martes, 8 de diciembre de 2015

David, el rey más recordado de Israel

Alejandro Rutto Martínez

El rey David es uno de los personajes más importantes de la Biblia y, de hecho, el más importante de cuantos haya tenido el pueblo de Israel: la razón: fue ungido por el Señor y su vida y actuar era "de acuerdo con el corazón de Dios.

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Y todo ésto, sin ser un hombre perfecto, pues el antiguo pastor vivió épocas de éxito y de fracaso y sus acciones fueron acordes con lo que Dios esperaba de él pero en otras ocasiones su actuar también estuvo inmerso en la oscuridad del pecado y absolutamente alejado de lo que el Señor hubiera deseado de uno de sus mejores hijos. 

Analicemos algunas características del más querido rey de Israel

1. Era un joven muy humilde y sencillo. Se dedicaba a pastorear las ovejas de la familia, tarea que cumplía con especial esmero aunque en ocasiones hubiera de enfrentarse a animales feroces, como leones y osos, siempre en defensa de su rebaño. Más adelante sus adversarios serían los ejércitos enemigos quienes tenían la intención de destruir a su pueblo.

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2. David, como buen pastor cuidaba primero un rebaño de propiedad de su familia y luego tuvo la responsabilidad de proteger y alcanzar la prosperidad de todo un pueblo. En ese sentido representa el tipo de Cristo, quien pastorea a su iglesia y está presente en nuestras vidas como seres humanos, para alcanzar el grado más alto de prosperidad espiritual, representado en el logro de la vida eterna. 

3. Cuando el profeta Samuel fue a donde Isaí a ungir uno de sus hijos como rey de Irael, éste le presentó a siete de sus vástagos. Es decir, a todos, menos a uno y ese era David. ¿Por qué en esa ocasión tan importante Isaí no tuvo en cuenta a David?  Tal vez lo consideró muy joven, o aún no preparado para grandes retos o prefirió que se quedara cuidando las ovejas, porque al fin y al cabo alguien debería cumplir con esta labor.   Así mismo ocurre en la vida cotidiana: el hombre, el amigo, tu propio padre te ignora, pero Dios que te conoce quiere escogerte es a ti. ASsí es Dios de maravilloso. Los demás pueden ignorarte, pero él no lo hará.  En casa de Isaí ya estaba preparado el banquete, pero el profeta Samuel dijo al enterarse de que faltaba el menor, el que estaba "apacentando las ovejas":   "Manda a buscarlo, pues no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga acá".

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4. David es ungido delante de sus hermanos y su padre, por Samuel, profeta de Dios.  Esta acción tiene un gran significado pues todos ellos serían testigos de lo ocurrido ese día. Y todos sabrían que Dios no escoge ni por edad, ni por estatura, ni por apariencia física. Él mira lo que está en el corazón del creyente y actúa de acuerdo con Su soberana voluntad. 

5. El Espíritu del Señor vino sobre David y en adelante la mayoría de sus iniciativas tendrían el sello de una persona que tiene a Dios metido en en su corazón, en su vida y en su alma. Cuánto le serviría esta disposición para enfrentar los episodios importantes de su vida como el combate con Goliat o las discordias que le plantearon personas a las que quiso tanto como el rey Saúl o su hijo Absalón. 

6. Respetaba profundamente al rey Saúl por una razón simple pero poderosa:  Saúl era gobernaba por mandato de Dios y no sería él quien le disputaría el trono a quien Dios había escogido primero que a él.  Otro en su lugar, luego de la unción recibida, se hubiera dedicado a reclamar el trono, a cualquier costo y, de seguro, se habría desatado una guerra civil. Pero ese no era el talante de David. A pesar de que Saúl lo perseguía para matarlo, él profesaba por él todo el respeto debido a una persona mayor y, sobre todo a un rey. Saúl era un enemigo peligroso y la vidale dio dos veces la oportunidad de matarlo, pero él prefirió esperar el tiempo perfecto, o sea, el tiempo de Dios. 

7. David era un artista excepcional.  Tocaba instrumentos musicales, como el arpa con la que tranquilizaba al rey Saúl en sus momentos de angustia. Pero además, era un gran poeta de cuya prolífica pluma salieron más e la mitad de todos los salmos y seguramente compuso muchas otras canciones que en su época se cantaban con frecuencia.  Su talento artístico era variado: además de escribir canciones, danzaba, como lo hizo en sus momentos de más alegría era compositor e intérprete y el tiempo le alcanzaba incluso para fabricar instrumentos musicales.

8. David era un gran guerrero. En sus luchas iniciales derrotó a David "contra todo pronóstico" como dirían hoy  los comentaristas deportivos.  Humana y materialmente todo estaba a favor del gigante, pero él, con su honda de cacería, bien manejada y revestido por su valor, cinco piedras lisas y el gran respaldo de Dios, obtuvo finalmente la victoria. Luego, como Rey, sería además el comandante supremo del ejército y acumularía una victoria tras otra hasta convertir a Israel en la potencia militar de su época. 

9. David fue pecador.  Al igual que tantos héroes de carne y hueso tenía su punto débil y el suyo parecía ser la afición a las mujeres.   Junto con su victoria para Goliat, el relato más conocido sobre su vida es su enamoramiento de Betsabé, mujer de Urías y todas las acciones reprochables en las que incurrió para hacerla suya.  Por la atracción física que esta mujer le produjo mientras se bañaba desnuda cerca del palacio, David fue capaz de cometer adulterio, fornicación, de decir mentiras, de engañar a un servidor fiel, de emborracharlo y, finalmente, de asesinarlo.    Tuvo varias esposas como Mical, Abigail y  Betsabé y por lo menos diez concubinas.   David pidió perdón a Dios por todos sus pecados y lo obtuvo, aunque a u alto precio.   Ser pecadores no nos excluye de la presencia de Dios, pues Cristo a muerto para perdón de nuestros pecados y para que podamos acceder al mayor regalo de Dios: la salvación y la vida eterna. 

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10.  David sería el más recordado Rey de Israel y de entre sus descendientes nacería el Redentor de las naciones, nuestro Señor Jesucristo, a quien se le llamaría también Hijo de David. Este sería uno de los mayores privilegios del pequeño pastor a quien ungió Samuel y pasaría na la historia por su valor, su fuerza, su capacidad de liderazgo, pero, sobre todo, por su sincera obediencia a Dios. 



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