lunes, 11 de mayo de 2015

Los murmuradores detestables

Autor: Hernán Baquero Bracho

 La murmuración es pecado, destruye con envidia y activa la maldad escondida en el corazón humano el deseo de dañar a los demás, robándoles el derecho a la intimidad, a la vida privada y a la honra. Un alto porcentaje de políticos, comerciantes, religiosos y gente del común pertenecen al club social de los murmuradores, expertos en hipocresía, trama y hacen planes para destruir al inocente, de apoyan en sus amigos y esparcen rumores con el fin de tomar ventaja sobre sus competencias. 

Los murmuradores son gente hipócrita y lisonjera, ingratos, traicioneros, sin piedad y esparcen comentarios males intencionados para acabar matrimonios, noviazgos, sociedades, amigos y familias: Realmente es gente detestable ante los ojos de Dios y no se quedan sin castigo. 

Dios aborrece la maldad escondida, los murmuradores son traicioneros, asesinos en potencia, no se andan con rodeos, sueltan su veneno con facilidad. No de desgaste con este tipo de personas, no hagas como ellos hacen, no es bueno entrometerse en asuntos ajenos, no dedicar tiempo a estas malas prácticas de la lengua. 

Andar con gente de fe nos ayuda a callar porque de las actitudes justas se agrada a Dios quien nos bendice con paz y bien. Dice Santiago en la Biblia “que no se critiquen unos a otros. El que habla mal del prójimo o se hace su juez, habla contra la ley y se hacen juez de la ley. Pero a ti, que juzgas a la ley, ¿te corresponde juzgar a la ley o cumplirla? Uno solo es juez: aquel que hizo la ley y que puso de salvar y de condenar. Pero, ¿quién eres tú para juzgar al prójimo?”. 

Más claridad y más severidad de la verdad del apóstol Santiago en su carta, nos deja a todos con un juicio severo de lo que es la murmuración y los murmuradores. Ahora aterrizando todo lo anterior y para ser más específicos en el departamento de La Guajira, esta plaga de murmuradores se encuentra irrigada en los cuatro puntos cardinales del departamento y de estos murmuradores no se salva nadie. Ahora que entramos en la época de la política para la elección de gobernador, alcaldes, diputados, concejales y ediles, esta gente detestable es la que más reina en la península. 

Los murmuradores tienen como terapia hablar mal de los demás y juzgar al prójimo y en este caso a sus contradictores políticos. Las esquinas de nuestros pueblos, los sitios de reuniones y los tertuliaderos se convierten en el pan de cada día y es más muchos de estos murmuradores a los primeros que le dan rejo son al del mismo movimiento político en el cual están militando. 

Claro como son lisonjeros, sapos y lagartos y con tal de ganar prebendas con el jefe o con el líder buscan cualquier manera de alcanzar méritos no importando que llevándose al otro con sus lenguas viperinas hacen un daño enorme a su misma campaña política y lo más grave más de una vez lo jefes les creen a estos murmuradores de marras. 

 El otro tipo de murmuradores y estos todavía se convierten en un mayor peligro para las comunidades, son los que murmuran y juzgan a diestra y siniestra a los otros contradictores políticos con bajezas y comentarios mal intencionados en todos los órdenes. 

 De ellos no se escapan ni los seres queridos, ni sus familias y mucho menos sus seguidores. Son los sátrapas del momento que con tal de tener una porción de mermelada de la política hacen lo que sea, inclusive le venden el alma al diablo y no se les escapa ni su mamá con tal de conseguir los objetivos que se propusieron pero no de manera correcta si no de una forma baja y rastrera. Los murmuradores son asesinos en potencia, no son felices, son ácidos, amargados y resentidos y para ellos el bien común se convierte en un catalizador, de un silogismo de no mentiras para que se genere una verdad.
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