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martes, 7 de julio de 2009

La cita

Por: Nuria Barbosa León

La cita fue acordada en el despertar de una mañana cálida de septiembre. El lugar: un parque habanero refugio de las parejas en las noches y sitio de ocio por el día. Los grandes árboles y el canto de los pájaros estructuran toda la escenografía donde Dania y Jesús dialogan.

Una cita idéntica ocurrió años atrás, ella iba con la esperanza de un renacer, él simplemente quería plantear las reglas del juego para el futuro.

La voz de Dania, con frases entrecortadas
- Te dediqué toda mi juventud y no concibo una separación.

Jesús queda en sus recuerdos. Su mente, en un reflejo de luz, trae a Yolaisis.
Yolaisis con sus 20 años y sus iniciativas para cambiar el mundo. Recién graduada de la universidad y ubicada en su oficina para recibir su período de adiestramiento laboral. La sonrisa, el saludo matutino, el chiste en doble sentido, las anécdotas de la cotidianidad fue el preámbulo para el acercamiento mutuo.

Dania llorosa en el parque, con el pelo batido por el aire y las canas sin teñir. Con la muda de ropa de lo cotidiano, con el rostro sin maquillar y las uñas comidas por el detergente. Reclama:

-- Quiero saber en qué me equivoqué

Jesús sabe que el error fue en apurar una maternidad antes de graduarse, en convivir con los padres deseosos de no intervenir en la familia de los hijos pero tomando decisiones que no le correspondían. Matrimonio de jóvenes ávido de esparcimiento y condensado en la vida hogareña. Esa explicación no era necesario expresarla. Atinó a decir:

--Necesito que hablemos de Tonito. Quiero que el horario de visita sea el sábado en las tardes.

Dania entonces pensó en el noviazgo iniciado por las conversaciones en la Universidad. Las salidas improvisadas al campismo, el encuentro en las fiestas y la aceptación del grupo por una nueva pareja. Ahí fue concebido Tonito y ante la sospecha del embarazo Jesús propuso una conversación familiar con una boda prometida.

El Período Especial del año 1993, en Cuba, hizo que se rompieran las reglas, era necesario pensar en cómo ahorrar para surtirse de todos los ingredientes para un nacimiento. Incógnita resultaba comprar la tela antiséptica de los culeros o los primeros zapatos. Conseguir el jabón de lavar y buscar la malanga era algo así como ir al campo y hacer un trueque poco entendido: Una caja de cigarro valorada en 30 pesos por una lata de malanga o un racimo de plátano. Historia que se repitió hasta que se abrió el mercado libre campesino y se despenalizó el dólar.

Tonito nació sano y robusto como todos los niños cubanos, sus padres fueron capaces de ir en bicicleta hacia las afueras de la ciudad para que la comida no faltase pero se alejó la posibilidad de una playa o una excursión. Todo se resumía en tener para comer.

Jesús vio las puertas abiertas cuando pudo colocarse como empleado del ministerio. Convenció a Dania que en ese lugar había posibilidades de viaje al exterior y un cambio para la familia. Su sueño siempre fueron una vida cómoda, un auto y una casa de lujo. Dania pospuso sus intereses de superación y se mantuvo en un puesto que sólo requería de seis horas de ocupación, no era necesario muchos conocimientos y si habilidades para entregar los planes en tiempo y que cumplieran con las exigencias del Organismo Superior. Su mayor deseo era regresar a la casa lo más temprano posible para dedicarse al cuidado de su hijo. No se dio cuenta cuando le llegó la primera cana, su vientre se hinchó por el sobrepeso y su rostro perdió el brillo juvenil.

--¿Es suficiente para ti un solo día a la semana?—interrogó Dania—Piensa que yo haré mi vida y otro hombre ocupará tu ausencia. ¿Eso es lo que deseas?
Jesús desea tiempo con Yolaisis, quiere disfrutar de ella sin esconderse. Ansía tomarla de la mano a la vista de todos. Que le permitan vivir en su casa. Despertarse cada mañana embriagado por el perfume juvenil de un cuerpo lleno de caricias. Hacer locuras como besarse en plena calle o fornicar en una playa. Apetece una linda mujer a su lado.

Al producirse el divorcio, Dania se sumió en la angustia, sus diálogos relataban el problema de la separación matrimonial, la comida le dio asco y el sueño desapareció, el dolor y la tristeza la rondaron. Un día, sin saber cómo ni en qué momento, se dedicó más a su profesión y obtuvo éxitos reconocidos socialmente. La creación de un software didáctico para el manejo de la información era el reclamo de empresas del exterior.

Hoy regresaron al mismo parque, después de varios años de distanciamiento. Jesús no sabía con certeza el motivo de la cita. Ella acudió convencida que hablarían del hijo. En el encuentro, Jesús descubrió a una mujer adulta. No era belleza, no era juventud, no era gracia femenina, era la unión de todas esas cualidades.
Jesús en cambio, tenía una vida en común con Yolaisis y otro hijo. Al mirar detenidamente a Dania, le propuso:
--Hablemos de nosotros

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