas.

Pasados algunos años de servicio Beruski se enteró en el casino de Los Leones del Desierto (así se llamaba su compañía) que por los años de servicio cumplidos tenía derecho a un año de descanso remunerado, es decir un año en el que podría hacer lo que quisiera, como recuperar el descuidado jardín del traspatio, reorganizar la pequeña finca familiar, podar los árboles de la terraza o terminar algunos estudios pendientes desde hacía algún tiempo.  Le sedujo la idea de hacer una pausa en su vertiginosa carrera y tomarse un tiempo para asomarse por otra ventana, diferente a la de su rutina de los últimos veinte años. Y también para demostrarse que la disciplina y el fervor aprendido en el mundo de las armas le podía ser útil en los pasillos de la tranquilidad.

Radicó su solicitud una mañana fresca, sin muchas esperanzas de que le respondieran pronto.  En el sobre que dejó en la posta se podía leer el asunto: Solicitud de un año XX.  Se devolvió a la sede de su regimiento y comenzó los preparativos para la misión que cumplirían durante ese mes en el desierto de La Franja, llamado así por que era una reseca y estrecha porción de tierra ubicado en la frontera.

Partirían a la mañana siguiente en un convoy especial protegido por helicópteros artillados y se desplazarían a ese lugar ubicado casi en el fin del mundo en donde las temperaturas eran hasta de cuarenta grados bajo la sombra con el agravante de que no había sombra en ninguna parte.

Llegado el día se intensificaron los preparativos para el duro viaje, los soldados se desplazaban presurosos de un lugar a otro como hormigas desesperadas ante la inminencia de un aguacero.  Los motores zumbaban tratando de poner los motores a punto, los helicópteros se movían por los cielos como un enjambre de mosquitos atolondrados por la furia del viento, los oficiales gritaban órdenes que nadie parecía escuchar debido a la agitación y al ruido imperante, los pasillos estaban atiborrados, los morrales estaban llenos de utensilios y casi se reventaban, además las sirenas ululaban cada veinte minutos para anunciar que se aproximaba la hora del viaje y todos deberían estar listos.

- ¿Por qué tanto movimiento, señor ministro, acaso vamos a la guerra? Le preguntaba un periodista al responsable de la defensa nacional

-No señor, nunca habíamos estado en un momento de más tranquilidad, son movimientos de rutina que hacen las tropas cada determinado tiempo. No hay nada de qué preocuparse.

Dinos ayudó a Yosep a echarse el morral a la espalda y ahora le devolvía el favor a su compañero cuando fue alertado de que su nombre era mencionado por los altoparlantes. Se apresuró en la tarea de colaborarle a su amigo y cuando todo estuvo listo se acercó a la cabina de información para saber por qué su nombre se había escuchado en ese amplio salón. Por toda respuesta el encargado puso un sobre color caqui en sus manos y volvió a su tomar el micrófono en sus manos para ofrecer más información a sus precipitados oyentes. 

Continuará

¿Te interesa leer la segunda parte de esta historia?

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