jueves, 16 de febrero de 2017

Wilmer González Brito, una bendición para la sociedad


Escrito por: Alejandro Rutto Martínez





Primeros pasos

En la década de los noventa, un poco después de terminar sus estudios universitarios en los que obtuvo el título de Ingeniero Civil, Wilmer GonzálezBrito fue nombrado Secretario de Planeación en Uribia, su tierra natal. Preocupado  y sorprendido por los altos costos de los materiales empleados en las obras que se construían con recursos de municipios, emprendió personalmente el viaje a Maicao a través de una destartalada y polvorienta trocha que comunicaba al pueblo con la ciudad de la frontera, en donde estaban localizadas las ferreterías más importantes de la región.   

A su regreso a casa tenía dos cosas muy claras: la necesidad de ejercer mayor control a la contratación pública para evitar los sobrecostos y la prioridad de construir la carretera entre Uribia y Cuatro Vías para que sus paisanos pudieran viajar tranquilamente hacia el resto de La Guajira sin terminar con el cabello marrón o amarillo por los efectos del polvo.

Eficiencia en la administración pública

La vida le dio la oportunidad de cumplir con sus dos deseos. En adelante la plata de las obras públicas rendía más porque el joven secretario no se dejaba meter cuento de los contratistas veteranos. Con su firma sólo autorizaba  aquellos pagos que se ajustaban a los costos que él bien conocía gracias a sus propias investigaciones.

La carretera: un propósito cumplido

Su otro deseo pudo hacerlo realidad unos años después cuando el pueblo lo escogió como alcalde por elección popular. Construir la carretera se había convertido en una obsesión y para lograrlo tendría que superar duros obstáculos. En una ocasión un funcionario de alto nivel en Bogotá trató de desanimarlo al decirle “Usted cómo cree que va a conseguir esa carretera viniendo a mi oficina, así, sólo, si nadie lo ha podido conseguir antes”.

Pero el alcalde siguió guerreando de manera que unos meses después de iniciado su mandato ya se escuchaba el rugido de las máquinas y las voces de los ingenieros y de los obreros, quienes trabajaban sobre el terreno casi árido de la península para trazar la cinta de asfalto que le cambiaría la suerte a la capital indígena de La Guajira.

Con el dinero asignado y con los ahorros de costos, en los cuales Wilmer era experto desde sus tiempos de secretario, pudieron pavimentar un poco más de los kilómetros contratado inicialmente. Para una persona con otra jerarquía de valores esos ahorros se hubieran convertido en una ganancia personal, pero no así para un alcalde cuyo propósito era lograr que su pueblo saliera del aislamiento al que había estado sometido durante décadas.

La carretera lo catapultó en la pirámide de las preferencias ciudadanas en las que pasó a ser considerado como el mejor alcalde en la historia de la antigua capital de La Guajira.

De Uribia al Capitolio

No volvió a ser alcalde pero su imagen siempre estuvo fresca en el inconsciente colectivo y un día aceptó la propuesta de ser candidato a la Cámara de Representante como segundo renglón en la lista que encabezaba el ex diputado Eloy Segundo Hernández.   

La amplia votación obtenida en las alecciones de marzo del 2002 por el equipo de Eloy Segundo, Wilmer y otros reconocidos líderes los convirtió en una de las fuerzas políticas más importantes del nuevo siglo. Unos meses después de su posesión, el representante Eloy Segundo Hernández falleció y, en consecuencia, Wilmer González asumió como congresista titular y se convirtió en uno de los más férreos defensores de los intereses de La Guajira y en protector del estado Social de Derecho.

En el año 2006 encabeza la lista a la Cámara de Representantes por el partido Liberal y obtiene una victoria contundente, lo cual le permite permanecer en el Congreso de La República para proponer y aprobar las normas que consolidarían la Zona de Régimen Aduanero Especial de Uribia,  Manaure y Maicao y le permitiría al departamento la obtención de importantes recursos provenientes del Fondeg.

Su oficina se convirtió en un consulado de los funcionarios, alcaldes y líderes guajiros de paso por Bogotá en sus gestiones ante las entidades del Gobierno Central. Pero no era sólo la oficina, porque el parlamentario uribiero siempre tenía la mejor disposición para acompañar sus coterráneos en las citas con el presidente, los ministros y los directores de institutos descentralizados.

Terminada su labor de parlamentario regresó a desempeñarse en el sector privado y a estrechar los lazos con su familia, reconocida por su unidad y vocación de servicio frente a las más nobles causas sociales.

Hora de pensar en la profecía

Durante la época de su temporal retiro de la vida pública siempre hubo a su lado alguien que le recordara el anuncio que muchos años antes le hiciera una mujer poseedora del don de la profecía: “Usted va a ser Gobernador de La Guajira, no se le olvide, Gobernador de La Guajira.

En 2014 hubo elecciones atípicas para escoger a quien gobernaría el departamento durante 18 meses y Wilmer González se postuló como candidato, creyendo que era el tiempo de Dios para que se cumpliera lo anunciado, pero los resultados no se dieron en esa ocasión.

Todo en el tiempo de Dios

¿Qué había sucedido? ¿Se trataba de una falsa profecía o aún no había llegado el tiempo de Dios?
Wilmer, que ya era miembro de la iglesia Evangélica Misión Familiar Cristiana, invitó a su esposa Laura a una consejería con los pastores Luis Mejía y Evelin Zapata, quienes fueron enfáticos al decirle: “Dios cumple Su Palabra, pero la cumple en el tiempo de Dios”.

En el año 2016 hubo de nuevo elecciones atípicas y Wilmer González escuchó nuevamente la voz de aquella dama que aún retumbaba en su consciencia y en su Espíritu. Por eso consultó de nuevo a los pastores, quienes lo animaron a inscribirse nuevamente como candidato pero le hicieron una firme advertencia:   “Hermano Wilmer, haga la campaña de acuerdo con la estrategia de Dios y no al estilo del hombre”.

Una campaña particular y austera

En obediencia a esta orden la campaña fue muy particular. El ritmo y el método del candidato llevaron a los asesores a preocuparse porque no se estaba cumpliendo con el libreto fijado: No se hacían mayores esfuerzos para recaudar fondos, no se le daban esperanzas falsas a la gente,  no se programaban reuniones con algunos miembros de la clase política, no se ofrecían puestos ni contratos ni ayudas económicas.

En algunas ocasiones el candidato llegó al colmo de cancelar las reuniones que su equipo le había programado y sólo daba una extraña razón para ello: “El espíritu no me dice que yo vaya a esa reunión”

Así las cosas en los comandos del Nuevo Tiempo para La Guajira hubo una frase que se puso de moda: “Sólo un milagro permitirá que ganemos las elecciones”

Y el milagro ocurrió el 6 de noviembre.  Wilmer González obtuvo nueve mil votos de ventaja sobre el candidato con la segunda votación y se convirtió en el nuevo Gobernador de los guajiros.

Un Gobernador diferente para un Nuevo Tiempo

Cinco días después de las elecciones la plaza de su tierra natal fue ocupada por miles de Guajiros que llegaron desde los más remotos pueblos y rancherías para asistir a la posesión de un mandatario que había devuelto la credibilidad y las esperanzas a su tierra.
Desde esa misma noche comenzó a gobernar y a recuperar la institucionalidad en maratónicas jornadas de trabajo que normalmente se inician a las cinco de la mañana y se extienden hasta la una de la madrugada.

Durante este tiempo, siempre con una sonrisa fresca y una mirada fraterna, el Gobernador atiende a los comerciantes de Maicao, al alcalde de La Jagua, a los estudiantes de la Universidad, a los presidentes de las multinacionales, a las autoridades tradicionales, a los jugadores del equipo de rugby, al obispo de Riohacha y a todo el que necesite hablar con él. 
Gobierna desde su despacho en el Palacio de la Marina y nunca se le ha visto escondido de la gente en reuniones secretas por allá en las fincas de las afueras de la ciudad o en las oficinas prestadas de los amigos.

En tan sólo 97 días de administración Wilmer González hizo importantes giros a la Universidad de La Guajira, recuperó la institucionalidad, recompuso las relaciones con la Asamblea Departamental en donde se le han aprobado 9 importantes proyectos de ordenanza, visitó ministerios, reclamó más recursos para La Guajira, estructuró el Plan de Desarrollo y, lo más importante, recuperó la confianza de la Gente.

Por todo lo que ha ocurrido y por lo que La Guajira sabe que puede esperar de su Gobernador, por su amor a los más necesitados y por su seriedad, se puede afirmar con seguridad y confianza que Wilmer González es una bendición para la sociedad.



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