jueves, 17 de marzo de 2011

La recuperación de la dignidad

Por: Martín López González

Lo que hasta ahora se muestra, sin lugar a dudas, es que con Juan Manuel Santos en el primer cargo de la nación se está recuperando la dignidad perdida en los últimos años. ¿Cuál es la diferencia entre Santos y Uribe? Mientras el primero madrugaba todos los días a arriar a sus ministritos cual recua de mulas, como el más inelegante y pedestre capataz; el segundo lo hace a conducir un país con un equipo de estadistas, pensando en megaproyectos (hasta el momento) y con la total determinación de sacar al país del oscurantismo.

Por fin parece deslindarse lo políticamente reprochable y penalmente sancionable del ejercicio del poder. Se siente el freno a la violación de los derechos humanos, las libertades y los derechos civiles, la corrupción, el todo vale, que conduce inexorablemente a la criminalidad.

¿Será válido comparar las duplas Bush- Uribe y Obama-Santos en una proporción matemática perfecta, es decir, Uribe es a Bush como Santos es a Obama? Según algunos analistas, en ambos países estamos ante la inminente sepultura de un tenebroso momento histórico. Dejando atrás la paranoica Lucha Contra el Terrorismo de George W. Bush, que en nuestro país justificó hasta el monstruoso espionaje a la intimidad de las personas, niños en las escuelas incluidos, para hacer montajes de desprestigios a los opositores políticos, magistrados y periodistas independientes.

La postura de embaucador consumado y la actitud habitual de camorrista tanto en su país como en el exterior, lo catalogaron como mentiroso y tramposo. Su ultra-conservadora ideología y talante de vaquero definen con exactitud la naturaleza tanto de Bush como de Uribe. La visión futurista y esperanzada para el país, la finura al hablar, la formación liberal, los buenos modales y el respeto aun por los enemigos y por el Estado de Derecho son peculiaridades tanto del Presidente Obama como de Santos.

El indigno y largo gobierno anterior estuvo rodeado de falsedades: falsos positivos, falsas liberaciones, falsas operaciones y falsas desmovilizaciones. Todo falso. Falsedad como Agro Ingreso Seguro y la del mismísimo ex presidente que por televisión en el horario de mayor frecuencia declaró, cuando ya se rumoraba de lo Tomás y Jerónimo. “Sobre mis hijos, mis hijos no están en la corrupción, mis hijos no son corruptos, no son traficantes de influencias ante el Estado”. ¡Bullshit!

Más falso aún, fue la embustera Seguridad Democrática. La que fue montada para favorecer a los más poderosos en la refundación de la patria y monopolización de la tierra en el campo. Demostrándose así, que el Uribismo, como estilo de gobierno, no es otra cosa que un montón de corruptos, traquetos, hampones, tramposos, aprovechadores, buscadores de renta, sobornadores, extorsionistas, paracos, mentirosos, conspiradores que llegaron hasta la Casa de Nariño, el Congreso de la República y los más altos cargos del Estado. Afortunadamente para el país hoy muchos están presos, condenados o en proceso de investigación.
Así pues, la acelerada caída de Álvaro Uribe Vélez, que hace apenas siete meses era el más sonado y omnipotente mandatario de Colombia, hoy ya su primo y compañero de andanzas de toda la vida está en la cárcel y cada vez más cercano, toda su guardia pretoriana o huye como cualquier delincuentillo o lleva el mismo camino. No en vano lucharon como gato boca arriba para mantener el poder y seguir tapando toda esa inmundicia, pasando por encima de todo, cometiendo toda clase de contravenciones.

Más indigno aún, es que se haya llegado a tal nivel de ordinarez y patanería, como nunca antes ningún presidente se comportó y expresó. Los comentarios "le estamos respirando en la nuca”, "le doy en la cara marica", "estoy cargado de tigre”, "bájenlos, que es por mi cuenta", "sea varón", sólo han sido dichas por este fatídico personaje, que la manipulación y el maquillaje mediático nos lo querían vender como lo más granado que haya pasado por el solio de Bolívar.
Definitivamente hay que ser beligerante contra el mal gusto. Distinguir entre el caballero y el bellaco; y entre la buena y mala educación, restablecer las jerarquías, condenar la vulgaridad y sobre todo, proclamar la verticalidad del estilo, del talento y la decencia. Adelante Presidente Santos y Ministro Vargas Lleras por lo menos recupérennos el orgullo de ser colombianos dignos de esta patria herida por la delincuencia en el poder.

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