viernes, 29 de mayo de 2009

La Batalla de Pichincha y su legado histórico

Por: Subpn-in Pacheco Manya Luis

ESCUELA DE INFANTERIA DE LA FUERZA TERRESTRE DEL ECUADOR

La historia es inmortal, como inmortales son los pueblos que hicieron su historia y los hombres y mujeres, nacen y viven a través del tiempo, cuando sus vidas han sido dignas de perpetuarse a través de los siglos.

Como un pequeño homenaje a los ilustres Grancolombianos, gestores de la heroica Batalla de Pichincha, cuna de la libertad de América, al conmemorarse este 24 de mayo, un aniversario más de la gloriosa batalla (187 años), me permito evocar de manera sumaria los hechos reales de este acontecimiento.

Con el fallecimiento de Murgeón volvió a hacerse cargo del Gobierno de Quito el Presidente Aymerich, y por renuncia del Coronel Tolrrá se dio el mando del Ejército al Coronel López, el traidor de Babahoyo

Paralizadas las operaciones en Venezuela y en el norte y oriente de Nueva Granada, al entrar en ejecución el Tratado de Armisticio, concertado en Trujillo. Bolívar fija su atención en el sur de Bolivia y en los Departamentos de la antigua Capitanía General de Quito y aunque su primera intención fue ir a darles el impulso de su autoridad, confiado en la capacidad de Sucre, lo designa Jefe de las Tropas patriotas que operan en Pasto y Popayán, y posteriormente, Comisionado Especial ante la Junta Suprema del Gobierno de Guayaquil, instaurada el 9 de Octubre de 1820, con el fin de presentarle la Carta Fundamental de la Gran Colombia, insinuar la conveniencia de la cooperación de Guayaquil a Colombia, y en último caso, ofrecer los auxilios para el desarrollo de la guerra cuya dirección debe asumir el General Sucre.

La batalla, que selló la libertad a nuestra patria, fue la culminación de una campaña que se inició con el triunfo de la Revolución del 9 de Octubre de 1820, cuando Guayaquil proclamó su independencia; pues los patriotas guayaquileños, comprendiendo que la libertad no sería completa mientras Quito estuviera bajo el dominio de los españoles, organizaron una fuerza militar a la que llamaron “Armas Protectoras de Quito”, y al mando de Luis Urdaneta y León de Febres-Cordero marcharon hacia el interior para tratar de libertarla.

El 03 de Febrero de 1821, Sucre, en su marcha hacia Popayán y Pasto llega a Salto de Mayo, en momentos en que las tropas patriotas vienen en plena retirada a consecuencia de la derrota que les infligió el General Calzada el 2 del mismo mes y año en Jenoi. Asume el mando, restablece la confianza y asegura la reconstrucción de los Cuerpos, obteniendo de Melchor Aymerich, último Presidente de la Real Audiencia de Quito, por conducto del Coronel Basilio García que ese frente de la guerra quede comprendido en las bases del Armisticio de Trujillo.

De esta situación, en los primeros días de Mayo, en cumplimiento de las instrucciones del Libertador, entrega el mando de las Fuerzas en Popayán al General Pedro León Torres y se embarca con algunos cuerpos de tropa en el puerto de Buenaventura y arriba a Guayaquil el 14 de Febrero de 1821.

Ante la resistencia que encuentra en la Junta de Gobierno para considerar la incorporación de Guayaquil a Colombia, cuya alta representación sólo acepta los auxilios ofrecidos y que Sucre asuma la dirección de la guerra, el jefe colombiano entra en el ejercicio del mando y asegura su crédito con una intensa labor de organización, imponiendo el orden, la disciplina y dominando la situación creada por el Coronel López, reaccionario realista, que a la cabeza de un Cuerpo de Tropas y la Escuadra promueve la más fuerte sublevación de Babahoyo.

Apenas ha logrado unificar los esfuerzos y contener las prevenciones de los diversos partidos, cuando se entera del avance ofensivo de Aymerich sobre Guayaquil. En los primeros días de agosto marcha a la cabeza de un cuerpo de 1.200 plazas y se establece en Babahoyo, posición central que le permitirá actuar contra los agrupamientos realistas: Aymerich con 2.000 hombres se ha situado en Sabaneta, y González, que dispone de 1.000 hombres en Cuenca.

A la aproximación de los agrupamientos realistas que tratan de unirse en Babahoyo, y a sabiendas de la situación de Sucre, éste contiene con falsos movimientos a Aymerich en las posiciones de Palo Largo y le impone su repliegue a Sabaneta, cuya circunstancia aprovecha hábilmente para sacar a marchas forzadas sobre el Agrupamiento de González a quien bate y destruye completamente el 19 de agosto en Yaguachi.

Seguramente, vuelve contra Aymerich, pero éste, al saber la derrota de la columna de González, se pone en plena retirada hacia Riobamba, dejando la ruta cubierta de bagajes, material dispersos.

Sucre ocupa Sabaneta, y concibe la maniobra de avanzar a Mocha para interponerse entre Aymerich y Quito, en tanto un destacamento de 300 hombres, ocupará Latacunga, probable vía de retirada del enemigo, o amagar hacia Quito.

Al entrar en ejecución, el jefe patriota tiene conocimiento de que Aymerich ha llegado a Mocha y temiendo que se le escape, apresura su marcha en esa dirección, pero encuentra que el enemigo ha seguido en dirección a Ambato. El ejército patriota prosigue su avance ofensivo hasta que inesperadamente encuentra al realista sólidamente posesionado de la llanura de Huachi. La vanguardia patriota se empeña aisladamente, por impetuosidad del General Mires, y aunque Sucre obtiene algunas ventajas al entrar en acción con el grueso, el éxito favorece al ejército realista, cae prisionero Mires y una gran parte de Oficiales y Tropa, el General Sucre apenas logra salvarse con un centenar de hombres en dirección a Guayaquil.

Después del desastre de Huachi, con el cuerpo de 300 hombres que salvó el Coronel Illingworth, en su avance hacia Quito y contingentes de reciente formación, vuelve Sucre a situarse en Babahoyo, en oposición al nuevo avance del ejército realista, a cargo del Coronel Toldrá, a pesar de no considerarse suficientemente fuerte para esa demostración. Tal circunstancia le fue favorable para llegar a un acuerdo con el Coronel Toldrá y concertar la suspensión de hostilidades por 90 días, que, sin embargo de no ser aprobada por Bolívar, le dio el tiempo indispensable para preparar las operaciones del Ejército del Sur, de conformidad con el Plan de Guerra concebido por el Libertador después de la gloriosa campaña de Carabobo del 24 de junio de 1821, debiendo actuar las tropas guayaquileñas, colombo-peruanas unidas por el Sur, en tanto Bolívar, concentrado en Popayán, penetraría por Pasto en dirección a Quito.

Sucre, asegurado de la cooperación que ofrece San Martín para la próxima campaña, enviando un cuerpo de tropas peruanas, en lugar del Batallón colombiano "Numancia" que ha solicitado, se acuerda con el Coronel San Cruz, situado en Piura, sobre los movimientos iniciales de la concentración del Ejército Unido, que debe efectuarse en Saraguro, a 175 kilómetros de Cuenca, importante base logística y que descarta toda posibilidad de que los agrupamientos colombo - peruanos pudiesen ser abatidos separadamente.

A mediados de enero de 1822, las tropas colombianas dejaron sus bases de Samborondón, al mismo tiempo que las peruanas salían de Piura y para el 9 de febrero, conjuntamente alcanzaron Saraguro, procediendo Sucre a la organización del ejército de operaciones y a preparar su próxima ofensiva sobre Quito.

Puesto en marcha el Ejército Unido, llega a Cuenca el Coronel Tolrá a su aproximación para ir a situarse en Riobamba y sus inmediaciones.

Después de una larga permanencia en Cuenca, impuesta por la situación política de Guayaquil y la intención de Santa Cruz de regresar a las fronteras peruanas, cuyos inconvenientes vence con notable acierto el General Sucre, el 28 de marzo de 1822 prosigue el ejército su avance ofensivo en dirección al enemigo, al que encuentra situado en el Cañón, sobre el camino a Riobamba.

El 14 de abril retrogradan las vanguardias patriotas a Alausí, en espera del grueso, que se ha retrasado y para el 15, se presenta Sucre en orden de batalla, ante el adversario que rehúsa combatir y se retira a Riobamba.

Establecido el ejército patriota en Punín para el día 20, Sucre considerando que era difícil forzar el paso, forma una cortina de caballería en el frente para cubrir el movimiento de flanco que ejecuta. El realista retrocede y cruza Riobamba en plena retirada, llevando a retaguardia el grueso de la caballería, bajo el mando directo del Coronel Tolrá. En esta situación, Sucre dispone que el escuadrón "Dragones", llevando en cabeza el "Granaderos" practique un reconocimiento en Riobamba, en el cual toma contacto con la caballería realista el mismo día 21 de abril, desarrollándose un combate en el que el Coronel Diego Ibarra y el Mayor Lavalle consolidan la moral de las tropas republicanas y quebrantan el espíritu del adversario.

Mientras los realistas siguen en violenta retirada hasta Machachi, los patriotas ocupan Riobamba y luego Ambato, para alcanzar el 2 de mayo Latacunga, donde permanecen hasta el 12, en espera del Batallón "Magdalena" de 800 hombres, que les ha enviado Bolívar.

Como el Ejército Realista se mantiene en las fuertes posiciones de Jalupana y Viudita, al norte de Machachi, Sucre remonta el día 16, las heladas cumbres del Cotopaxi para descender al valle de Los Chillos, tratando de interponerse en la línea de retirada del adversario hacia Quito, más el enemigo se escapa, replegándose a las alturas de las Lomas de Puengasí.

Sucre que contaba con todos los recursos que las poblaciones le brindaban espontáneamente, también conocía con exactitud la situación del enemigo, gracias a Joaquín Soto, miembro del Servicio de Inteligencia del Mariscal Sucre, y cuyo nombre en clave era "agente cuarenta". Un personaje, a quien, hemos olvidado injustamente, cuando en verdad fue uno de los que más ayudaron al triunfo de Pichincha, hasta el punto que el Coronel Cayetano Cestaris califica sus méritos de "sublimes y mayores que los suyos propios".

Mensajero de este rudimentario Servicio de Inteligencia fue, a no dudar, el indígena Lucas Tipán, hijo del Gobernador de Sangolquí, Francisco Tipán. Este llevaba las noticias de manos de Soto a las del Coronel Vicente Aguirre.

En la noche del 23 de Mayo de 1822, el ejército patriota conformado con 3.200 hombres, con excepción del Escuadrón "Dragones", que recibió por misión hacer una demostración hacia el camino de Pasto, se movió de Chillogallo, dejando encendidas sus hogueras para ocultar su movimiento a los enemigos, por una senda que partiendo de una quebrada remonta las alturas del Ruco Pichincha de difícil acceso, para remontar en una extensa loma que domina a Quito, los últimos acantonamientos de los patriotas y españoles y el campo de Iñaquito, que pretendía alcanzar Sucre. Esa loma que estaba unida por una senda menos escarpada y de más fácil acceso con la ciudad de Quito y que actualmente se llama Cima de la Libertad (Templo de la Patria), debía ser el sitio escogido para librar la batalla.

Al amanecer del 24 de mayo de 1822, los realistas con un efectivo de 3.000 hombres, se dieron cuenta de que los patriotas habían abandonado Chillogallo, ignorando la dirección que habían seguido éstos; más al conocer por su servicio de espionaje, que la intención de Sucre, en su marcha por la vía indicada, era caer a Iñaquito, se movieron sobre la población y de allí a las faldas del Pichincha, para interponerse y aprovechar ventajosamente posiciones para el combate.

Durante las primeras horas de la mañana, las tropas hicieron un gran alto antes de coronar la meseta y con el fin de no ser notadas por los cuerpos de observación realistas. Este momento de sosiego, les permitió descansar de las fatigosas marchas y tomar el rancho.

Los españoles subían directamente al Pichincha sin el largo rodeo que tuvieron que hacer los patriotas durante la noche, pudieron llegar al lugar del combate con todas sus fuerzas reunidas, mientras que sus contrarios llegaban con lentitud y por escalones.

Cerca de las diez de la mañana, los puestos avanzados de los patriotas anunciaron al Comando la aproximación de las tropas realistas. En consecuencia, fue adelantada la Compañía de “Cazadores de Paya”, que dio con la dirección realista que coronaba las alturas.

Llevaba la vanguardia de los españoles el batallón “Tiradores de Cádiz”, tropa escogida de la Península con el Virrey Murgeón a las órdenes del Comandante Murgeón, su sobrino. En el primer encuentro los patriotas fueron rechazados después de hacer una vigorosa resistencia en que cayó muerto el Comandante de los “Tiradores”.

La División peruana destacó una Compañía del Batallón "Trujillo No. 2" en apoyo de la del “Paya”, el resto de dicho batallón fue empeñado por la derecha de la línea para contener las tropas enemigas que a cubierto de la maleza trataban de flanquearlos.

En esa primera faz del combate, Sucre llega a la cabeza del "Piura No.4", del "Yaguachi" y del "Alto Magdalena". El primero vino a prolongar la línea por la derecha del "Trujillo", y el "Yaguachi" por la izquierda de éste. El Coronel Córdoba, que se había extraviado pudo entrar en lucha, y cargar a la bayoneta con la mitad del batallón “Alto Magdalena” que últimamente venido de Colombia se había incorporado al ejército algunos días antes de la batalla. La otra mitad se encargó de sofocar una insurrección realista que acaudillaba en Guaranda el Dr. Víctor Félix de San Miguel. Se dispuso que el "Albión", que marchaba a retaguardia con toda la caballería, se encargue de la seguridad y distribución de la munición.

La carga de Córdoba fue apoyada por los otros cuerpos y la derrota de los españoles se hizo general, refugiándose sus restos en la plaza de Quito y en el Panecillo.

Luego de hora y media de combate, la línea patriota empieza a ceder, particularmente por la derecha, donde estaban los batallones "Trujillo" y "Piura", no solamente por lo rudo del combate, sino por que empezaban a escasearles las municiones. El resto del "Paya" entró a reemplazar a la división peruana, y pudo restablecer la situación conteniendo el avance del enemigo y aun rechazarlo en una formidable carga de bayoneta.

Un nuevo movimiento por el flanco izquierdo patriota tratan de ejecutar las tres Compañías del "Aragón", y ya escalaban las alturas, cuando el "Albión" actuando enérgicamente por la izquierda, en formidable carga logra quebrantar la resistencia realista, desbandando sus batallones, los persigue hasta el fuerte del Panecillo, dejando en el campo 600 soldados entre muertos y heridos. Los patriotas tuvieron alrededor de 400 bajas.

Un cuerpo volante a las órdenes del Coronel Cayetano Cestares que había subido a la sierra por el mismo camino que Illingworth en 1821 que estaba destinado a apoyar las operaciones del ejército de Sucre, contribuyó a la rendición del Batallón “Cataluña” que venía desde Pasto a reforzar al General Aymerich, así como también terminó con la caballería española.

La caballería patriota, que por la aspereza del terreno no pudo entrar en combate, se encargó de la persecución de la de los realistas que tomó la vía de Pasto, dispersándose una parte, la otra se entregó prisionera.

Sucre, siempre imponiendo su voluntad y espíritu de maniobra, en el curso de su avance ofensivo, aprovecha el terreno y el empleo de sus tropas hasta deprimir la moral del enemigo y su fuerza material y para el 25 completa su éxito, viendo que ya los españoles no podían continuar luchando, se acercó a la ciudad y por medio del General Daniel Florencio O'Leary intimó a la rendición de Aymerich y su ejército, que comprendiendo que ya no podía continuar resistiendo a los ataques de los patriotas, aceptó la honrosa capitulación que Sucre le ofreció.

Libre ya el territorio de Quito se reunieron en esta ciudad, como se había hecho en las demás del tránsito, las reuniones notables que estaban más inmediatas y acordaron su agregación a la República de Colombia.

La victoria de Pichincha tuvo un influjo inmenso en el triunfo definitivo de la causa americana y lo tuvo inmediatamente en la suerte del ejército colombiano, que a las órdenes del libertador Bolívar se dirigía a atacar por el Norte a los españoles en combinación de Sucre que lo hacía por el Sur.

Héroe de esta batalla fue el valiente abanderado del batallón Yaguachi, Teniente Abdón Senén Calderón Garaycoa, quien a pesar de haber sufrido varias heridas no abandonó el campo de batalla, y envuelto en la gloriosa bandera de Guayaquil permaneció en él hasta que los españoles fueron derrotados.

Como inmediata consecuencia de la Batalla de Pichincha y la capitulación de Aymerich, el Coronel García, que aún cerraba el paso a las huestes patriotas conducidas por Bolívar, a pesar de su esforzada campaña por el norte y del sangriento triunfo en Bomboná, entrega todas las fuerzas realistas y el material de que dispone el Libertador.

Políticamente, la Batalla de Pichincha tuvo por consecuencia la completa liberación de todos los Departamentos del Guayas, la incorporación de éstos a la Gran Colombia y la libertad de acción del Libertador para intervenir directamente en el Perú, que constituía el centro de la dominación española en el continente americano.

A la llegada del Libertador a Quito, plenamente satisfecho del éxito obtenido por Sucre en su admirable campaña del sur, le confirió el ascenso a General de División y posteriormente el mando civil y militar del Departamento; más aún no han terminado los primeros y eficientes servicios del vencedor en Pichincha, porque los rebeldes e indómitos pastusos, a pesar de la entrega del Coronel García, mantienen abierta resistencia a las autoridades patriotas.

Seducidos por el Coronel Boves de los capitulados de Quito, se sublevan en los territorios del Juanambú al Guasitara, concentrando un fuerte contingente de rebeldes en Túqueres, en los primeros días de noviembre de 1822.

Sucre, cumpliendo las órdenes del Libertador, marchó con la Guarnición de Quito y a su aproximación, Boves abandona Túqueres para replegarse al paso de Guaitara.

El jefe patriota obliga el paso del río, pero ante la resistencia que le oponen los rebeldes en las inexpugnables posiciones de Taindala, vuelve a Túqueres, en espera de nuevos refuerzos.

No obstante la sólida organización defensiva que Boves establece en el paso de Guaitara y pendientes de Taindala, Sucre, el 23 de diciembre, con un falso ataque por el flanco logró forzar la posición, perseguir al enemigo y darle alcance en Yaguarguer, donde con su conocida maniobra de flanco lo destruye completamente. Aun sostienen los rebeldes tenaz resistencia en Pasto, pero el ejército patriota la ocupa a sangre y fuego, salvándose el Coronel Boves, que huye por las montañas que conducen al Marañón.

Después de esta nueva campaña, tan difícil como peligrosa, por haberse desarrollado en un territorio de fuertes accidentes naturales y dominado por un pueblo fanático, que en masa combate por la campaña realista, Sucre retorna a Quito donde se ocupa en intensa labor política y administrativa como Gobernador Político y Militar del Departamento del Sur de Colombia.

Secundado por el General Bartolomé Salom, que gobierna en Guayaquil y por el General Juan José Flores en Pasto, colabora con el Libertador en la preparación del organismo armado que bajo la dirección de Bolívar debe ser empleado en la liberación del Perú.

La “Canción Nacional”, preludio de la posterior denominación de “Himno Nacional del Ecuador”, escrita por el ilustre guayaquileño, don José Joaquín Olmedo Maruri, en su momento, fue capaz de expresar en esta canción, el sentir de gratitud nacional del pueblo grancolombiano a sus Libertadores; de igual forma, el General de División Juan José Flores, primer Presidente del Ecuador en el folleto “Poesías del General Flores en su retiro de La Elvira”, imprenta del Gobierno, en 1838, publicó la que es considerada la segunda “Canción Nacional”. Esta compasión de cinco estrofas y un coro, no logró popularizarse tanto como la primera de Olmedo. Para mayor ilustración me permito anexar los dos proyectos de Himno Nacional del Ecuador, que si bien don hermosas y profundas las dos, se debió esperar por una tercera hasta 1865, en que Juan León Mera Iturralde compuso el actual y definitivo Himno Nacional, con la musicalización de Neumane, oficializado por el Congreso Nacional, el 29 de septiembre de 1948, en el Gobierno del señor Galo Plaza Lasso.

A manera de mensaje, puedo expresar que el ideal de nuestros Libertadores fue cumplido a cabalidad, pues fue desterrada de América la dominación española y obtuvimos como legado eterno, la tan anhelada Libertad, el don más preciado del ser humano; y, a través de ésta, la unión Latinoamericana, instituidos en la comunidad de origen y cultura, y el hecho de haber nacido a la vida independiente gracias al genio y esfuerzos heroicos de unos mismos Libertadores, los cuales lograron plasmar la libertad no de cinco sino en definitiva seis Naciones: Venezuela, Colombia y Panamá, Ecuador, Perú y Bolivia. Ahora debemos alimentar en estos pueblos, el sentimiento por el recuerdo de las glorias comunes y fortalecer la conciencia de la unidad, vigorosa y constructiva, y la fe en la realización de los ideales de solidaridad Hispanoamericana acariciada por los Libertadores de América. Con respeto soberano luchar hermanados, cobijados bajo una sola bandera en contra de las nuevas amenazas:

a) La corrupción administrativa, que drenan los recursos incalculables, estimulando la fuga de capitales y empobrecimiento del pueblo;

b) El narcotráfico, por las colosales dimensiones alcanzadas, ponen en peligro la estabilidad de los propios Gobiernos, deteriora su autoridad y promueve la delincuencia común;

c) El terrorismo, que constituye una amenaza para la seguridad e integridad de los Estados, provocando así la desestabilización de los gobiernos, socavando la sociedad civil y redundando en detrimento del desarrollo socioeconómico de los Estados; que es guiado por doctrinas ideológicas, y la delincuencia organizada, cuyo objetivo es el enriquecimiento material propio, representa actos de violencia que son indistinguibles unos de otros por la utilización de tácticas análogas; que es una de las formas más atroces de hacer sentir y escuchar una ideología; que esta manifestación origina el desconocimiento y el desprecio por los Derechos Humanos, que causan actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la Humanidad; que la práctica del terrorismo produce un pánico generalizado en las poblaciones que lo sufren y lo padecen;

d) La explosión demográfica, que empobrece a los pueblos, sometiéndoles a vivir en condiciones infrahumanas, anulando las posibilidades de capitalización, forma utópica de la perspectiva de desarrollo social, ya que, el exceso poblacional lleva a la inseguridad económica, a la agitación social. La inseguridad y la agitación lleva a una mayor intervención del Gobierno y un aumento de su poder, a esto se debe añadir la falta de una tradición constitucional, aumenta el poder del Ejecutivo y probablemente devendrá en una dictadura civil o gobierno totalitario;

e) La deuda externa que impide la elemental satisfacción de las crecientes necesidades de las masas, inestabiliza los Órganos de Poder y deteriora la autoridad de los partidos políticos que asumen, transitoriamente, las responsabilidades del Gobierno.

f) La pobreza, que gracias a los cultivadores del ignorantismo siguen imponiéndonos la cultura de la pobreza, del sometimiento, del quemeimportismo, de la aceptación de la pobreza como Mandato Divino y de la resignación al desamparo y marginación, como situaciones ineludibles de un pueblo la que le hacen creer que goza de la democracia y libertad; y finalmente,

g) El analfabetismo, el racismo, el tráfico ilegal de seres humanos, que son pandemias y lacras de la sociedad que deberán ser enfrentadas con políticas multilaterales, trabajando en equipo, respetando la diversidad ideológica pero con un objetivo claro y real, con énfasis sobre cualquier otra alternativa, la condición humana.

ANEXO “A”

Canción Nacional

Saludemos la aurora del día
para Quito de gloria inmortal,
en que osado Pichincha el primero proclamó libertad, libertad.

El Pichincha indignado del yugo
lo sacude de su noble frente;
dio un bramido y se vio de repente
el rugido del león acallar.
Infundióle el pavor nueva saña,
y se lanza feroz y violento:
¡santo Dios! Destrozado y sangriento
de la Patria se mira el altar.

Saludemos la aurora del día...

Mas la patria de tantos horrores
al fin triunfa de constancia llena,
como nave que burla serena
los embates de la tempestad;
y el destino ordenó que el sepulcro
del tirano, en su loca fortuna,
fuese el monte do se alzó la cuna primitiva de la libertad.

Saludemos la aurora del día...

















¿Quiénes son esos genios gloriosos
que asomados desde el firmamento, mezclan gratos su armónico acento
a este coro de canto triunfal?
Son los héroes que, osados y fuertes,
con su sangre, cadenas y llanto, propagaron la verdad del santo
evangelio de la libertad.

Saludemos la aurora del día...

Conservemos ilesa esta gloria
que los cielos nos dieron propicios;
no se pierdan al fin sacrificios
que festiva coronó la paz.
No profanen jamás este suelo
el error y nefanda discordia,
y los pueblos en dulce concordia
vivan siempre en amor fraternal.

Saludemos la aurora del día
para Quito de gloria inmortal,
en que osado Pichincha el primero proclamó libertad, libertad.

JOSE JOAQUIN OLMEDO





















ANEXO “B”



Canción Nacional
(VERSIÓN ORIGINAL)

Ceñidos de laureles Hagamos resonar "Independencia y leyes " "Reposo y libertad"; Y en la guerra y la paz "Independencia o muerte"
O muerte!
O libertad!

Cuatro lustros de sangre y horrores
Con la muerte nos vieron luchar,
Por ser libres con ínclita gloria.
Y con gloria vivir y espirar.
Ni promesas ni acerbos suplicios
Nos pudieron el pecho ablandar:
"Guerra" "guerra" fue el hórrido grito,
Que en los pueblos se oyó resonar.

Ceñidos de laureles...

Cesó el grito, —encerróse en el pecho,
Los aceros se vieron brillar;
Y el valor y constancia lucharon
Hasta el triunfo glorioso alcanzar.
Y los Andes, testigos eternos,
A sus cumbres hicieron tronar,
Saludando el espléndido triunfo
Que en los ayres se oyó resonar.

Ceñidos de laureles...

Las legiones protervas y vencidas
A su patria se vieron tomar,
Y de muerte los hondos abismos
De laureles supimos colmar.
"Paz y leyes" la patria dichosa
"Paz y leyes" osó proclamar
Y en los cóncavos montes y selvas "Paz y leyes se oyó resonar.

Ceñidos de laureles...

Y anhelando los pueblos gloriosos
Su memoria feliz perpetuar,
Otro nombre supieron osados
Con firmeza y virtud conquistar.
Y la nueva nación de entre ruinas
Con orgullo se vio levantar:
"Ecuador" "Ecuador" caro nombre;
Por doquiera se oyó resonar.

Ceñidos de laureles...

Nuestros hijos y nietos merezcan
Nuestra gloria y virtud heredar,
Y con diestra invencible sostengan
El escudo de la libertad.
Mas si indignos doblaren la frente
A los que osen la patria menguar, Nuestras tumbas "infamia" "venganza' Indignados harán resonar.

Ceñidos de laureles...
Juan José Flores