jueves, 2 de julio de 2020

La demente


Escrito por: Lizeth López España

Corre sin vacilar, 
La que en silencio; 
Ríe y llora,
Cuya alma siente
Y así mismo se 
Asombra
La que muchos
Llaman: 
¡La demente!

Tal vez falta de amor
Y quién pocas veces
Contempla la luz de 
La aurora, y quien en el 
Anonimato cree 
Alcanzar grandeza y honra
Pero en realidad,
Al verse…
Tiene harapos
Y pocos zapatos.
Esa es ella: 
La demente.

Qué le pasa ¿por qué es así? 
Grita el mundo y la señala.
Ella sufre y se maquilla;
Para sonreírle a la vida,
Que le ha dado tanto
Y a la vez nada.
Si, sepan ¡todos¡
Que existe una mujer bella:
La demente. 

Con pastillas en la mano,
Para vivir soñando,
Un mundo lejos y,
Al mismo tiempo cercano
Vive quien tiene letras,
Quien siente…
Que la han olvidado
Esa es ella:
La demente.

Fotografía: Michel López España

miércoles, 1 de julio de 2020

Amen amén


Escrito por: Lizeth López España

Amen, Amén.

La invitación del sol,
del mar y la arena
Es que se amen, Amén.

Sin amor no hay unión;
Sin amor no hay ciclo
Sin amor no hay armonía
Por eso la invitación 
Es que se amen, Amén.

El universo clama,
El planeta gime desesperado 
Por la sequía y ausencia del amor
Por eso ellos invitan:
A que se amen, Amén. 

Y quien siente
 y a la vez les escribe 
No podía faltar y
Así mismo invitar
A que se amen, Amén.

sábado, 20 de junio de 2020

Día de fútbol en los años 70



Una foto histórica que corresponde al año 1979, cuando la Liga de Fútbol de La Guajira fue trasladada a Maicao y el estadio San José era la sede de las selecciones del departamento en los torneos nacionales. 

Aquí podemos ver  a varios de los directivos del  Comité Pro-Liga, acompañados por el periodista deportivo Wilfrido Enrique Solano. 

Aparecen, de izquierda a derecha, las siguientes personalidades: 

Josué Fonseca Ortiz,  hijo del pastor evangélico Mariano Fonseca médico veterinario, quien más adelante sería alcalde de Maicao, Actualmente trabaja en la Secretaría de Desarrollo Económico, en la Gobernación de La Guajira. 

Leonardo Garnica, comerciante, dirigente deportivo para la época, fundador y propietario de la Papelería Maicao. Actualmente está dedicado a sus negocios en Bucaramanga y Maicao. 

Juan López Ibarra ("Juancho López"): futbolista, entusiasta dirigente deportivo y comerciante en el sector farmacéutico. Combinaba su labor como propietario de Droguería Holanda con sus actividades de directivo de la liga. 

Wilfrido Enrique Solano:  periodista deportivo de Radio Península.  Ha trabajado en todas las emisoras de Maicao, tiene una gran elocuencia y es dueño de un cuidadoso lenguaje poético. Desde 2016 dirige la sección de deportes del Informativo de la Frontera en Frontera Stéreo 89.1

Hernando René Urrea Acosta:  presidente del Comité Proliga, posteriormente fundó la Junta Municipal de Deportes. Fue presidente de la Liga de Fútbol de La Guajira y de la División Aficionada del Fútbol colombiano, Difútbol. Se le considera el más representativo dirigente del deporte guajiro en la historia. Pereció el 24 de julio de 1985 en un accidente aéreo al caer a tierra el avión en que viajaba de Leticia a Bogotá.  

En el momento de ese trágico suceso en el que también perdió la vida su esposa Alba Luz Tamayo, ejercía como presidente de la Difútbol. En homenaje a este dirigente se le cambió el nombre al estadio San José, que pasó a llamarse Hernando René Urrea Acosta.

viernes, 29 de mayo de 2020

¿Qué es la dote en el universo wayüu?

Ha habido un gran debate nacional a raíz de un programa en el que el humorista Fabio Zuleta de manera equivocada se refiere a la compra de mujeres de la etnia wayüu, en una equivocada interpretación del pago de la dote que se hace previo al matrimonio.

Para aclarar las dudas el investigador social Luis Guillermo Burgos nos explica el significado de la dote para la etnia más numerosa de Colombia


lunes, 18 de mayo de 2020

Una anécdota con cierto personaje misterioso

Escrito por: Alejandro Rutto Martínez


Un día de principios de enero del 2012  me posesioné, cargado de ilusiones, como secretario de educación municipal en Riohacha. Y un día de principios de octubre,  casi tres años después, me retiré, cargado de satisfacciones y con la agenda llena de números telefónicos de nuevos y buenos amigos. Por cierto, el día en que me retiré algunos profesores, compañeros de trabajo y estudiantes decidieron organizar un programa de despedida, en el salón Sierra Nevada del Centro Cultural. 
A mi llegada hice un recorrido por todo el salón para saludar a los centenares de asistentes. Había una delegación de cada uno de los colegios urbanos y centros educativos rurales colegio y eso me emocionó. 
A medida que avanzaba por entre la multitud de sonrientes estudiantes y cariñosos padres de familia, veía de soslayo a un caballero de negro que también se movía en el recinto. Saludé a los pupilos de la seño Rosa Cuentas del Liceo Padilla, a los tutores del programa Todos a Aprender, a los chicos del Denzil Escolar y a los profes de Kamuchasain. Y el señor de negro detrás de mí, como si quisiera guardar un recuerdo de aquel momento que, a mi modo de ver las cosas, era uno de los mejores de mi vida. 

Me contentó mucho al saber que también nos acompañaba una numerosa asistencia de Maicao, mi tierra amada y los abracé uno por uno. El señor vestido de negro estaba muy cerca. La gente me llamaba, me abrazaba y me decía palabras de mucho cariño y agradecimiento, de manera que no tenía tiempo de mirar hacia atrás para comprobar la identidad del misterioso y espontáneo acompañante. 
Lamenté no disponer de un espejo retrovisor u otro aditamento que me permitiera mirar disimuladamente hacia atrás. Sin embargo, ya faltaba poco para resolver el enigma. 

Al Terminar los saludos di media vuelta y ahí estaba la solución al misterio. Quien me había acompañado a hacer el recorrido era ni más ni menos que uno de los mejores amigos esos años de arduo trabajo me había regalado: monseñor Héctor Sallah Zuleta.    Con su sonrisa paternal y su vestido todo negro desde los zapatos hasta el cleriman. 

Me fundí en un abrazo emotivo y prolongado con una persona a quien aprendí a querer como un padre y de quien recibí los más sabios consejos durante todos esos años. Recuerdo que antes de cumplir las 24 horas en el cargo un amigo riohachero de esos que habla el antiguo idioma riohachero raizal me había visitado para entregarme, gratis,  un portafolio de buenas recomendaciones tales como "no deje que se le suba el cargo a la cabeza, ni se le ocurra peliá (sic) con el sindicato, visite los colegios pa'que se de cuenta lo que pasa allá y no se quede encerrao en las oficinas”  Por último, cuando ya se iba, se devolvió, hizo un gesto de que se le había olvidado de lo más importante y sentenció: "hágase amigo del obispo y esa vaina si le va a quedá difícil a usted que ni siquiera es católico". 

No me quedó difícil, monseñor es una persona  que aprecia el valor de la amistad y sabe querer  a quienes se esfuerzan. Durante muchos años sentí su afecto, incluso en los momentos de mayores dificultades, esos que nunca faltan en el sector educativo ni en ninguna otra área de nuestra convulsionada realidad. 

Monseñor me decía que me consideraba un hombre de Dios y se lo agradecí. En los momentos más duros de mi vida personal como aquellos en que mi esposa enfrentó una dura enfermedad, lo llamaba para que orara por ella. Él, generosamente lo hacía, pero además, me invitaba a su despacho para orar también por mí, para que Dios me permitiera tener la serenidad y la fortaleza necesaria para transmitirle a ella y a mis hijos. 

Pude conocer su faceta humana, explorar por los rincones de su historia pre clerical, y disfrutar de las  anécdotas encantadoras y  maravillosas de su juventud entre las cuales se encuentran varias travesuras colegiales en las que fueron protagonistas él y su hermano gemelo. 

Hace un tiempo supimos de la renuncia de monseñor a su cargo, pero había pasado tanto tiempo sin que el Vaticano se pronunciara, que ya hasta pensábamos que lo íbamos a tener siempre en el cargo de máximo jerarca de la diócesis. Pero  al conocer que ya ha sido nombrado su sucesor y que éste se posesiona dentro de pocos días, me asalta la angustia existencial, que según me contó, lo había invadido a él cuando supo de mi renuncia unos años atrás. 

Ese día de principios de octubre, mientras lo abrazaba, pude sentir los latidos de su propio corazón y por un momento tuve la sensación de que era mi propio padre, quien hace varios años había viajado hacia la eternidad.  

Mientras nos decíamos  palabras amables le pregunté por qué su riguroso vestido de negro, como si estuviera de luto, me dio una respuesta que me dejó mudo: estoy vestido de negro porque usted se va para su Maicao y será difícil verlo de nuevo. 

La verdad que la amistad nunca se interrumpió y Dios nos dio siempre nuevas oportunidades de volver a vernos. Pero ahora el que tiene angustia existencial soy yo. No tengo camisa negra pero he comenzado a sentir un nudo en la garganta que solo se me alivia al pensar que mi amigo le servirá a Dios donde quiera que esté y a donde quiera que vaya irá siempre encendida la llama de la amistad

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