miércoles, 6 de mayo de 2009

Ser costeño y ser espectador, qué conveniente

Autor: Sarita Iguarán Aguilar
Politóloga de la Universidad Nacional de Colombia
Presidenta Alianza Social Indígena de la Guajira

Parece que en esto nos hubiéramos quedado los costeños, en ser espectadores, para gusto y satisfacción de los que detentan el poder económico en Colombia, y quienes después de largos años de nuestra historia parecen encontrar a la REGION CARIBE, en el punto en que siempre habían soñado tenerla.

Con una clase política debilitada,

Con los recursos Naturales a su disposición;

Sin esperanza en su propio desarrollo,

Distraída ante el proceso de la globalización de la economía

Sin líderes y sin voz, sin fuerza.

Con una Sociedad sumida en la Pobreza, dispuesta a creer en cualquier solución a sus problemas por mendicante que sea.

La clase política Costeña que se arrodillo ante el poder central, nos ha llevado en gran parte a este estado, pero ellos fueron los grandes perdedores. Inducidos de alguna manera por la promesa del poder cedieron al militarismo de la región, en manos de grupos ilegales de defensa privada de los intereses de los más acaudalados empresarios y terratenientes del Caribe.

Pero siendo este un proceso engendrado en el interior del país sus principales beneficiarios se encuentran allá, la magnitud del poder de esa nueva clase política regional emergente y sostenida por la violencia paramilitar, no era propicia a los objetivos primigenios de la maquina del horror que se tomo al país. Pagarían pues ellos mismos el vender a su región con la prisión en la que hoy se encuentran muchos de ellos, y en medio de su ingenuidad todavía callan tantas verdades que le haría bien saber a Colombia y al Caribe.

Como en cumplimiento de un plan milimétrica y pérfidamente diseñado todos estos miembros costeños del Congreso de la República fueron reemplazados por sus compañeros de lista, todos del interior del país.

Y aunque este proceso de judicialización de la para política que se inicio en la costa, no se ha desarrollado como debería ser en otras regiones del país ni ha producido los mismos resultados en departamentos como Antioquia, mata de la violencia, debemos decir que en la Costa ni están todos los que son ni son todos los que están.

Los que siguen ahí, con un bajo perfil pero aun protegidos por las armas de delincuentes ya institucionalizados (caso DAS por mencionar alguno), pretenden que su poder en nuestra región se siga prolongando por generaciones.

No obstante este proceso de judicialización a medias nos ha dejado una necesidad en la región, la necesidad imperante de revolucionar nuestro pensamiento y de conjurar no a puerta cerrada sino a la luz pública UN PACTO DEL CARIBE, de la sociedad civil del Caribe, ajena al paramilitarismo, obviamente a cualquier forma de violencia política, dispuesta a revelarse por los caminos de la civilidad ante el futuro que nos han querido pintar desde otras regiones del país.

Como siempre lo hemos sabido el talento innato de nuestras gentes, su fuerza, su vitalidad, inteligencia, alegría, al lado de largos y sacrificados procesos de formación ha dado a Colombia sus mejores escritores, cantantes, pintores, deportistas, científicos, gente que ha sobresalido a nivel mundial, ¿Qué tal que contáramos con los recursos que realmente deberían llegar a las comunidades?

Y que se pierden en las sendas entrelazadas del centralismo y de la corrupción.
Sería faltar a la verdad manifestar que no tenemos lideres, dirigentes formados, académicos, gente sobresaliente, realmente preocupada por los destinos de la región, y sobre todo no vinculados a todos estos fenómenos y procesos que han devenido en el aumento de la pobreza y la inequidad en nuestra querida costa Caribe.

Salomón Kalmanovitz, Gustavo Petro, Jaime Araujo Rentería, entre otros son personalidades dignas de un reconocimiento especial en nuestra región, por su transparencia, por su talante esforzado, por su formación académica y política, por su integridad personal, por su claridad frente a la defensa de los intereses de la Región Caribe.

Son muchos más, entre los que también debemos contar aquellos que desde la localidad luchan con la fuerza de la ideas contra las fuerzas oscuras y la corrupción que pretenden dejar a los costeños como simples habitantes desposeídos en su propio territorio y de sus propias riquezas.

El caso de la Guajira, como siempre es emblemático. Aquí el senador Guajiro Jorge Ballesteros logro alcanzar la mayor votación (28.000 votos) en las elecciones de 2006, y hoy detenta una curul por el movimiento Alas Equipo Colombia. Del resto quienes alcanzaron una votación importante en La Guajira, siguiendo muy de cerca a Ballesteros son personajes que han sido vinculados de alguna manera a los procesos de la parapolítica:

- Mauricio Pimiento, Partido de la U (20.435 votos), llegando a ganar en el municipio de Maicao

- William Alfonso Montes, Partido Conservador (18.326 votos), obteniendo la mayor votación en los municipios de Manaure y el Molino.

- Miguel Pinedo Vidal, Partido Cambio Radical (13.498 votos), quien obtuvo la mayor votación en la Capital indígena de Colombia, Uribía. ¿Habrá tenido el señor Pinedo Vidal algún compromiso importante con el pueblo Indígena más numeroso del País?

En estos tres ex senadores, más de 40.000 guajiros pensaron verse representados en el congreso de la República. ¿Estas cifras no nos merecen ninguna reflexión? ¿Qué pensaban nuestros dirigentes locales de entonces? ¿Qué piensa la Ciudadanía Guajira ahora?

En fin, hablo de la guajira como un caso emblemático porque no solo somos una despensa de carbón, de energía eólica, de yeso, de gas entre otras cosas, también somos una despensa de votos.

Sería erróneo de igual manera llegar a un regionalismo ramplón, elegir guajiros por ser guajiros esperamos que nos sirva de algo, pero que pasa con nuestras reflexiones frente a los partidos políticos?, nos ha interesado evaluar las diferentes gestiones de los candidatos que hemos llevado hasta el parlamento colombiano con nuestro apoyo?, ¿No nos dice nada la recurrencia de los miembros de un partido a los procesos de judicialización por parapolítica? Porque nos precipitamos a señalar la corrupción, pero también estamos prestos a vender nuestro voto por cualquier prebenda: la valoración del voto es la valoración de la propia persona, sufrimos acaso de de baja autoestima?.

¿Tiene alguna incidencia el hecho de que el 45% de la población Guajira sea Indígena? ¿Qué papel juegan los líderes indígenas, muchos de los cuales ya han ocupado cargos en alcaldías y concejos municipales? ¿Se acerca otro debate electoral, a qué clase de comportamiento político electoral estamos predispuestos?

Los guajiros y en general los costeños podemos mirar esta crisis, que no se ha superado aunque los escándalos mediáticos ya hayan pasado la pagina, como lo que termino siendo, una nueva oportunidad.

Es la oportunidad de visualizarnos como región, de explorar nuevas expresiones políticas que manifieste un compromiso más allá de los partidos políticos, con una visión de nuestro futuro como realidad regional.

Empezar a considerar las políticas nacionales como han incidido en el desarrollo de la Guajira, y como los legisladores que han venido apoyando este régimen, terminan solo trayendo pequeñeces, porque la parte gruesa de las riquezas de cada una de nuestras regiones están reservadas para la inversión extranjera, o la inversión cachaca; mientras el compromiso con el desarrollo económico y social del Caribe sigue embolatado.

Mientras que para generar un ambiente de conformidad es necesario propagar que lo que realmente son inversiones sociales mínimas fundamentadas en nuestros derechos constitucionales, legales o adquiridos por vía judicial, son grandes concesiones a nuestros departamentos, y que además por simple derecho a la igualdad con el desarrollo de otras regiones del país, este rezago social es producto de una deuda con nuestra región que debe ser saldada.

Ser simplemente un espectador pasivo empeora nuestra situación, tomar partido en contra de nuestra gente por favorecer intereses foráneos ya ven la experiencia que ha dejado, ignorar a personas que le han servido a nuestra región y al país sembrando esperanza por asumir con entereza la defensa de nuestros derechos individuales y colectivos en los escenarios de la política y de la justicia Nacional, dejando huellas de profesionalismo y de real probidad y transparencia, es un lujo que no podemos darnos hoy.

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