viernes, 10 de julio de 2009

Yemit Parodi, un amigo de siempre

Por: Alejandro Rutto Martínez
Con mis amigos tengo como es obvio notables afinidades. Por eso son mis amigos, entre otras razones. Y con todos estoy sumamente endeudado; son deudas de amistad contraídas a lo largo del tiempo. A unos les debo porque me tendieron la mano en el momento en que más los necesitaba; a otros porque me apoyaron en la aventura de los sueños compartidos; a otros por los libros que me prestaron y me tardé en devolver o no devolví nunca.

Con un buen grupo de mis amigos estoy infinitamente agradecido por algún gesto, un detalle o una atención. Entre éstos se encuentra el abogado Wilmer Rada Gamarra quien hizo de puente para que este servidor pudiera iniciar una muy buena relación de amistad con Yemit Parodi a quien la me ligó el mundo de la academia y el servicio social a favor de la comunidad.

Yemit fue una de esas personas que cuando se enamoraban de un proyecto o iniciativa le dedicaban todo su tiempo, su energía, su afecto y todos los esfuerzos posibles para llevarlos a feliz término.

En la Universidad de La Guajira se le reconoce como la persona que posicionó la extensión Fonseca a la cual llevo desde su etapa embrionaria hasta convertirla en unos de los centros de desarrollo intelectual más importantes del sur del departamento. En sus tiempos de director provincial era siempre el primero en llegar y el último en irse; las necesidades de la universidad lo absorbían hasta el punto de entregarse en cuerpo y alma no sólo a sus funciones como responsable de la administración sino como colaborador permanente de los estudiantes a quienes no dudaba en brindar su asesoría y en darle el apoyo requerido en para que pudieran cumplir sus compromisos académicos.

Me he dado a la tarea de averiguar con estudiantes y egresados de la universidad la faceta que más acuerdan de Yemit y me dieron sus respuestas en medio de un estado de ánimo en el que se mezclan la nostalgia, el entusiasmo y la tristeza. De este modo he sabido que el director dedicaba parte de su tiempo en gestionar personalmente algunas solicitudes de quienes desde las aulas trabajaban para el lograr su propósito de convertirse en profesionales.

En algunas oportunidades y cuando era necesario tomaba en sus manos la guadañadora, el machete y la pala y, sin importarle el clima del momento, casi siempre un sol incandescente, procedía a desyerbar los jardines, limpiar el patio y dejar bien limpia la zona elegida para esa labor. Otras veces atendía con gran esmero a los perros que ayudaban en la vigilancia de la universidad.

Detalles cómo estos unidos a la preocupación por sus docentes y estudiantes le granjearon las simpatías de todo un pueblo que veía en él a uno de sus mejores ciudadanos.
Yemit era un solucionar de problemas innato, de esos en cuyo diccionario está borrada la palabra imposible. Para cada dificultad tenía una salida, para cada obstáculo una solución y para todo momento difícil un “no te preocupes, yo te ayudo a resolver eso”. Supo ser un fiel representante de quienes defendemos la tolerancia cómo un elemento básico para la convivencia pacífica, pero cuando era necesario decir alguna verdad también lo hizo aunque esto le representara, incluso, el riesgo de perder su estabilidad laboral.

Nuestro amigo tuvo el trabajo como un credo y norma de vida; el servicio como un deber en el desarrollo de su vida diaria y esto, como era de esperarse, de acuerdo con la ley de la siembra y la cosecha, le reportó la amistad de todo el que tuvo el honor de conocerlo

No tenemos ahora a Yemit entre nosotros pero sí su legado, su obra, los frutos de su esfuerzo y una familia orgullosa de quien les diera el mejor ejemplo. Dios los bendiga ellos y también a sus estudiantes, quienes están obligados y comprometidos a seguir las huellas del maestro en el camino de la honestidad, el valor y la preocupación por la comunidad a la que pertenecemos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Profe, definitivamente Yemit amaba la universidad, tuve la oportunidad de trabajar a su lado y ese título dado de maestro es perfecto para describir lo que Yemit fue desde el momento que lo conocí; me tendió su mano y se convirtió en un gran amigo. Sí a sus amigos los animaba a mejorar, compartiendo sus experiencias y animándonos a vencer los obstáculos para cumplir con nuestros objetivos.
Creo que por eso conocía muchas cosas; muchos, o más bien, eran muy pocos los que no le confiaban sus cosas. Ese era Yemit!. Me sumo a su plegaria divina y lo felicito por estas palabras, un honor para a quienes usted le dedica su espacio, con palabras sinceras.

Angela dijo...

Alejandro, que bien que haya personas como tu que regalan palabras de aliento y das testimonio de lo que fue Yemit para los que lo conocieron a nivel laboral y llegaron a ser sus amigos. Es reconfortante para los que lo conocemos por otra fuente y también un orgullo para su familia saber quién fue su hijo, su esposo y su padre.
Un abrazo

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